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En la película “El Verdugo” de Luis García-Berlanga (Martí), Pepe Isbert, a punto de su jubilación, acaba convenciendo a Nino Manfredi -enamorado de su hija Emma Penella- de que acepte el puesto de verdugo -por entonces funcionaba en España el llamado “garrote vil”-, seguro y bien pagado, con el aquél de que “nunca vas a tener que ejercer porque todas las ejecuciones se acaban cancelando”. La genialidad de la película de Berlanga, con varias de las suyas, ha dado en que se proponga -José Luis Borau, 2009- que la RAE acepte el término “berlanguiano” en el diccionario. Habíamos pensado en hilar lo del cineasta Berlanga con el funcionario Berlanga (Arona), pero la verdad es que lo que Luis García-Berlanga retrataba en sus películas y lo que está pasando con José Vicente Berlanga (Arona) y Enusa, la empresa del SEPI (60% SEPI, 40% CIEMAT), que gestiona el negocio del uranio en España, tienen poco en común.

 

En “Plácido”, “La Escopeta Nacional”, “Bienvenido Mr. Marshall” o “La Vaquilla” está lo berlanguiano de verdad, mezcla de humor, caos sainetero, esperpento y crítica social, pero también indulgencia, comprensión y amargura por el sufrimiento de la gente en un entorno difícil. Y una cierta grandeza. El nombramiento del funcionario Berlanga (Arona) como presidente de Enusa nos parece simplemente un insulto a la inteligencia de los españoles por parte del ministro de turno, José Luis Ábalos. De cara muy dura, si queremos ser duros.

 

Porque José Vicente Berlanga (Arona) es, con todo el respeto que nos puede merecer como profesional en lo suyo, un funcionario “del montón”. Sin ánimo peyorativo, simplemente que seguro que como él o con méritos parecidos hay miles en España. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación (1983), con 31 años de antigüedad en la Administración Pública, de los que 12 en el sindicato FSP-UGT, componen un C.V. de una docena de páginas que recoge meticulosamente su asistencia a numerosos cursos sobre orientación al empleo, educadores de escuelas infantiles, informática, logopedia o animación socio-cultural.

 

Todo muy apropiado para lo del uranio.

 

Pero bueno, el hecho es que a Berlanga (Arona), “se le apareció el santo”, en la forma de ministro amigo, “amiguete”, valenciano, que le ha arreglado el roto que sufrió en su retribución bruta de 2016, como director de la Fundación Deportiva Municipal de Valencia -FDM-, de EUR 85.000 a EUR 64.000 anuales -por las protestas, parece, del grupo Compromís con el que el PSOE comparte gobierno en Valencia-. Y le ha fijado una nueva de… EUR 210.000 (+228%, por si no tienen la calculadora a mano).

 

FDM organiza carreras populares, campeonatos de volley-playa, fomenta el deporte en colegios y cosas así, que está muy bien. Presupuesto EUR 12 millones/año. Gasto sobre todo -que explica someramente en un folio de su página web.-, porque está mantenida mayoritariamente por el Ayuntamiento. Enusa tiene un activo de EUR 497 millones, ventas (2017) por EUR 291 millones y se dedica a la fabricación de elementos combustibles para reactores nucleares, productos para medicina nuclear y a la expedición de residuos radioactivos de baja y media actividad y ha manejado en 2017 1.119 cisternas de mercancías peligrosas.

 

España no es un país neutro en lo del uranio. Tiene un yacimiento en Retortillo (Salamanca), cuya explotación está en proyecto por la minera australiana Berkeley. Y tiene sin resolver el tema del Almacén Temporal Centralizado de residuos nucleares de Villar de Cañas (Salamanca). Y sigue debatiendo la prolongación, o no, a 60 años de la vida útil de las 6 centrales nucleares que operan en España y tiene importantes convenios internacionales (Eurodif, Euratom). Unos pocos temas, desde la ignorancia, que parecerían justificar que al frente de Enusa estuviese alguien con criterio y experiencia para actuar de guía y contrapeso a los fuertes intereses económicos y sociales lógicos en esta cuestión.

 

No nos parece que Berlanga (Arona), sea esa persona. Si algo nos parece es… otro ejemplo de “La Escopeta Nacional”.

 

P.S.: Recomendación. Visto que, suponemos, el Sr. Berlanga (Arona) residirá en Valencia, nos atrevemos a proponer que le envíen el sueldo a su casa y que no tenga que ir a tocar cosas en Enusa, no vaya a cogerle el gusto (que se lo pregunten a Manfredi). Que eso se lo dejen a los técnicos y ya nos apañaremos por un tiempo. Y Compromís que diga misa…, que es por el bien de todos.

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Allá por 1940, la política en Estados Unidos sobre la guerra que explotaba en Europa andaba dividida entre los “intervencionistas” y los “aislacionistas”. O entre quienes creían que la amenaza de Hitler y su partido nazi era una cuestión limitada al ámbito europeo y los que pensaban que era una amenaza global. Levantándose de la crisis de “La Gran Depresión”, los americanos de a pie, por su parte, estaban más ocupados en la compra de un nuevo frigorífico que preocupados porque Hitler hubiese invadido Polonia. ¿Poland? ¿Where is that?

 

En Europa se había pasado por varias etapas en que unos gobiernos pensaban que con Hitler se podía negociar y otros (con Churchill a la cabeza), que sabían que la única solución era derrotar militarmente a la Alemania nazi.

 

Roosevelt, presidente en Estados Unidos entre 1933 y 1945, intentó en un principio cumplir con unas y otras inclinaciones de su país, de lo que fraguó la llamada Lend Lease Act de marzo de 1941: Estados Unidos ayudaría en términos materiales (barcos, aviones, armas), teóricamente como préstamos aunque con la sospecha de que nunca serían reembolsados, a los países implicados en el conflicto europeo. Sin involucrarse militarmente. Hasta el final de la guerra Estados Unidos aportó equipos por un monto que se ha estimado en USD 49.100 millones de la época.

