sender_ramon 2[Noviembre 2012] En la Vida de Ignacio Morel, Ramón J. Sender [1969, 260 p.] La verdad es que Sender es un escritor al que nunca he estado próximo y aquí por casa he tenido dormitando la primera parte de Crónica del Alba de los años cuarenta, Réquiem por un campesino español, de los cincuenta y Jubileo en el Zócalo, además de ésta a la que ahora me refiero, de los sesenta.

Sender fue extraordinariamente prolífico y al empezar a conocerle a través del libro por el que le dieron el premio Planeta tal vez no le he hecho justicia. En la Vida de Ignacio Morel es una novela psicológica, que abarca unos días de la existencia de un profesor de instituto afincado en las afueras de París. Hijo de emigrantes españoles, vive solo en una habitación alquilada en casa de una familia burguesa. Sus inquietudes son obtener fama como escritor y completar su vida amorosa, más allá de romances ocasionales. Se llega a obsesionar con Marcelle, una mujer casada a la que seduce con consecuencias trágicas.

Su casi única relación amistosa, o de amor-odio es con Darlbeida, un inmigrante argelino de vida desordenada, pero radical en sus principios y cuya opinión, en creación literaria o relaciones amorosas, Morel valora. Con sus caseros, especialmente con la esposa y con el criado se apuntan relaciones que se quedan en secundarias.

A estas alturas de su vida, Sender era obviamente un escritor más que ducho y la novela se deja leer. La relación, más que romance, con Marcelle está bien traída y la descripción de la vida provinciana francesa de esa época de la posguerra no carece de interés. Pero al libro, en mi opinión, le falta profundidad y mejor definición de personajes. La “obra dentro de la obra”, con Güendoline como protagonista, sobre la que Morel plantea sus ambiciones literarias y que abarca bastantes páginas, carece de sentido y credibilidad como objeto de creación.

He leído sobre el paralelismo de Sender y Arturo Barea en cuanto a ser los mejores representantes de nuestros escritores del exilio republicano y su reflejo de su España contemporánea. Miraré la “Crónica del Alba”, a ver si es verdad que se confirma el paralelismo. Por ahora Barea va ganando.

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