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Un tiempo tuve chófer. Vale la pena. Te libras del rollo de buscar sitio para aparcar, la ORA, las gasolineras en prepago, juegas con la Blackberry sin que te quiten puntos y no te preocupa el tráfico porque vas cómodamente leyendo el Financial Times. La pega es que no te enteras de muchas cosas de ahí abajo.
Es uno de los problemas de nuestros gobernantes. Sólo viajan en metro en las inauguraciones, en la cabina del conductor y con el resto del vagón lleno, sí, pero de guardaespaldas y periodistas. Tampoco me imagino a la Sra. Fernández de la Vega o al Sr. Chaves, o a los Sres. Camps o Montilla, por repartir y por un decir, empujando el carrito del super. Seguro que ahí también llevan chófer. Por eso se enteran de poco y van y fomentan cosas como la del estosololoarreglamosentretodos.org.
Pero no se preocupen que no les voy a aburrir con otro discurso sobre ese tema. Solo diré que la iniciativa me parece, como mínimo, una distracción más frente a los problemas a los que nos enfrentamos.
Pero como quiero ser constructivo les voy a ofrecer una alternativa. Como yo sí que voy al super, hoy entre la leche y las alcachofas me he quedado mirando una estantería y de repente he visto la verdadera solución a nuestro estado de ánimo: http://www.atiborrensetodosdechocolate.org. ¡Menos monsergas y más energía!. Y el chocolate reúne todas las condiciones. Veamos:
• Es anti-oxidante. No como el «3 en 1», que simplemente lubrica pero el óxido se queda. El chocolate de verdad quita el óxido. Todos estos problemas que tenemos con los mayores que se niegan a seguir trabajando, los muy rácanos, desaparecerían porque las articulaciones sin óxido estimularían a la gente a moverse y a producir más de forma natural. No habría que obligarles, ¡nos pedirían seguir en el tajo!
• Es afrodisíaco, lo que contribuiría a eliminar las preocupaciones nocturnas sobre el recibo de la hipoteca que nos cae mañana. Y además fomentaría la natalidad, que tanta falta nos hace. Un indeseable efecto secundario es que dicen que muchas mujeres en realidad prefieren el chocolate al sexo, pero tal vez sea un precio a pagar mientras amaina la crisis (por si acaso, procuren mantener el chocolate a buena distancia de la cama)
• Por su contenido en teobromina, estimula las funciones cerebrales. Seguro que un buen primer paso para que entendamos que la vida nos la tenemos que resolver nosotros, con preferencia a pedir que nos la resuelvan.
• Y por el de feniletilamina tiene el efecto de hacernos ver la vida de color de rosa y eliminar el estrés. Ya no hará falta escuchar discursos presidenciales.
Todo lo anterior son ventajas concretas, no buenas intenciones, por lo que propongo la puesta en marcha inmediata de un plan de fomento del consumo de chocolate y para ello:
1. Todos los contribuyentes recibirán con su borrador de la declaración de la renta un talonario de cupones con los que podrán recoger de su oficina de correos una pastilla de chocolate cada mes, hasta que la cosa mejore.
2. En la lucha contra el fraude que Hacienda propone, todas las notificaciones de inspección o sanción vendrán acompañadas de una pastilla de chocolate extra –de adicional y de bueno-, lo que sin duda aminorará el cabreo correspondiente y hará entender mejor eso de que “Hacienda somos Todos”. Punto org.
3. Se abrirán chocolaterías de guardia que repartirán chocolate en horas en las que no hay forma de desahogarse bien por otros medios o arreglar cosas con otros. La última semana de cada mes, cuando muchos sueldos estirados se hayan roto, todas las chocolaterías permanecerán abiertas las 24 horas (las porras se pagarán aparte).
4. Equipos de voluntarios repartirán tabletas de chocolate en las colas del INEM. Esto será costoso, pero la protección social es un objetivo prioritario.
