[Jul 2010] Kepler, Arthur Koestler [1959, 181p] De las muchas lagunas de ignorancia que llenan mi cerebro, ésta de las Leyes de Kepler, que únicamente estudié de pasada en bachillerato, era una de las extensas. Y asimismo la evolución de la Astronomía y su relación con la Astrología y la Teología a lo largo de los siglos XVI y XVII. Muy interesante la interrelación y evolución del conocimiento desde Copérnico a Tycho Brahe, Galileo y el propio Kepler, que se queda a un paso de la Ley de la Gravedad de Newton. Entender la dinámica del Sistema Solar y el movimiento de los planetas y la llegada de la Física como rectora de los principios del Universo resulta iluminador y está tratado con amenidad. Koestler, por otro lado, tiene el mérito de dibujar muy bien el lado humano de Kepler y fundamentar el genio en una mezcla indisoluble de investigación y persistencia con la chispa de la intuición en pasos trascendentales que se han dado y probablemente se seguirán dando en el avance de la ciencia. Que Kepler llenara novecientas páginas de cálculos, a lo largo de varios años, sin ordenador ni calculadora, para llegar a su Primera Ley demostrando que la órbita de Marte era elíptica y no circular, mientras a su alrededor se le morían hijos o pasaba miserias, te hace sentir solidario con su trabajo a través de las sombras del tiempo.

Esta biografía de Kepler forma parte de la obra “The Sleepwalkers” (“Los Sonámbulos”), en la que Koestler, al estudiar la Astronomía desde la antigua Mesopotamia a Isaac Newton, sostiene que el descubrimiento científico no es totalmente racional, sino un proceso abordado por el investigador sin poder sustraerse totalmente a creencias históricas o pensamientos subjetivos en los que vive sumergido. Como tampoco es un proceso de descubrimiento de algo que se sabía que existía y finalmente se encuentra, sino que “el propio descubrimiento ha de ser descubierto”, o el científico tiene que encontrar entre sus conclusiones aquéllas que son realmente trascendentes para el progreso de la ciencia. Kepler resulta un caso claro de ello.

The history of cosmic theories can be called, without exaggeration, a history of collective obsessions and controlled schizophrenias, and the manner in which some discoveries have been made resemble the conduct of a sleepwalker, rather than the performance of an electronic brain. (Arthur Koestler)