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“My other piece of advice, Copperfield, you know. Annual income, twenty pounds; annual expenditure, nineteen (pounds) nineteen (shillings) six (pence); result, happiness. Annual income, twenty pounds; annual expenditure, twenty pounds ought and six; result, misery” -Mi otro consejo, Copperfield, ya lo sabes. Renta anual, veinte libras; gasto anual, diecinueve libras, diecinueve chelines y seis peniques; resultado, felicidad. Renta anual, veinte libras; gasto anual, veinte libras y seis peniques; resultado, miseria-. Charles Dickens, David Copperfield.

Fue hace treinta y cinco años cuando supe por primera vez lo que era una tarjeta de crédito. El Banco de Bilbao adquirió la distribución en España de Barclaycard y a mi me tocó cargar con tarjetas de muestra, recibos y bacaladeras e ir de tienda en tienda explicándole a los tenderos de Játiva en que consistía el nuevo sistema y sus “ventajas” para ellos y sus clientes. Poco adivinaba yo la revolución que se estaba montando.

Sin que yo me diera la verdad mucha cuenta, en los cuatro años previos se había iniciado un cambio trascendente en la banca española. Hasta final de los años sesenta la banca se dedicaba sobre todo a financiar a las empresas en sus necesidades de circulante, vía líneas de crédito o descuento de papel comercial –mayormente a su vez entre empresas- y las facilidades para el comercio exterior –créditos documentarios financiados, crédito a la exportación-. Ya he dicho que no había créditos hipotecarios. Y así había sucedido desde la Edad Media, como nuestros colegas del Monte dei Paschi di Siena están orgullosos de pregonar. El crecimiento de la liquidez internacional que se produjo a partir del inicio de los setenta –Nixon suprime la convertibilidad del dólar en agosto de 1971- creo yo que trajo entre otras consecuencias el despegue del crédito al consumo como producto bancario básico. La banca necesitaba “colocar” y rentabilizar un dinero cada vez más abundante. Hoy cabe dudar de si las consecuencias han sido del todo positivas.

Tomando un poco de perspectiva sobre cómo evolucionan nuestras necesidades económicas con los años, yo diría que normalmente podemos dividir nuestra vida en cuatro grandes etapas de más o menos 20 años cada una:

1. Infancia y juventud. Somos dependientes de nuestros padres que, en el caso más deseable, nos alimentan, equipan –vestido, calzado, móvil, portátil, botellón…- y educan a su costa.
2. Edad adulta. Trabajamos, buscamos la independencia económica, formamos una familia y adquirimos los bienes para ello. Educamos a nuestros hijos si los tenemos. Nos endeudamos.
3. Edad madura. Seguimos trabajando. Hemos criado y educado a nuestros hijos, que se van independizando y ello nos permite reducir nuestro coste de vida, pagar nuestras deudas y ahorrar para la vejez.
4. Senectud. Nos jubilamos. Intentamos disfrutar el tiempo que nos queda y vivir de nuestros ahorros.

En ese proceso se suelen producir variadas disfunciones. A veces los padres no pueden mantener a sus hijos como querrían; a veces en la edad adulta sufrimos agobios económicos incluso teniendo trabajo, sin trabajo no digamos; a veces en la edad madura no somos capaces de desendeudarnos o de ahorrar; a veces llegamos a la senectud sin suficientes ahorros y debemos seguir trabajando o reducir drásticamente nuestro nivel de vida. Todo ello guarda alguna relación con sobre-endeudarse para consumir.

Existe la extendida creencia de que el consumo es la base de la prosperidad, constantemente fomentada por la publicidad e incluso los gobiernos, porque cuando compramos bienes generamos empleos en el sistema productivo. Muchos de nuestros males, sin embargo, son consecuencia del consumo por encima de nuestras posibilidades. Y encima el Euro fuerte nos ha animado a hacerlo con productos importados, a costa de endeudarnos de forma creciente con otros países. Pues ha llegado el momento de empezar a eliminar las tarjetas de crédito y gastar lo que tenemos. O lo hacemos u otros lo harán por nosotros. Pese a los más de ciento cincuenta años trascurridos, creo que Mr. Micawber sigue teniendo razón.