 

Hasta que en diciembre de 1941, dos años después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el ataque de Japón (aliado de la Alemania nazi desde un año antes en el llamado Axis) a Pearl Harbour, convenció al pueblo americano de que la solución con los nazis no era un problema sólo material. Ni de otros: era su problema. Y ahí se inclinó la balanza de forma definitiva.

 

Por supuesto con África no estamos, ni estaremos, en guerra.

 

Y sin embargo, la respuesta europea a la emigración africana nos trae reminiscencias de aquella triste época bélica. Los países europeos no se ponen de acuerdo en cómo responder y la ciudadanía europea (o al menos la española, estamos convencidos) ignora todo o casi todo sobre la realidad social o política de África (¿Sudán, Mali, Costa de Marfil, Ghana? ¿Dónde está eso?). Estamos ocupados con la polémica de los taxistas o el riesgo de que la mala cosecha de malta haga que escasee la cerveza: ¡eso sí que son problemas!

 

Así que a falta de acuerdo y de preocupación pública, la solución del actual manual es… ¡el aislacionismo! Barreras más altas, concertinas sí o no, algún barco más suponemos, más radares o aviones. Todo bastante militar, ¿no? Pero ni siquiera en serio, porque cuando el Sr. Juncker ofrece financiación adicional, se habla de EUR 53 millones, que es algo así como el 0,0003% del PIB de la Unión Europea.

 

De lo que nadie (o casi nadie: José Borrell, lo ha citado como “el primer problema de Europa” y Pablo Casado, ha mencionado hace unos días la idea de un “Plan Marshall” para África), parece darse cuenta, es de que ni muros, ni radares ni concertinas van a parar el aluvión. La explosión demográfica de África es de tal dimensión que no hay más remedio que implicarse con gente y recursos económicos (que la Unión Europea tiene, si quiere) para solucionar el problema, allí. No en mitad del Mediterráneo, ni en Algeciras ni en Lampedusa, ni en Turquía: en Senegal, en Marruecos, en Sudán, en Etiopía…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo hacerlo?

 

Nos da para otro artículo. Pero ya avanzamos: tomándoselo en serio: gente y “pasta”. Como lo del Lend Lease, los pilotos y los aviones. África crece en población por encima de 30 millones de personas año. La respuesta tiene que ser proporcionada.

 

Y otra pista: no es sólo una necesidad, también es una oportunidad…

 

Delibes

“Enseñar a los alumnos a pensar y a ejercer la reflexión crítica es una meta que frecuentemente mencionamos como inherente a la función docente. Repetidores en lugar de seres pensantes, receptores en lugar de evaluadores es el producto lógico de las formas en las que enseñamos, que reflejan aquellas según las cuales hemos aprendido. Por lo tanto cuando se habla de la necesidad de esclarecer y tomar conciencia del modo en que nos insertamos en ese trama represiva de relaciones, se debe pensar en la posibilidad de ejercer la creatividad como único antídoto contra la repetición”.

La cita es del libro “Aprender con el cine, aprender de película”, de Enrique Martínez-Salanova, que es profesor de tecnología educativa, antropología de la educación, didáctica y comunicación y muchas más cosas interesantes en ese campo, en universidades de España e Iberoamérica. Hace referencia a la película del director australiano Peter Weir, “El Club de los Poetas Muertos”. En ella, el profesor John Keating (Robin Williams), hace uso de la literatura como medio para obligar a sus alumnos a pensar y romper estereotipos, al tiempo que presenta una nueva dimensión en la relación entre profesor y alumno.

Yo tuve la suerte de que mi padre era un lector asiduo y la doble suerte de encontrarme con algunos buenos profesores en mi bachillerato y se me quedó el vicio de leer todo el tiempo. Y la profunda creencia de que la literatura es una de los mejores maneras para formar el carácter de las personas y orientarlo en la buena dirección. Y discutir de literatura en el colegio me parece una cuestión esencial. De ahí mi envidia por el modelo de John Keating.

Afortunadamente no nos falta material en la lengua española, para quienes quieran trabajar en ello. Entre España e Iberoamérica juntamos un equipo imbatible. Sin molestarnos en tirar del Siglo de Oro ni recurrir a los que todavía viven, bastaría con reunir a Baroja, Cela, Delibes, Galdós, Antonio Machado, García Lorca, Neruda, Borges, Benedetti y García Márquez, y me dejo a decenas, para mantener ocupados a los alumnos de cualquier instituto durante años.

Pero va a ser que no. Al menos en la Comunidad Valenciana. Porque ahora el Gobierno de la Generalitat Valenciana ha conseguido sacar adelante un decreto, el llamado “Programa de Educación Plurilingüe Dinámico”, en el que se regula la proporción de las lenguas que deberán utilizarse en los colegios, con el objetivo final de que en 2023, los colegios alcancen lo que el tal decreto denomina “Nivel Avanzado 2”. En ese nivel la proporción será la de 53,3% la lengua valenciana, 23,3% la española y 23,3% la inglesa.

Y esto pretende el gobierno regional llevarlo adelante sin siquiera consultar a los padres de los chicos, en un alarde de totalitarismo poco concebible en un país que se dice democrático.

El impulsor del decreto es el conseller d’Educació, Vicent Marzà, cuya historia vale la pena conocer. Contada por el diario “ara.cat” que seguro refleja su mejor perfil, tiene ahora 34 años y es diplomado en magisterio en la especialidad de inglés y francés. A la fecha del artículo, julio 2015, cursaba estudios de doctorado en la Universidad Ramón Llull, en “transformación socioeducativa”.

Pero casi nos interesa más ir un poco más atrás, para conocer que sus padres, ambos también maestros, fueron fundadores de la escuela La Censal, en Castellón. Vaya por delante que la página web de la escuela está toda sólo en valenciano. Bueno, dice que está en castellano y valenciano, pero el contenido está todo en valenciano. Y el blog del AMPA (la asociación de madres y padres de alumnos), está también exclusivamente en valenciano. Y la historia de la escuela, contada por ella misma, no puede ser más ilustrativa: “Origen de l’escola Censal. Els darrers anys de la DICTADURA FRANQUISTA van propiciar el naixament d’unes inquietuts en un sector de la població, traduïtes en unas REIVINDICACIONS HISTÒRIQUES que demanaven l’aparició d’unes LLIBERTATS DEMOCRÀTIQUES, unides ací amb una preocupació per la RECUPERACIÓ DE LA NOSTRA LLENGUA” (las mayúsculas son mías).

