[Oct-2012]The Rosetta Stone and the rebirth of Ancient Egypt, John Ray [2007, 199] La verdad es que poco, casi nada, he estudiado o leído sobre la historia del antiguo Egipto, más allá de algunos reportajes del National Geographic, lo que intentaran enseñarme en bachillerato o las películas de Indiana Jones. De turista, he visitado numerosos museos y siempre he pasado por el tema en plan accidental, no más allá de admirar las pinturas de los sarcófagos y con una vaga sensación de contemplar piedras muertas sin gran interés. Confieso que me arrepiento de mi falta de sensibilidad histórica.

En el Museo Británico, “pasé por delante” de la Piedra de Rosetta, sin entrar a fondo en su significado. Años más tarde, en el Museo del Louvre, pude contemplar el Código de Hammurabi, que me impresionó más, tal vez por su aspecto monumental o porque su contenido me pareció, sin pensar demasiado, más relevante para la historia de la civilización. Pero la verdad es que las dos piedras son importantes y seguramente, puestos a comparar, la Rosetta gana por ser la llave de acceso a la interpretación de los textos de la civilización más antigua.

La Piedra de Rosetta

Código de Hammurabi

Me debió quedar la mala conciencia, porque hace 4 ó 5 años compré un libro sobre la Rosetta en una de las librerías que dan frente al propio Museo Británico. Éste que ahora comento. John Ray, profesor de Egiptología de la Universidad de Cambridge, narra el descubrimiento –por un oficial del cuerpo expedicionario de Napoleón- y la trascendencia de esta estela para la historia de la escritura, para poder descifrar los jeroglíficos y, como consecuencia, para poder conocer buena parte de la cultura y civilización del antiguo Egipto.

El libro es interesante, por más que la Egiptología es una ciencia que es difícil contemplar como mero aficionado. Ray habla, de una parte, de los responsables de descifrar la Rosetta –Jean François Champollion principalmente y Thomas Young como precedente-, del aspecto clave de la estela –contener el mismo texto en tres idiomas, jeroglífico, demótico y griego- y de los derechos de propiedad sobre este tipo de objetos –el debate de los mármoles de Elgin del Partenón-. El conjunto es un poco enrevesado y esta última parte, a la que el autor regresa de forma recurrente, probablemente podría haberse omitido sin que el libro perdiese.

Al final el tema es de tal relevancia para la historia de las civilizaciones, de las que la Egipcia y su lenguaje ha sido la más longeva, que en este libro u otros, no debería uno obviarlo a lo largo de su vida. Interesante el hecho de que al haberse descifrado la Rosetta de forma tan tardía (1822), buena parte de la historia de Egipto ha llegado hasta nosotros sin pasar por la censura de los copistas de la Edad Media. Y curioso que una de las cuestiones que la propia Piedra de Rosetta incluye, sea el agradecimiento de los clérigos al rey Ptolomeo por no subirles los impuestos… ¡No pasan los años!

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