martin-gaite[Septiembre 2014] Entre Visillos, Carmen Martín Gaite [1957, 222 páginas]
Primera novela de esta escritora, que he pasado por alto demasiados años. Salmantina, esposa de Rafael Sánchez Ferlosio, ganan el premio Nadal en años sucesivos. Sánchez Ferlosio en 1956 por “Industrias y Andanzas de Alfanhuí”, que me encantó. Martín Gaite en 1957, por ésta “Entre Visillos”, su primera novela larga. Implicada con la literatura toda su vida, entrevistada con gusto, explicaba su goce al escribir al decir que “el arte de escribir es como un juego y un aliciente para sortear problemas”. Me parece una gran verdad, si se sabe. Escribir es conseguir poner en palabras, a través de la ficción, una pequeña parte de nuestra misteriosa conversación permanente con nosotros mismos, que nos lleva en volandas por la vida y tanto nos condiciona. Los escritores tienen el mérito de dejarnos mirar por el agujerito que son sus personajes.

Entre Visillos es una novela que ha sido comentada con bastante profusión en términos relativamente unánimes. Buena prosa sencilla y realista (como no podía ser más en una salmantina licenciada en filología románica y rodeada de escritores), describe con maestría e interés el pensamiento, sobre todo el femenino, de mediados los años cincuenta en España. Una docena de personajes clave son reflejo de las ideas de la sociedad burguesa de una pequeña ciudad de provincias (presumiblemente Salamanca, que es lo que por entonces conocía). Gertru, Mercedes, están preocupadas por “casarse bien”, todas por lo que piensan o hacen unas y otras o por “el qué dirán”, las madres porque las chicas se porten bien, los chicos con sus estudios y ambiciones, que todos, ellos y ellas, asumen son los roles que les corresponden: los hombres a hacer carrera, las mujeres en casa. Los chicos sueñan con ser aviadores o una notaría, las chicas “…Se veían del brazo de un chico maduro, pero juvenil, respetable, yendo a los estrenos de teatro y a los conciertos del Palacio de la Música, con abrigo de astracán legítimo; sombrerito pequeño. Teniendo un círculo; seguras y tomadas en consideración. Masaje en los pechos después de cada nuevo hijo. Dietas para adelgazar sin dejar de comer. Y el marido con Citroën”.

El inconformismo viene de parte de Pablo Klein, un profesor de alemán que pasa unos meses en la ciudad y de su alumna Natalia, una buena estudiante a la que Pablo anima a estudiar una carrera. Una atracción soterrada. Ambos personajes son para mi gusto los que demuestran las inquietudes de la escritora sobre la sociedad y su propio futuro. El resultado coral es interesante y satisface.

Echo en falta algunas aristas más marcadas en los personajes clave. Pablo Klein es el mejor definido, pero tal vez a Natalia, una chica de dieciséis años que arranca en su vida, o a Elvira, turbada por la tensión entre lo convencional y su inquietud sentimental o sexual, se les podría sacar algo más de partido. También es posible que cuando trabajas con un coro no debas destacar demasiado a nadie. En cuanto a la descripción de ambientes, no abunda la autora demasiado, se queda todo un poco en neblina, tal vez adrede. Algún retazo, no obstante, sí brilla: “estaba oscuro aquel barrio y mal empedrado. Antes de llegar a la catedral se pasaba por tres placitas desiguales que parecían huecos dejados por casualidad. Una tenía una fuente, otra un gran farol. En la tercera, la más pequeña de todas, apenas un espacio triangular delante del esquinazo de dos casas, había una frutería iluminada en el bajo de las fachadas. Del techo colgaban regaderas, fardeles, hueveras y cosas confusas, y estaba la dueña asomada a la calle, en alto, sobre unos escalones, con un gato, debajo de una bombilla. No hacía nada, sólo mirar afuera, ni se movía. Al fondo había una cortinilla para separar la tienda de la casa. Todo tenía un aire muy guiñolesco”…

TVE realizó una serie en quince capítulos sobre esta novela, en 1974, dirigida con Miguel Picazo. No creo que la he visto, así que no puedo opinar

Anuncios