Ahí está la inspiración. Como había una dictadura franquista… (Franco murió en 1975, por si los jóvenes no se acuerdan), hace falta que aparezca la democracia y recuperar el valenciano.

A mí el decreto me parece una iniciativa totalitaria, que tiene un fundamento político y nacionalista claro. Porque LO PRIMERO, es preguntar a los padres lo que quieren. Y eso es, precisamente, lo que la Generalitat Valenciana pretende saltarse, porque se teme que no salga lo que quieren.

Lo que me trae de vuelta al principio. ¿Qué literatura valenciana van a discutir en esas clases de los “poetas muertos” que nos gustarían? Valenciana no será. Tal vez recurran a la catalana. Pero tampoco. No hay de dónde, por mucha subvención a filólogos que extiendan.

Y que no nos saquen a Ramon Llull, porque yo saco a Cervantes y a Lope de Vega.

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No lean esto al ir a acostarse…

Tengo entre manos un libro muy interesante. “A Short History of Nearly Everything”, de Bill Bryson. Bryson es un gran divulgador de todo tipo de cosas, ameno, con sentido del humor y detallista. “A Short History” es un libro sobre el desarrollo de la ciencia en muchos frentes, de la astronomía a la física, la química, la biología, la geología, arqueología, taxonomía y mucho más.

Uno de los méritos del libro es manejar en casi todo la escala de las cosas y poner números a infinidad de cuestiones, que la gente común e ignorante, ignoramos. Por ejemplo que un óvulo femenino es 85.000 veces más grande que un espermatozoide. Cuando éste mire al óvulo ¡se debe sentir como el escalador que se enfrente a una montaña más alta que el Everest…!

Pero no es eso lo que me quita el sueño. Habla Bryson de las células que componen nuestro cuerpo, unos 10 mil billones (10.000.000.000.000.000). Y que todas las que forman nuestra piel están… ¡muertas! Primera inquietud, ¡estoy durmiendo en un saco muerto! Dos kilos dice que pesa…

De las que mueren, miles de millones al día, casi todas las sigue reponiendo nuestro organismo constante y laboriosamente (menos las cerebrales, que se nos mueren unas 500 cada hora y ésas ya nunca se reponen). De media, todas nuestras células de hoy son otras que las que nos formaban hace 9 años, dice. Y otras se nos desprenden a millones cada día, como las de nuestra piel muerta. ¿Se han fijado alguna vez en que en los muebles del dormitorio hay más polvo que en el resto de la casa? No es polvo, ¡es nuestra piel!

Porque resulta que la mayor parte de la piel la perdemos de noche, en el “vuelta y vuelta” mientras dormimos. Y resulta también que esa piel muerta que perdemos es el alimento favorito de un bicho que nos acompaña todas las noches, al que además le gusta la humedad y el calorcito. El ácaro (“bed mite”). El ácaro es un arácnido, muy pequeño muy pequeño. Entre 0,2 y 0,3 milímetros. No mucho más que el espesor de un pelo o el grueso de una hoja de papel. Difícil de ver uno a uno. Pero ahí están, esperando la cena.

Y otra vez Bryson nos da números: en nuestro colchón habitan unos… dos millones de ellos. ¡Agghh! Mal pero, ¡lo peor es que en la almohada hay unos 50.000! ¡Agghh, agghh!

Los americanos, a quienes encantan las estadísticas, han calculado que una almohada media en ese país tiene seis años de antigüedad. Y Bryson concreta que esa almohada de seis años tendrá un 10% de su peso en ácaros: ácaros vivos, ácaros muertos y excremento de ácaros. ¡Agghh, agghh, agghh! ¿Y las almohadas de los hoteles? Ahí los ácaros ni siquiera son míos, son de miles de personas a las que no conozco… ¡Agghh, agghh, agghh, agghh, etc.!

Los ácaros no muerden. No se preocupen. Pero ellos y sobre todo, perdón, sus excrementos, son causantes de alergias (que en Estados Unidos afectan a 20 millones de personas) y, principalmente, del asma (también en ese país, el 80% de los asmáticos están afectados por los ácaros).

Y no hay un remedio claro. Pero sí hay estrategias de largo plazo. Aquí hay algunas ideas. Yo me quedo con dos: volver a lavar la ropa con agua caliente -60º C o más-, costumbre que los detergentes modernos han hecho que se pierda y… congelar las almohadas de vez en cuando, una práctica interesante que tal vez los hoteles podrían utilizar. Aparte de que ¡las almohadas deberían tener una fecha de caducidad, como los yogures! ¿Venden almohadas de un solo uso?

Cuando esta noche se acuesten, apaguen la luz y peguen el oído a la almohada. Tal vez crean oír un ruido extraño, como de mandíbulas…

Tranquilos…, es la cisterna del piso de al lado.

¡Inquietante…!

stop-1131142_640Uno de los mayores dramas de las mujeres que padecen violencia de género debe ser la dificultad para comunicarse con alguien de confianza. La soledad. El mayor, por supuesto, es la violencia en sí, pero me parece que la incapacidad de compartir la situación que se vive y la zozobra que ello genera, es un añadido adicional para el que siempre se debería estar pensando en soluciones. Porque además en la comunicación pueden esconderse algunas.

Suponemos que la primera posibilidad que contempla una mujer que sufre maltrato es hablar con su madre. Pero esto a veces no es posible. Con los hijos, poco a hacer si son pequeños -y en parte también víctimas-. Si son mayores, se querrá o no compartir esta parte lamentable de la intimidad de algunas relaciones. ¿Con alguna amiga? Posible, pero no siempre fácil.

