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la fotoCreo que nunca llegaré a conocer un desierto. El Sahara, difícil. Gobi, Kalahari, Atacama, Arizona, son sitios a los que me da que no voy a ir de turista. Los desiertos no son muy apetecibles para casi nadie, beduinos y coyotes aparte. Pero, puesto a pensar, he concluido que algo sí que sé del desierto. Cuando hice la mili, en Rabasa, al lado de Alicante, nos llevaban a recoger piedras a su antiguo aeródromo. Por allí debió pasar Saint-Exupery, camino de Orán, pero mientras yo recogí piedras jamás vi avión alguno. Creo que el ejército lo hacía sólo para entretenernos y tratar de imbuirnos disciplina ciega. Mirando hacia atrás me doy cuenta de que aquello ya era, y sospecho que sigue siendo, parte del desierto. Un día a la semana nos llevaban “al tiro”, a disparar contra la montaña de Fontcalent, donde el riesgo de que matáramos a alguien sin querer se reducía por la condición también desértica del paraje. Hoy hay allí una prisión de alta seguridad y algún cultivo bajo plástico y riego por goteo, recursos de tierras de secano. Efectivamente, sigue todo aquello reseco, como casi todo el sureste de España. A lo largo de mi vida me he acostumbrado a estar rodeado de secarrales, que no tengo claro cuánto han empeorado en los cincuenta años que llevo por aquí. El desierto nos invade. No nos damos cuenta o hacemos la vista gorda, a ver si lo arregla el gobierno (o los eurodiputados, je, je) o se arregla solo. Las urbanizaciones verdean cual oasis, con sus piscinas azules, palmeras y buganvillas multicolores. Pero das un paso fuera y el terreno es pedregoso y polvoriento.

Yo vivo en el “Cabo de las Huertas”, una zona llamada así porque hace algo más de un siglo se dedicaba al cultivo, no me pregunten cómo. Hacia 1900 se trazó la carretera que conduce de Alicante a las playas y se fueron construyendo un edificio tras otro, hasta casi colmatar el territorio, salvo lo poco que se conservó para algunas plazas y parques. A diez minutos andando desde mi casa tengo un tal parque, el “Bosque Metropolitano del Cabo de las Huertas”, junto al mar, parte de un grandilocuente plan de la Generalitat Valenciana. ¿Bosque? No es que los árboles no te dejen verlo, es que no hay bosque más que en el nombre… Son 27 hectáreas de tierra estéril y pedruscos, sin rastro de cubierta vegetal, que después de muchos años me he decidido a estudiar. La verdad es que da pena. Se han muerto hasta los pobres cactus, que deberían estar acostumbrados.

Ayer fue el “Día Internacional del Reciclaje”. Seguro que los españoles de a pie nos habremos quedado medio tranquilos al escuchar “lo bien que vamos” en lo de reciclar, o al menos eso nos cuentan teles y radios. “Año tras año la sociedad española es más responsable a la hora de cuidar el planeta. Los últimos datos registrados sitúan a nuestro país entre uno de los países con mejores medidas de reciclaje” (Cadena Ser). Ésa es una noticia que habla del reciclaje de vidrio. Y lo fácil, sin ahondar, es pensar que todo va bien. Pero cuando miras los datos del INE, pese a que inexplicablemente sus series se han detenido en 2004, España, con 662 Kgs/año produce un 43% más de basura por persona que la media de la UE25, con 461 Kg/año. Y que frente a los países más avanzados de Europa, en que sólo el 20% de la basura acaba en el vertedero (Suecia), en España el 55% tiene (tenía), este fin. Eso era en 2004. ¿Cómo estamos hoy?, supongo que el INE nos dirá en 2024.

En suma, suelo vegetal desaparecido, poca o nada de lluvia (en Alicante algo así como 5 litros/m2 en los últimos 8 meses), 2014_est1_analisis_est_p_8019mucha basura y una conciencia ciudadana que espera a que venga alguien, no sé yo quién, y arregle nuestro medioambiente, en que han de vivir mis nietos y las futuras generaciones.

Algo habrá que hacer.