En Estados Unidos la pelota de pérdidas por incobrables de tarjetas de crédito anda entre los 70.000 y los 140.000 millones de dólares para 2.009 y 2.010. American Express y Citibank, que estudian y divulgan estas cosas, descubren la alta correlación de la tasa de desempleo con la morosidad de tarjetas (8,9% desempleo, 8,7% morosidad incobrable estimada por American Express, ambos máximos de los últimos 20 años). Como consecuencia se estima que en 2.010 el crédito a través de tarjetas se podría reducir hasta en un 50%. ¿Qué pasará en España?

Correlación desempleo/morosidad tarjetas USA

Correlación desempleo/morosidad tarjetas USA

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What the cynics fail to understand is that the ground has shifted beneath them, that the stale political arguments that have consumed us for so long no longer apply (Lo que los cínicos no entienden es que el suelo se ha movido bajo sus pies, que los argumentos políticos rancios que nos han consumido durante tanto tiempo ya no son válidos). Barack Obama, 20 de enero de 2009.

Bueno, reconozco que el discurso de investidura del presidente Obama está bastante bien. En el mismo Wall Street Journal que lo leo hay un resumen sobre Estados Unidos que es útil para saber de dónde arranca este hombre. Desempleo, 7,2% (11,9% entre la población negra) y más cosas, pero lo que llama mi atención es un comparativo de cifras bajo diferentes presidentes y una tendencia especial: afiliación a sindicatos, 24,5% en 1977, 17% en 1989, 13,6% en 2001, 12,1% en 2007. Un descenso verdaderamente preocupante, supongo que sobre todo para los propios sindicatos.

¿Y cómo estamos en España? Pues la verdad es que no he conseguido enterarme todo lo bien que a mi me gustaría, porque salvo error los sindicatos no dicen ni pío. Ni UGT, ni Comisiones Obreras, ni USO dicen con cuántos afiliados cuentan. El Ministerio de Trabajo e Inmigración, sí que dice, a través de la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo (2007) que la afiliación total es del 15,8%. No veo datos de años anteriores. Pero sí hay algunas cifras más que son interesantes: en la administración pública la afiliación es del 31,1%, en banca el 32,2%, en actividades sanitarias el 31,5%, en empresas de más de 250 trabajadores el 29,6%. Los jóvenes hasta 24 años pasan del tema, 9,6%, los empleados de pequeñas PYMES de menos de 11 empleados, pasan igualmente, 4,9%.

Perdonen la sopa de porcentajes, pero si se estudian la tabla (www.mtin.es), creo que llegarán a las mismas conclusiones que yo:

1. Los sindicatos en España únicamente representan a algo menos de un trabajador de cada seis.
2. Los afiliados a sindicatos son mayoritariamente personas con empleos históricamente considerados muy seguros, que temen perderlo (funcionarios, empleados de la seguridad social, empleados de banca y empleados de grandes empresas)

La propia UGT traduce el informe del European Trade Union Institute -ETUI- (2005) en el que reconoce la preocupación general por el descenso continuo de las afiliaciones –salvo en Escandinavia por razones específicas-, que en algunos casos es de cerca del 50% en 20 años, tal como en Estados Unidos. En Francia, por ejemplo, la afiliación parece estar ya por debajo del 10%. ¿Las causas? Cito a ETUI:

• En la mayoría de los países, los sindicatos ofrecen relativamente pocos servicios a los desempleados. En consecuencia, la mayoría de los afiliados que se convierten en parados abandonan su afiliación.

• El empleo está cambiando de la industria al sector privado de servicios (en el que las tasas son más bajas).

• Los sindicatos permanecen anclados en el pasado, deben modificar su imagen y tienen que convencer a los afiliados potenciales de que tienen una razón de ser. Las prácticas sindicales son formales y anticuadas y están dominados por personas de mediana edad con imagen asociada fundamentalmente a hombres y empleados en trabajos manuales.

• Al liderazgo sindical a menudo se le considera “desconectado” de la realidad actual de la empresa.

Si por Milton Friedman hubiese sido, los sindicatos habrían simplemente desaparecido. No me atrevo a llegar a tanto, pero sí a exponer mi duda de que la declaración que el Sr. Rodríguez Zapatero firmó el 8 de julio de 2004 con sindicatos y CEOE sobre el “diálogo social” sea justa o factible. Cuando la declaración indica que “es preciso apostar por un modelo de crecimiento económico equilibrado y duradero basado en la mejora de la competitividad de las empresas y en el incremento de la productividad”, debió darse cuenta de que el objetivo de los sindicatos es otro. Por su composición los sindicatos me parecen más un grupo de presión (vale, esto es de Friedman…) de gente con trabajo que quiere salvaguardar todo lo que considera derechos adquiridos, que un colectivo dispuesto a ayudar a resolver los problemas del país, el desempleo sobre todo.