El servicio 016, teléfono de ayuda, está bien que exista, pero es sólo una solución más. En 2015 recibió 81.992 llamadas (Portal Estadístico de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género). Pero según el informe del Observatorio Contra la Violencia Doméstica y de Género, del Consejo General del Poder Judicial, entre juzgados y policía se recibieron 129.193 denuncias. Y mucho nos tememos que por cada mujer que llega a dar el paso extremo de acudir a la policía (83.848 en 2015), varias (¿una, dos, tres más), sufren sin atreverse a hacerlo. Lo que quiere decir, asumiendo que no haya más que una que calle por cada una que denuncia o en cuyo nombre denuncian (y cada llamada al 016 sea de una persona distinta), el tamaño del problema es de 260.000 mujeres. O sea 260.000 familias o. El 016 está escuchando a un tercio, en tal caso.

Lo de con quién hablar y cómo buscar consejo y soluciones es por tanto un problema mayor de nuestra sociedad. No somos excepción, pero el problema está ahí.

Por razones de trabajo me he tropezado con un informe que aporta una visión nueva, que me ha parecido muy interesante. Del otro lado del mundo. Australia creó en 2012 la “Workplace Gender Equality Agency”, que se ocupa de la igualdad de trato de hombres y mujeres en el trabajo. La ley australiana (Workplace Equality Act 2012), obliga a todas las empresas del país que empleen a más de 100 personas, a presentar una memoria anual, a través de la cual el gobierno recibe información de 12.433 empresas, que emplean al 40% de todos los trabajadores de Australia.

La memoria se refiere a cosas como los salarios en cada nivel profesional para hombres y mujeres, la distribución del trabajo parcial entre unos y otros, la flexibilidad y conciliación o qué sectores son más o menos igualitarios (banca e inmobiliario los menos, educación el que más).

Y… qué política o estrategia empresarial tienen con respecto a la violencia de género.

Nos ha parecido una idea brillante. Porque si lo piensan bien, la compañera de trabajo tiene muchas probabilidades de ser una de las personas con las que una mujer que sufre de violencia doméstica se sincere. Y una compañera de trabajo, a base de relación frecuente y simplemente mirar a la cara de alguien con quien comparte bastantes horas cada día, puede conocer o adivinar cuando una compañera está teniendo problemas en casa. El problema es que no basta con saberlo, hay que ver la forma de conseguir ayuda.

Lo que han hecho los australianos es involucrar a las empresas para abordar este problema. Un 39,3% de las empresas ya tienen una política o estrategia sobre ello en 2016 (34,9% en 2015). Y un 74,8% tiene formas de asistencia a sus empleadas, incluyendo bajas retribuidas, flexibilidad de horario o encontrar ayuda psicológica o legal. Y un 11,0%, que no es mucho pero está muy bien, ha entrenado específicamente a su personal de recursos humanos para tratar aquellos casos en que sus empleadas sufren violencia de género.

Me parece que el tema entra de lleno en la Responsabilidad Social Corporativa de cualquier empresa que se precie. He mirado algunas memorias pero todavía no veo que esta cuestión aflore como un problema de empresa.

Lo es. Al fin y al cabo, si una empresa responsable quiere, entre otras cosas, el bienestar de sus empleados, ¿por qué no va a querer el bienestar de aquellos que son los más vulnerables?

La autopsia dirá si vive“”¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero””. Cito la cita, de ahí el entrecomillado del entrecomillado, que no sé si vale.

La polémica esta de Guillermo Zapata (nuevo concejal de cultura y deporte del Ayuntamiento de Madrid, para quienes lo ignoren) y su “twittoteca” tiene un punto interesante. Dice este señor que no dijo lo que parece que dijo, sino que citó algunos chistes del llamado “humor negro” en un debate sobre los límites del humor. Dice también que la velocidad causa accidentes  y que como es un apasionado de Twitter, que es fácil cometer algún error. Pero que en cualquier caso, se diga lo que se diga, que si ello se hace como parte de una expresión del tal humor negro, que vale. O sea una especie de teoría extendida del “Je suis Charlie”.

Me ha hecho rebuscar en mi colección de libros y revistas humorísticas. Sabía que tenía este librito del mexicano Carlos Dzib –el de la imagen-, de 1980. Efectivamente Dzib explora –y resuelve exitosamente- los límites que yo creo que existen entre el humor negro -con irreverencia añadida-, el mal gusto y la perversidad. No son límites fáciles de definir ni de entender y cada persona tiene que asumir los suyos propios, compleja mezcla de principios éticos y morales, sentido del humor, escalas y culturas. Es por lo que hay personas a las que no les gusta dicho humor negro. A mí sí me gusta, pero creo tener claros mis límites.

El señor Zapata sostiene, sin embargo, que no, que no hay límites. Dice, siguiendo la extendida opinión de que todo está permitido en aras de la libertad de expresión, que la frase del principio sobre el holocausto judío –entre otras de mal gusto- está justificada por tratarse de un chiste. Discrepo. Y no ya por la xenofobia simplemente, que puede tener muchas expresiones. Discrepo porque la escala de sufrimiento y perversidad relacionados con el holocausto judío no permiten el chiste. Están más allá del límite. Como el señor Zapata es concejal de Cultura me permito recomendarle un par de autores, que por su cita del chiste sospecho que no conoce y confío en que le harán cambiar de opinión:

Vasili Grossman, que fue corresponsal del diario ruso “Estrella Roja” durante la segunda guerra mundial y uno de los primeros periodistas en entrar en el campo de concentración de Treblinka. En su obra maestra, “Vida y Destino”, hay unas páginas conmovedoras sobre las cámaras de gas. Aquéllas en particular en que se aniquilaban juntos a las madres e hijos pequeños. Lea, lea, aunque sólo sea eso.

Primo Levi, autor de “Se questo è un uomo” sobre su tiempo en Auschwitz, sobrevivió y resulta esclarecedor leerle. Entre sus muchos testimonios, tiene una pequeña historia corta “Desafío en el Gueto” (Il Fabbricante di Specchi. Racconti e saggi”): “A una distancia de cuarenta años y en un mundo cada vez más inquieto, no queremos que se olvide la resistencia de los insurgentes del Gueto de Varsovia. Han demostrado que incluso cuando todo está perdido, se le permite al hombre salvar, junto a su propia dignidad, la de las generaciones futuras”.