5. Se propondrá a Chocolates Valor, líder nacional de producción, que cambie el nombre de sus tabletas, que pasarán de llamarse simplemente “Valor” a “¡Valor!”. Ese pequeño énfasis exclamativo introducirá, de una forma muy económica, un cambio semántico que en estos momentos nos parece imprescindible.
Finalmente, como todo el chocolate que se utilice en esta campaña será de producción nacional, pronto nuestras empresas podrán medirse con Nestlé, Lindt y otras multinacionales y habremos creado, casi sin darnos cuenta, mientras arreglamos la crisis entre todos, una industria global de beneficios indudables, como la de Charlie.
Tomé un taxi en el aeropuerto de Frankfurt hacia Wiesbaden. Algo más de media hora en la oscuridad, así que tuve ocasión de charlar un rato con el taxista turco. En cuanto le dije dos palabras en mi rotoso alemán se dio cuenta de que yo era español y me confió que había tenido una novia granadina: “todo fue bien hasta que mi futura suegra se enteró de que yo era musulmán, ahí se acabó todo…”
Si pudiésemos medir sobre una escala el aprecio de la sociedad española por el mundo islámico, la aguja estaría en algún punto entre la ignorancia y el recelo, la indiferencia y la hostilidad. A la poca simpatía histórica se han unido en la última década los atentados terroristas del 11-S y el 11-M, que en la psique social han dejado una huella difícil de borrar. Y lo que seguimos escuchando es la violencia de sus conflictos, mezcla de cuestiones tribales-étnicas, religiosas o territoriales. Mejor quedarse al margen, dicta la prudencia. De ahí la reacción suiza con las mezquitas y el fomento de la exclusión.
Pero la realidad es que vamos a tener que vivir con nuestra vecindad con el mundo musulmán. Desde el año 2.000 nos llegan desde Marruecos entre 50.000 y 100.000 inmigrantes por año, entre 1.000 y 2.000 cada semana. Si en aquel año teníamos 200.000 marroquíes con permiso de residencia, ahora iremos por los 800.000, ilegales aparte. ¿Problema u oportunidad?
A corto plazo, en un país con más de cuatro millones de parados, mucha gente cree tener claro que seguir sumando inmigrantes que compiten con los locales en un mercado laboral en contracción, es un problema. Y además los inmigrantes demandan servicios, más problema.
¿Respuesta?: rechazo.
¿Y en el medio y largo plazo? Ahí ya es más difícil de juzgar la cosa. Si mezclamos por ejemplo el tema de las pensiones, el sentimiento es que la gente no quiere trabajar más años. Pero para eso hacen falta jóvenes que reemplacen a los que se jubilen. Y la situación europea –y España no es excepción sino ejemplo- es que perdemos constantemente población en edad de trabajar (15 a 64 años). Unos 25 millones en 25 años. Y mientras Europa perderá 25 millones, los países del MENA (*) ganarán unos 150 millones. Es lo que se denomina el “youth bulge”. Mientras la pirámide poblacional europea se ensancha por arriba, la de nuestros vecinos se ensancha por el centro. Complemento ideal, en teoría.
Una parte sustancial de esos 150 millones de personas, que es previsible que no encontrará suficientes oportunidades en sus países, emigrará. Así que por más rechazo que se produzca, la marea va a seguir subiendo.
¿Respuesta?: integración, respeto mutuo a las costumbres –religión incluida-, ayuda al desarrollo social en origen, política exterior inteligente, activa y equilibrada –en el conflicto de Israel y Palestina en particular-, cooperación. Parte esencial del problema es que el fundamentalismo anti-occidental, anti-americano, sigue cocinándose de forma permanente en madrasas y mezquitas. Y la única forma de evitar que siga aumentando va a ser la elevación de esas sociedades hasta que comprendan por sí mismas que la solución a sus problemas propios, traducidos en odio contra Occidente, no son las bombas. Y que se conviertan así en nuestros clientes, en lugar de nuestros adversarios.