Así que ya puede nuestro presidente ir pensando en otras excusas para no mover ficha.

What the cynics fail to understand is that the ground has shifted beneath them…

Lectura relacionada: Los Mártires de Chicago.

Bueno y si han llegado hasta aquí, se merecen un premio por el ladrillo sindical, así que vamos a pensar que firmar aquella declaración fue…culpa del Cha-cha-chá… ¡a ver si ayuda a que nos animemos!

La verdad es que lee uno la prensa cada día y la tentación es caer más del lado de la depresión que de la esperanza. Hemos pasado de gestionar la abundancia a administrar la escasez. De golpe. Más duro cuando se tenía la sensación de que la cosa parecía ir tan bien. Por eso quiero recomendar, casi como terapia, la película Karakter. Todo es oscuro y siniestro, y el padre que le hace la vida imposible al chico nos hace darnos buena cuenta de lo que es pasarlo mal de verdad.

Pero por oscuro que esté el panorama, tenemos que reforzar nuestras defensas, y cuando se toman iniciativas en nombre del bien común, ello sólo se puede hacer con un sólido soporte: La Justicia, que no es el dar o repartir cosas a la humanidad, sino el saber decidir a quien le pertenecen esas cosas por derecho. La Justicia es ética, equidad y honradez. Es la voluntad constante de dar a cada uno lo que es suyo.

Me preocupa, por tanto, cómo y quién se pretende que encaje la pérdida que genere la puesta al día de los valores de suelos e inmuebles, que figuran en diferentes balances empresariales a precios que nadie parece estar dispuesto a pagar.

Es razonable que las empresas promotoras intenten descargar inmuebles en la banca, porque perciben que estos valen menos que la hipoteca que los grava. Y lo es que la banca los intente recolocar en el mercado, con algo de descuento y ayuda del tiempo. Lo que no sé si me creo es que eso vaya a funcionar tan fácilmente, pero mi preocupación no va por ahí.

Mi preocupación va porque creo que el sistema financiero puede estar detrayendo recursos de las operaciones de riesgo medido, de mercado, para financiar operaciones en las que tiene un interés propio. Alguien podrá decir que así lo ha hecho siempre y creo que ello podría resistir un juicio ético si la banca actuara de forma autónoma, pero puede no hacerlo cuando se requieren ayudas públicas. Se me ocurren varias preguntas:

a. ¿Puede una entidad financiera hacer compatible el adquirir un inmueble por el valor de su hipoteca, digamos al 80% de la tasación del inmueble, y ejecutar otro crédito hipotecario en que el crédito representa el 70% de la misma? ¿Quién asegura que el segundo deudor está protegido contra el interés particular de la entidad en beneficiar al primero por razones ajenas al puro riesgo? (Keynes: If you owe your bank a hundred pounds, you have a problem. But if you owe a million, it has)

b. A igualdad de ponderación del riesgo, ¿puede una entidad negar un crédito hipotecario de, digamos, el 80% de la tasación de un inmueble para una transacción entre particulares, y aprobar otro crédito por el 80% o 100% cuando de lo que se trata es de financiar la venta de un inmueble de la propia entidad?

c. En un entorno de liquidez escasa, ¿puede una entidad prorrogar créditos vencidos, por ejemplo sobre suelos con valor actual potencialmente inferior al propio crédito, simplemente para no hacer frente a las provisiones que requeriría la propia ejecución?

d. ¿Se están supervisando estas “minucias”?  

De Karakter saqué en limpio que es posible formarse una personalidad constructiva y triunfar en un ambiente hostil y que al final de la oscuridad, si trabajamos, hay luz. Y esto es algo que creo que debemos intentar trasmitir a nuestros chicos en los ratos que la Play Station lo permita.

Pero para poder estar seguros de que al final resolveremos nuestros problemas, los de toda la sociedad, todos tenemos que respetar y hacer respetar el Contrato Social, que incluye a la Justicia como pilar básico. Las pérdidas latentes, cuando se vayan materializando, las deben soportar quienes asumieron el riesgo empresarial, no otros.

 

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