Y de paso, léase “El Diario de Ana Frank“…

Cuando haya leído estas cosas, si es que ello sucede, le reto a seguir justificando chistes como los que justifica.

Y sobre la velocidad…

Aconsejaría moderarla. A todos. A los que escriben y luego dicen que se arrepienten y a los que hacen los nombramientos. Me llama la atención la ascensión de este señor a un puesto de esta relevancia en relación con la cultura. Tal vez me pierdo algo, pero haber dirigido dos cortos y trabajado de guionista en la serie Hospital Central no me parece suficiente equipaje. A este paso, vamos a acabar con un grafitero de director del Museo del Prado, un rappero del Teatro Real y un twittero de la Real Academia de la Lengua.

Al tiempo.

clownicCreía que había terminado con esto de la basura. Pero esta semana una pequeña noticia me ha vuelto a empujar a alcantarillas y vertederos. ¡Maldita sea!

“Bad wipes”, les llama un periódico gratuito para ingleses del norte de la Costa Blanca. Habla de los “wet wipes”, las toallitas húmedas que llevo años viendo por casa cuando a alguno de mis nietos le cambian el pañal y que poco a poco han ido ganando popularidad general. Y no sólo para culitos pequeñitos. Se lamentan en Jávea de que les están apareciendo en la playa, porque las toallitas esas que arrojamos a la taza del WC son recalcitrantes, o sea no se biodegradan, o lo hacen muy lentamente, sobreviviendo a su paso por las alcantarillas hasta aparecer en lugares insospechados. O no aparecer, que no se sabe qué es peor. Dicen que el costo para las compañías que gestionan agua y alcantarillado en España es de entre € 500 y € 1.000 millones al año.

Efectivamente, los “wet wipes” se han convertido en un serio problema medioambiental. Otro. Los ingleses ya han bautizado como “fatbergs” las acumulaciones de toallitas húmedas, grasa –”grasa amarilla” por el aceite de cocina usado y grasa marrón por “FOG” o “fat, oils and grease”- y otras porquerías que bloquean sus alcantarillas. Con algún caso de récord, como el fatberg de 15 toneladas que sacaron en Londres en 2013. Y hace unos días Thames Water se ha topado con otro de 40 metros de largo y 10 toneladas, con un coste de reparación para la tubería de € 600.000 euros. Empiezo a explicarme lo que dicen en Jávea. O sea que mientras los icebergs encogen en el océano los fatbergs crecen bajo nuestras casas. Vaya panorama. Y lo dejo ahí.

Pero como estaba por la zona (la perineal, no la de Jávea) me he puesto a pensar en los pañales desechables. Como padre y abuelo confieso con toda humildad y cierta contrición que me he librado de cambiar pañales durante más de cuarenta años. Sólo recuerdo haber cambiado tres. El último hace poco, a mi nieto pequeño, que esperó a que la abuela me dejara solo con él para obsequiarme y requerir mis servicios de higiene, para los que ya entienden que carezco de la más mínima experiencia. Por mucho que quieras al bebé, no me parece una cosa precisamente grata. Hoy he hablado de ello con mi esposa, que calculo que habrá cambiado algo más de 36.397 pañales (unos 27.300 a sus tres chicos y otros 9.100 por lo que le ha tocado de sus cinco nietos, menos mis 3…). Con nuestros dos primeros hijos los pañales desechables no existían. Los descubrimos en 1976. O sea que llevan por ahí unos cuarenta años. Quería yo contrastar el problema medioambiental de los pañales desechables con su conocimiento experto en el uso de pañales de ambas clases. Le he dicho que los desechables, entre plástico y celulosa, tardan hasta 500 años en biodegradarse y que se acumulan en los vertederos. Que la materia fecal que contienen se va filtrando y contamina los acuíferos. Que consumen en su producción más del doble de agua de la que se gasta en lavar un pañal reutilizable. Que los desechables contienen poliacrilato de sodio, una materia superabsorbente cuyos posibles efectos nocivos se siguen discutiendo. Que pueden tener dioxinas (otra vez las dioxinas), originadas en la fabricación de la celulosa y que para la misma se gastan un montón de árboles. Que son caros: casi € 2.000 euros por niño (9.100 pañales a unos 20 céntimos la unidad, más o menos cuatro veces lo que los reutilizables en coste de agua, electricidad y detergente). Me ha contra-atacado con las rozaduras, el olor, las manchas en los pañales, el lío de las lavadas o las fugas por las juntas. Todo lo cual seguro que tendrá remedio, pero exige recuperar una nueva cultura sostenible en este tema y asumir que el rollo de los pañales reutilizables da más trabajo pero es más razonable para nuestra especie. Pero dudo que la mayoría de progenitores estén dispuestos a asumirlo. ¿Teniendo una solución más o menos fácil por qué complicarnos la vida? Unos pocos pañales más no serán tanto problema. Bueno, unos pocos no, algunos más. Como estimación, en Estados Unidos se venden 27.400 millones de pañales desechables cada año, de los que el 92% acaba en vertederos. Pese a que los pañales reutilizables han cambiado, las lavadoras y secadoras funcionan, los detergentes son buenos, etc., soy bastante escéptico -y en casa además no tengo ninguna autoridad- en que se solucione esta cuestión. Mucho esfuerzo de re-educación haría falta y no tengo claro quién puede acometerlo. ¿Los fabricantes de lavadoras o detergente, tal vez?

¿Qué mal, no? Pues prepárense: en Japón el negocio de los pañales desechables para adultos superó al de los infantiles hace ya cuatro años. Vale que son líderes en baja natalidad y tienen una esperanza de vida cada vez mayor, pero en España les seguimos de cerca en ambas cosas y hasta podríamos adelantarles. Ahora sí que me estoy empezando a preocupar.