Thomas Friedman en su libro Longitudes and Attitudes, analiza la génesis del grupo de terroristas que atentaron contra el World Trade Center. Esa gente eran mayoritariamente saudíes que estudiaron en Europa. Su falta de integración en la sociedad europea les llevó a refugiarse en mezquitas en las que el mensaje regular era el odio a “los infieles”. Leo que en España casi el 25% de los marroquíes visitan su mezquita a diario. Y también leo que España es el país de Europa donde los marroquíes se consideran peor integrados y más discriminados. Algo a pensar.
«My philosophy is that when I go out of my room, I’m prepared to love everybody I meet, unless they’re bad. If they’re bad, I’m prepared not to love them and to dislike them independently of the fact if they’re Jewish or they’re Black or White or Christian or Muslim” (“Mi filosofía es que cuando salgo de mi habitación, estoy dispuesto a amar a todo el mundo, a menos que sean mala gente. Si son mala gente, estoy dispuesto a no amarles y a que me disgusten, independientemente de que se trate de judíos, o sean negros, blancos, cristianos o musulmanes). Omar Shariff sobre la película “Monsieur Ibrahim”.
(*) MENA: Middle East and North Africa. Argelia, Bahrain, Egipto, Irán, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Omán, Territorios Palestinos, Quatar, Arabia Saudita, Sudán, Siria, Túnez, Emiratos Árabes Unidos y Yemen. Ver Emerging Demographic Patterns across the Mediterranean and their Implication for Migration through 2030, Philippe Fargues, Center for Migration and Refugee Studies, the American University in Cairo, Robert Schuman Centre for Advance Studies, European University Institute, Florence, November 2008.
– Vámonos a Shanghai y montamos allí un restaurante de comida china, ¡se van a enterar!…
– ¡Pero eso es ridículo! China está muy lejos y no hablamos chino.
– Pues China está igual de lejos viniendo que yendo y ellos tampoco hablaban español… ¿Por qué no intentarlo?
– Pues porque no tío, porque lo de encontrar trabajo tiene un límite.
– ¿Sí? ¿Tiene un límite? Lee el resto de esta entrada »
Una mañana temprana del invierno de 1984 tomé un avioncito Short, un 330 o un Skyvan, no recuerdo bien, pero en cualquier caso una especie de caja de zapatos con alas, para volar desde Luton, al norte de Londres, hasta Rotterdam. Hacía mal tiempo y llovía. El tamaño del avión me pareció escasillo para lo de cruzar el Mar del Norte, pero yo era ya para entonces un aeronauta curtido y los aviones nunca me han inquietado. Despegamos dando tumbos. Cuando tomamos altura aquello se convirtió en una batidora. Al rato y de repente… ¡crack!: chispazo y nos quedamos a oscuras, sobrevolando el mar gris en medio de la tormenta. La azafata salió de la cabina del piloto para anunciarnos viva voce que no nos preocupáramos, que «todo el problema era que nos había golpeado un rayo y nos habíamos quedado sin electrónica”. Sin radar por ejemplo. Así que el piloto daba la vuelta y nos volvíamos a Luton, y que ya que no teníamos radar, cuando estuviéramos sobre tierra seguiríamos una carretera que nos mostrara el camino de regreso al aeropuerto. Siempre me había preguntado hasta entonces el por qué los aviones llevan faros. Total que aterrizamos, entre camiones de bomberos, nos bajamos, nos ofrecieron otro avión, me monté y nos fuimos a Rotterdam, también con tumbos pero esta vez con éxito.
No negaré que sudé frío. Uno piensa cosas en esos momentos. Pero al mismo tiempo creo que es bueno conservar la calma, como el piloto debió hacer.
Ahora estamos un poco así. Dando tumbos, a oscuras y sin radar. Y vuelvo a sudar frío, Lee el resto de esta entrada »
Se mete uno en la web de la Comisión Europea y encuentra versiones disponibles en 23 idiomas, desde el español, francés o inglés al maltés, gaélico o eslovaco. Con 23 idiomas y la política multilingüe que por ahora apoya la Unión, hay que traducir del italiano al sueco, del neerlandés al polaco, y así hasta 506 combinaciones posibles. Una locura. Hay gente que se lo cuestiona, pero por ahora lo único que hacemos es pagar. Las últimas cifras que leo, de 2007, hablan de que la Unión Europea emplea a 3.400 traductores e intérpretes, con un coste de € 990 millones. Y me imagino que subiendo porque el papeleo no para de aumentar. Y por cierto, leo que el gobierno español paga por su cuenta la traducción entre español y catalán, euskera y gallego.