Total, que tengo que rectificar: lo de “Wall-e” es un cuento y efectivamente no se parece a la realidad, por lo menos a la de nuestro mundo “desarrollado”. Bueno, en lo único que se parece es en que seremos todos –casi todos- gordos. De resto, no navegaremos por el universo en una nave fantástica. No. Surcaremos la Tierra sobre un océano de basura compuesta de restos de comida, grasa, pañales usados y wet wipes, confiando en no chocar contra un fatberg y hundirnos. Mientras toca la orquesta.

Y sí, ya sé que me ha quedado esta historia un poco apocalíptica. Es que lo de los pañales para adultos me ha desestabilizado…

Wall-E7Me había pasado inadvertida, lo que es imperdonable. Pero este año, gracias a mis nietos, he descubierto la película “Wall-E”. “Waste Allocation Load-Lifter, Earth-Class”. O sea un robot basurero. La deberían pasar en los colegios y que fuera parte de las enseñanzas clave a nuestros chicos. Pero sobre todo nos la deberían hacer ver a todos los “no chicos”. A esos que creemos que tenemos uso de razón, mientras a base de ignorancia, inconsciencia y hedonismo nos dedicamos a destruir el planeta.

En “Wall-E” el planeta Tierra ha sido abandonado, la vida se ha extinguido –sólo queda una cucaracha- y nuestro mundo es un desierto polvoriento cubierto de basura, en el que después de 700 años siguen funcionando los anuncios luminosos gracias a… la energía renovable. Lo que queda de la especie humana surca despreocupada el Universo en la nave “Axiom”, a base de tumbonas electrónicas –la obesidad les impide caminar- y viendo televisión todo el rato mientras sorben comida líquida, que así no hay que masticar. La película es magnífica y se ríe uno, mucho, gracias al robot sentimental y su compañera Eve –Extraterrestrial Vegetation Evaluator- y bueno, una pequeña planta nos devuelve la esperanza. Pero en el fondo da miedito, miedito. Miedo. Porque aquello de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” aquí no es cierto. Demasiadas coincidencias.

BASURA Y EMISIONES.-

He estado rebuscando en esto de la basura. No es un tema fácil en cuanto a estadísticas, porque los criterios sobre lo que se considera desecho, su clasificación y la evaluación de su daño ambiental varían por países o regiones. La EPA, -la Environmental Protection Agency de Estados Unidos- tiene una herramienta, el modelo WARM, -por Waste Reduction Model- que ayuda a evaluar el impacto potencial de diferentes iniciativas relacionadas con los grandes grupos de basura que se producen en su país. Tomando California como ejemplo, sus ciudadanos -37 millones en 2009- arrojaron ese año 12,5 millones de Tm de basura a sus vertederos, de los que el 10% era alfombra, el 31% papel, cartón, plástico, aluminio y otros metales, el 10% madera y el 49% restos de comida. WARM permite calcular que el adecuado tratamiento de esos materiales (reciclaje, compostaje, etc.), permitiría reducir las emisiones de GHG –greenhouse gases o gases de efecto invernadero- en 29,5 MTCO2e –millones de toneladas de CO2 equivalente-. De los que el 32% por las alfombras, el 41% por el papel, plástico y metales, el 7% por la madera y el 20% por los restos de comida. El gran problema es la falta de discriminación: la basura llega a los vertederos toda mezclada y no es económicamente viable separarla. Solución: enterrarla.

Por las cifras de arriba parece que los californianos tienen un problema con sus alfombras: tratar el 10% de su basura les ahorraría el 32% de sus emisiones y buscar soluciones –probablemente a través de la propia industria de las alfombras- parece una buena apuesta. Pero en cuanto al resto, es la comida la que complica la cosa, porque aunque supone prácticamente la mitad de la basura (en California), el ahorro en emisiones es proporcionalmente bajo. Y además la discriminación no está, en su mayor parte, en manos de la industria sino de los individuos. O sea en nuestras manos. Y de la misma forma que, quienes tenemos algo de conciencia sobre el tema, vamos diligentemente a los contenedores de vidrio, cartón, plástico o metal, luego nos acercamos al contenedor general y echamos una bolsa con contenido variopinto de restos de comida y todo lo inclasificable, cuyo único denominador común es que nos sobra en casa.

EL VERTEDERO.-

Pasa el camión y se lo lleva a un vertedero. Alguna vez una inoportuna huelga hace que se acumulen las bolsas junto al contenedor y ¡uy qué malotes! los basureros. ¡Está esto lleno de olores, insectos y otras alimañas…! Pero si la basura acaba en el vertedero está todo perfecto.

Si en Estados Unidos las estadísticas sobre basura tienen sus dificultades, en Europa sospecho que el problema es mayor. Esta tabla

Waste_generation_by_economic_activities_and_households,_2012_(thousand_tonnes)_YB15

con todo el respeto a Eurostat, tiene para mí algunas incongruencias, como que el desecho de la construcción y demolición sea casi diez veces más en Francia que en España. O que los daneses generen casi un 50% más de basura por persona que los españoles. Tal vez sea, pero lo que sospecho es que lo que los franceses, daneses o españoles llamamos basura no es exactamente la misma cosa.

En cualquier caso, en medio de la barahúnda estadística queda alguna cosa medio clara:

1. Los 505 millones de habitantes de la UE-28 generamos, directa o indirectamente, casi 5 Tm de residuos por persona al año. Según Eurostat (2012), 4.985 kilogramos para ser exactos

2. De esa cantidad, la mayor parte corresponde a construcción y demolición (33%) y minería y canteras (29%), cosas en la que los individuos poco podemos hacer, aparte de tomar conciencia e intentar influir en las normativas. Intentar.

3. La basura doméstica supone 213 millones de Tm (21,2 millones en España), a razón de 423 kilos por persona (453 en España, kilo y cuarto al día).

EL GAS DE VERTEDERO Y EL METANO.-

¿Qué sucede con la parte de todo esto último que acaba en vertederos? Pues que esa masa de variados productos y sustancias (50% de todo ello comida, según los californianos), distribuida en capas cubiertas de tierra, se va descomponiendo, biodegradando, a diferentes velocidades y con múltiples reacciones químicas –la digestión anaeróbica-, produciendo como uno de sus resultados lo que se denomina “gas de vertedero” (LFG o “landfill gas”) que lenta pero inexorablemente va encontrando su camino a la atmósfera. El LFG es básicamente metano -CH4- (40% al 60%) y el resto CO2, con algunos condimentos bastante indeseables como azufre, benceno, tolueno, cloro, flúor o bromo. Todo eso se suma al aire que respiramos. Y el metano es, además un gas con un potente efecto invernadero, porque su capacidad de atrapar calor es más de veinte veces superior a la del CO2. Es por ello que pese a su relativa corta vida en la atmósfera es considerado un “forzador climático a corto plazo”.

O sea que hay que cargarse el metano de los vertederos. El gas de vertedero, aunque menos calorífero que el gas natural, que es básicamente metano, también arde. Pues otra solución: se hinca un tubo gordo, se recogen los gases en profundidad, se pone un mechero, una chimenea alta y se quema el gas -el que se captura, que no es todo ni mucho menos-, con o sin aprovechamiento de energía. Claro que ello puede traer algunos problemas. Algunos fatídicos para las pobres aves rapaces que se posan en la chimenea sin saber que hay un mechero al acecho (vertederos atraen roedores, roedores atraen rapaces). Otros menos evidentes, como que en la combustión del LFG, si no hay un buen proceso de filtrado previo a la combustión, en la misma se producen las llamadas dioxinas y furanos, compuestos químicos proclives a regresar a la cadena alimentaria y que definitivamente no queremos encontrarnos en nuestra sopa.

LA DIFÍCIL MEJORÍA.-

O sea que mal. Lo de la basura es un mal rollo y con una solución complicada a menos que los políticos y sobre todo los individuos nos impliquemos. California, que se fijó como objetivo reducir sus emisiones por vertederos de 427 MTCO2e en 1990 a 85 MTCO2e en 2050, estaban en 478 MTCO2e en 2008. O sea que para atrás en lugar de mejorar. A nivel global, las emisiones de metano hasta 2030 se teme que aumenten hasta un 45%. También para atrás.

Una propuesta principal de la EPA en Estados Unidos es reducir la cantidad de comida que va a la basura y fomentar las redes de compostaje, para la descomposición aeróbica de los restos que lo permitan (vegetales, frutas, cáscaras de huevo, etc.). Sus estudios van indicando que resulta en conjunto más económico discriminar lo que tiramos a la basura y fabricar compost con buena parte de ello que llevarlo al vertedero. Y además los empleos que se crean están mejor pagados que otros en esa industria.

PROPÓSITO.-

¿Y usted y yo, qué hacemos? Asumiendo que haya leído hasta aquí… Bueno, yo, como pista, he optado por una compostera clandestina, en plan “moonshining” inverso. Y así espero producir un par de cientos de kilos de compost al año, lo que será menos basura en mi vertedero, que no sé dónde está, menos metano, menos dioxinas y cosas así. Y de paso me toca caminar hasta el escondite, a ver si así consigo no acabar como los pasajeros del Axiom… Por ahora el Seprona no me ha localizado, pero cuando lo haga seguro que vamos a tener una interesante charla.

P.S. Y en esta apasionante campaña electoral que nos amenaza ¿alguien ha oído a algún político hablar de estas cosas?

Les dejo con, “Down to Earth”, por Peter Gabriel:

Save the Children

“Ah, the children. It’s always the innocents who suffer” (Juego de Tronos)

Otro año la amenaza de molicie navideña me ha puesto a pensar, por contraste, un poco más allá de la comida y los regalos. No lo puedo evitar. Quisiera tener el oído selectivo ese de unas ranas chinas, o australianas, que sólo oyen lo que les resulta interesante, eliminando biológicamente todo el ruido de fondo. O sea que oyen al macho o hembra por aquello de perpetuar su especie, o la cercanía de cualquier otro animal que coma ranas –por lo mismo-, pero no la cascada cercana u otras cosas que les son indiferentes. Nosotros no podemos, por más que lo intentemos. Una pena, porque ruido hay mucho.

Sobre todo porque la Navidad, más allá de una celebración cristiana, se ha ido enredando con tradiciones festivas –anglosajonas, escandinavas- y un profuso mercantilismo que las ha convertido en un totum revolutum con lucecitas de colores que se extiende desde el “Black Friday” hasta las rebajas. No me llamen aguafiestas. Respeto la religión y creo que el cristianismo tiene toda la razón y derecho de celebrar estos días. Y me gusta la vida en familia, ver a mi gente y compartir la felicidad de los niños, que es mi mayor felicidad. Y recibir noticias de amigos de los que no sé hace tiempo, aunque anda eso de la amistad epistolar un poco depreciado con tanta informática, que a veces no sabes si te felicita Javier o Hal 2000.

Pero me remuerde la conciencia. La mía. Me remuerde por tanto plan de qué comemos y qué compramos cuando sigue tanta gente por ahí pasándolo mal. Este año me he fijado, y no me lo quito de la cabeza, en lo de los sirios rescatados en el Mediterráneo por un barco científico español. Barco siriosCasi doscientas personas, de las cuatrocientas que se apiñaban en la bañera oxidada que surcaba en mar, entre ellas 61 niños, que fueron desembarcados, afortunadamente sanos y salvos, en Sicilia. Para acabar en un campo de tiendas de campaña, sospecho que sin arbolito de navidad ni juguetes. Los musulmanes, si es que estos lo son, porque en Siria había bastantes cristianos, no celebran la Navidad, pero seguro que a sus niños les gustan igual los juguetes, la comida, el calorcito. Como de tantas tragedias de ese cariz, para Nochebuena ya no se hablará de ellos. Ya no se habla de ellos. No sabemos quiénes son, no sabemos dónde están, no sabemos qué será de ellos, no sabemos bien qué drama estaban tratando de dejar atrás. Seguro que no nos deja indiferente cuando vemos las noticias, pero no sabemos cómo resolverlo.