En España tenemos otras rozaduras (rashes, Anstreifen, frôlements) idiomáticas. Ya saben, no duelen duelen, pero molestan todo el tiempo, para las que no encuentro una tirita que me proteja. Que si hay que doblar el cine al catalán Lee el resto de esta entrada »
Invitaba ayer la señora Corredor a los promotores a crear empleo de calidad en el sector inmobiliario, entre otros medios a través de la rehabilitación.
Es cierto que hay un montón de trabajo a hacer. Nuestros cascos urbanos del centro de ciudad vienen años sufriendo de eso que los americanos llaman el urban sprawl, la migración de las parejas jóvenes hacia la periferia, en busca de vivienda nueva y asequible. El conseguir que la vivienda más antigua del centro urbano recupere su atractivo, incluyendo el alquiler, para ciertos segmentos de población es sin duda deseable.
Pero aceptada la buena intención, hay que afinar el tiro si realmente se quiere conseguir ese objetivo.
Creo que la promoción inmobiliaria y la rehabilitación son negocios distintos. Lee el resto de esta entrada »
Esta semana me he pasado un par de días por Suecia. En la industriosa Gotemburgo, que es donde tienen empresas como Volvo o SKF su base principal. Ya conocía la ciudad pero, aunque breve, me ha servido para renovar alguna experiencia, sobre aquella tierra y su gente. La verdad es que lo primero que he aprendido es que por allí en estas fechas hace un frío que pela, la gente esquía en los campos de golf, hacen carreras de coches en los lagos helados y siguen con su vida cotidiana con bastante normalidad ya hagan unos refrescantes 18º bajo cero o unos templados 6º bajo cero, que fueron los que yo disfruté. Grado arriba grado abajo según de dónde soplase el viento.
Y también he aprendido que las personas mayores no lo pasan muy allá, porque las aceras heladas son una amenaza bastante general Lee el resto de esta entrada »
Sube la vivienda. No se asusten o no se ilusionen, depende de qué lado estén: no es aquí. Es en China. De vez en cuando le echo un vistazo al China Daily, ventajas de Internet. Le ayuda a uno a ganar en perspectiva. Aunque hay frases que son iguales en chino, en inglés o en español: “francamente, no me puedo permitir casarme si eso significa que me tengo que comprar un apartamento” (Soaring house prices, headache for single chinese, China Daily, 12-1-2010). Utilizan un índice por allí, que es los meses de ingreso para poder pagar un metro cuadrado de vivienda. En Beijing, 7 meses. O sea que en 10 años, dedicando toda su renta, tiene uno un apartamento de unos 15 metros cuadrados. O como diría Gila, “tiene cocinita, para freír huevos, uno”.
Los chinos han aterrizado en el capitalismo y tendrán que adaptarse, también a este problema. El gobierno chino está tomando medidas que incluyen limitar el crédito a los inversores especulativos y facilitárselo a los primeros compradores, pero ya veremos el caso que la banca de por allí le quiere hacer. Lo que sí parece cierto es que chinos y chinas andan estresados con el tema. O nos casamos sin casa, o sea nos hacemos un naked marriage, que así le llaman, y tenemos estrés porque no la tenemos, o nos compramos una casa usando los ahorros de los padres, nos hipotecamos con precios caros y nos estresamos igual, y además estresamos a padres y suegros. No me lo estoy inventando, los comentarios no son de aquí, son de Harbin, en Heilonjiang, la capital de China nororiental.
Ahora que aquí tenemos atascada la cosa pensamos que el problema es el precio de la vivienda y si la que hay baja el 10%, el 20% o lo que sea más. Pues no, el problema de verdad gordo Lee el resto de esta entrada »








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