Resolverlo no, pero algo sí podemos hacer. Yo este año he decidido acudir al antiguo método del “sablazo”. Te encuentras a un amigo o conocido por la calle y sin aviso le espetas: “oye, ¿tú me prestarías veinte euros? Tienes que decir que es un préstamo, aunque tu amigo sepa que no se lo vas a devolver. La verdad es que veinte euros no llegan muy lejos hoy en día. Si no nos toca el reintegro del décimo de la lotería de ahora mismo tampoco nos va a matar el disgusto. Así que tu amigo te acaba dando los veinte euros. Tal vez pierdas un poco de su estima. Es un riesgo que hay que correr. Así que daos por sableados: “oye, ¿tú me prestarías veinte euros?

¿Sí? Bueno, pues no me los des… envíaselos a Save the Children.

Aquí están sus cuentas:

Santander: ES13 0049 0001 5224 1001 9194

Caixa Bank: ES89 2100 1727 1202 0003 2834

BBVA: ES83 0182 5502 5800 1002 0207

Bankia: ES81 2038 1004 7168 0000 9930

Espero conservar tu estima. ¡Feliz Navidad!

BuitreHoy leo el comentario de un amigo a propósito del grupo de “gastadores black”. Dice algo así como que “ya que los gastos se contabilizaban por la Caja en quebrantos, sus autores deberían ser sometidos a la acción de los quebrantahuesos” (Gypaetus barbatus, especie de ave accipitriforme de la familia Accipitridae, es un buitre que recibe su nombre por su costumbre de remontar huesos y caparazones hasta grandes alturas, para soltarlos, partirlos contra las rocas y poder ingerirlos para alimentarse). Me ha hecho pensar. Está bien el juego de palabras pero, aparte de que la pena que propone es totalmente impracticable, porque no disponemos de suficientes ejemplares de este buitre en peligro de extinción (y alguno añadirá aquello de que, además, “buitre no come buitre…”), no responde al criterio de proporcionalidad, que es lo que me preocupa.

Así que he resuelto desempolvar mi ejemplar de “De los Delitos y las Penas”, obra de Cesare de Beccaria publicada en 1764, esencial para estos casos. Veo por la contraportada que lo compré cuando no había yo cumplido los veintidós años. Me sigue interesando el tema. La primera página describe los tormentos ordinarios -para que el reo confiese- y extraordinarios -una vez que lo ha hecho- y en particular el llamado “de los borceguíes”, consistente en sujetar fuertemente las piernas del reo entre cuatro tablas e introducir cuñas a martillazos de forma que los huesos saltaran por la presión… Leer sobre los tormentos y mutilaciones infligidos en nombre de la ley, todavía en el siglo XVIII, da escalofríos. Afortunadamente la cultura y la civilización han eliminado esas barbaridades, pero siempre es saludable reflexionar sobre la forma de mejorar la justicia.

A Beccaria le preocupaban, entre otras cosas, la prontitud, la proporcionalidad y la eficacia: “para que toda pena no sea violencia de uno o de muchos contra un particular ciudadano, debe esencialmente ser pública, pronta, necesaria, la más pequeña de las posibles en las circunstancias actuales, proporcionada a los delitos, dictada por las leyes”.

Sin exculpar a priori a ninguno, me parece que en este contingente de ochenta y tantas personas relacionadas con las “tarjetas black”, hay de todo. Desde aprovechados puros que han sacado el mayor partido de unas circunstancias favorables (y creo que el Sr. Blesa es uno de ellos), a gente que ha trabajado y, además, se ha aprovechado. Movidos por la ambición y la vanidad, casi todos se han rendido a una tentación en la que es fácil caer para luego habituarse y darlo por natural: el gusto por todo lo bueno. Y más si es gratis y tax-free. Y asumirlo como un derecho adquirido. “I have the simplest tastes. I am always satisfied with the best” (“Tengo gustos sencillos. Siempre me satisface lo mejor”). La frase es de Oscar Wilde, aunque también se la atribuyeron a Winston Churchill. Qué fácil resulta acostumbrarse al buen vino, al cuero fino, a la suave seda, la buena mesa, los zapatos de anca de potro, el mejor whisky. Yo lo volvería a hacer fácilmente, que algo olvidadas tengo muchas de esas cosas. Les comprendo, pero tendrán que pagar.

Y ahí vamos a lo de la proporción y la eficacia. ¿El dinero? Que lo devuelvan, sí, pero casi ninguno de ellos va a tener problema en hacerlo. Duele, pero no tanto frente a otros riesgos. ¿La cárcel?, improbable. La proporción real se satisfaría aplicando una pena de verdad redentora, que les corrija de su ambición y vanidad. No hace falta mucha imaginación. ¿Comidas en Zalacaín? Hay uno que leo que se ha gastado cien mil euros en restaurantes, pues diez años sirviendo comidas, y cenas, en un asilo de indigentes. Ese señor necesita saber lo que es la miseria y la caridad. ¿A la de la Fundación que era responsable de la obra social? ¿Cuántos años dice…?: pues los mismos años trabajando con los servicios sociales que ayudan, por ejemplo, a las mujeres maltratadas. Yendo a sus casas, viendo a sus niños. Para que sepa lo que es la obra social de verdad. Al que le gusta la caza y los animales, pues a limpiar perreras de perros abandonados, que es una noble y gratificante causa. Aprendería sobre la bondad y la lealtad. Y así. Seguro que se nos ocurren más cosas.

”El fin, pues, no es otro que impedir al reo causar nuevos daños a sus ciudadanos y retraer a los demás de la comisión de otros iguales. Luego deberán ser escogidas aquellas penas y aquél método de imponerlas, que guardada la proporción hagan una impresión más eficaz y más durable sobre los ánimos de los hombres, y la menos dolorosa sobre el cuerpo del reo”.

Y pronto.

No sé.

Les dejo con Los Bravos: “Black is black, I want my baby back…”. Gran tema, máxima actualidad.

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