P.S. Hace unos días andaba yo buscando en Internet sobre la canción de los Gershwin, “Oh, Lady Be Good”. Al hacerlo me encontré con una de esas historias que te conmueven. Siguiendo la tradición de muchos aviadores en la II Guerra Mundial, “Lady Be Good” fue el nombre que adoptó su tripulación para un bombardero americano basado en Libia. En 1943, al regreso de una misión en Italia, les sorprende una tormenta de arena, les falla el sistema de navegación, se pierden y el avión se interna en el desierto. Al quedarse sin combustible, la tripulación, convencida de que el avión se va a estrellar, salta en paracaídas. Pero el avión sigue volando, cual fantasma solitario, otros veinticinco kilómetros y, planeando, se posa sobra las dunas del Mar de Arena de Calanshio, prácticamente intacto. La tripulación de nueve, salvo uno, sobreviven al salto, pero no aciertan en hacia dónde dirigirse y tras hasta ocho días de marcha desorientada perecen todos uno tras otro. El avión se descubre en 1959 por un equipo de prospección petrolífera y los cuerpos en 1960. El drama se ha podido conocer a través del diario que el comandante del aparato mantuvo hasta el último momento. No les funcionó a los pobres la petición de clemencia que parece rondar detrás del nombre de su avión. Porque el desierto no perdona.

Anuncios

IMG-20130126-00097Mi mujer me suele llevar una hora de ventaja. A veces más. Cuando yo estoy empezando a pensar en si está nublado o hace sol, con la oreja pegada a la almohada, ella ya ha desayunado, se ha vestido y a menudo está lista para salir a la calle. Deberían inventar algún tipo de hándicap, como en el golf o las carreras de caballos, que me ayudase en la relación matrimonial matutina. Pero bueno, a la noche recupero, y le suelo sacar una hora en que ella duerme a mi lado, paciente frente a mi luz de lectura. O sea que vivimos un poco al tresbolillo. Sólo mañana y noche, no preocuparos hijos, que el resto vamos parejos.

Esta mañana después de desayunar, para no ser excepción sabatina, me siento en pijama a leer la prensa en la “tableta”. Gran invento lo de la prensa digital. Pena lo de los contenidos. Apenas acomodado en el sillón, mi mujer me anuncia que se marcha al supermercado. ¡Vaya, menudo negrero estoy hecho! Dejar a mi mujer que se vaya sola a cargar comida para la familia. Pero ya se ha ido. Paso el dedo por la pantalla… Página 8: caso “Pallerols” y una foto del tío de la coleta. Página 9: publicidad. Página 10: que si el director de la fundación Idea es un golfo, nos acabamos de enterar, y la saga de Amy. Página 11: publicidad. Página 12: que si el ático de González y lo de Bárcenas, nos acabamos de enterar, no sospechen. Página 13: que si Undargarín y Revenga y enchufes fallidos. Y una publicidad con Casillas, por lo menos algo decente. Página 14: de Sortu, Batasuna y sus líderes estimulantes. Página 15: sobre el pufo de la prisión de Huelva , los ERE’s del fondo de reptiles y la pintura fantasma. Página 16: sobre la mafia rusa y violencias domésticas escalofriantes. Y no me he topado con lo del paro, que ya ni es noticia, al menos entre las primeras 16 páginas…

– ¿Oye, dónde estás?
– En la caja de Mercadona.
– Pues espérate que voy para allá y te ayudo con las bolsas.
– Vale, te espero delante del chino…

Así que para allá que me voy tras mis 16/72avas partes de periódico. Ya va bien, que las depres ya me las gestiono yo sin ayuda. Delante del chino efectivamente me espera mi mujer. Juntos nos vamos a la verdulería. De L’Alquería por nombre.

Me quedo fuera porque la tienda está llena de clientes. Hay una cola de 15 ó 20 personas esperando a pagar, lo que invita a la reflexión. ¿Por qué una verdulería al lado de Mercadona tiene tal éxito?

Alicante-20130126-00111Pues, por una parte, seguro que por cosa de la cadena de suministro, más corta que en dicho supermercado. De hecho, la “cadena” está en la propia puerta: un furgón Iveco lleno de cajas de mercancía ya vendida. O sea que reposición diaria y producto fresco, clave, en frutas y verduras. Variedad, mi asesora me dice que la prefiere porque tienen de todo, además de fresco. Calidad, mi asesora me dice que lo que tienen es todo de calidad alta, sin recelo de fruta estropeada o desperdicio. ¿Precio?… no sabe, no tiene claro que sea más barato o más caro que Mercadona, lo que sabe es que aquí encuentra lo quiere. Así que mi asesora me carga con las bolsas y mientras caminamos de vuelta a casa repaso mentalmente algunas conclusiones que me parecen relevantes, en el comercio minorista al menos, de cara a la crisis de falta de trabajo que padecemos:

1. Los negocios siguen siendo posibles si uno encuentra el ramo adecuado.
2. Hay que ofrecer calidad y variedad, lo que en parte implica especialidad.
3. Se puede competir con los grandes. Es cuestión de encontrar sus puntos débiles.
4. De hecho, la proximidad de los grandes es una ventaja porque la clientela en potencia merodea por la zona.
5. Hay que trabajar. Esta verdulería cierra a las 9 de la noche y abre a las 9 de la mañana. Y todos los días tiene producto fresco. Alguien hace “after hours” en esa organización.
6. Una red local de proveedores ayuda a acortar la cadena de suministro lo que seguramente redunda en precios ajustados y ¡sostenibilidad! (el furgón está comprado en Alicante, carrozado en Alicante y las frutas y verduras son casi todas de origen local).
7. Reputación: créate imagen de calidad y preocúpate de mantenerla y los clientes vendrán solos.
8. El precio importa, pero a veces no es el primer factor frente a calidad. Algo como lo de “lo barato sale caro”
9. Trabaja, también cuando se pone el sol. ¿Ah, que ya lo había dicho? Pues valga la redundancia.

Y casi me atrevo a añadir un 10º “mandamiento”: ¡no leas el periódico!

Hace unos veinticinco años subí con mi hijo a la Sierra de Bernia. No lo digo para presumir de alpinista, que al fin al cabo la cima está a 1.128 metros. Además sólo llegamos hasta el Fuerte Bernia, a 803 metros, cuyo acceso por la cara norte de la sierra es poco más que un agradable paseo mañanero, sin necesidad casi ni de provisiones. Aunque una vez arriba ya nos habríamos comido un bocadillo del chorizo ese de Campofrío, que no recuerdo yo que lleváramos. Pero la vista panorámica compensa. Se contemplan, desde los restos del fuerte, sesenta o setenta kilómetros de costa y Mar Mediterráneo, desde Alicante hasta Jávea, Peñón de Ifach por medio. A nuestros pies, la blanca Altea.

Altea era ya entonces uno de los pueblos más prósperos de la zona, con su “caché” particular, favorito de artistas, preferido del turismo alemán, buenas tiendas y restaurantes. Todo ello pegado al mar, en medio de su magnífica ensenada entre El Albir y el macizo del Mascarat. Al Puerto Campomanes, o Marina Greenwich (por su asiento en el meridiano 000º 00’ 00’’), le pilló la crisis de los noventa, pero afortunadamente sobrevivió. En mi tiempo de Bancaja me tocó lidiar con algunos adjudicados en ese sitio, que estaba claro que no podía ser malo pese a alguna barrabasada arquitectónica. Llegaron luego algunas promociones de “gama alta” en terreno necesariamente limitado, entre la N332 y el mar: La Galera o Villa Gadea, la que fue aventura inmobiliaria de Julio Iglesias. Tan junto al mar no es fácil equivocarse. Lee el resto de esta entrada »

A las 5:50 a.m. crucé la Port d’Anvers (Atwerpse Poort) y seguí por el Boulevard Emile Jacqmain, que a esa hora está razonablemente desierto. Impresionantes edificios de oficinas de multinacionales. Tuerzo por la rue des Charbonniers (Weldadigheidsstr.) y me meto en la Gare du Nord. Ya hay bastante gente. Un rincón del nivel de la estación de autobuses, que comparte edificio con la de trenes, está separado por vallas de obra cubiertas con lonas. Espío por una rendija y descubro un pabellón improvisado de indigentes, que duermen o deambulan. Bruselas, capital de Europa.

Me reconforto de pie con un café a la russe y un croque au chocolat, entre obreros, ferroviarios y viajeros varios. Ya tiene la cosa mejor pinta. Tomo el 6:26 hacia Charleroi. Sobre las siete, plena oscuridad húmeda de enero, para el tren en la estación de Waterloo. Gente arrebujada aguarda su tren en dirección Bruselas. Algunas de mis conversaciones del día antes me informan de que todavía quedan en el pueblo belga cicatrices de aquella batalla de hace casi doscientos años. La división idiomática, económica y política se exacerba. Alguno me dice que no sabe siquiera qué será de Bélgica dentro de diez o quince años. Lo único que parece que tienen claro es la supervivencia de Bruselas gracias a su capitalidad europea.

A las ocho abordo el bus que me lleva de la Gare de Charleroi a su aeropuerto, hub de Ryanair. Todo muy low cost, incluyendo la cola de varios minutos en la pista, bajo aguanieve, para subir al avión. Pero por tres-euros-tres que he pagado por el billete de Bruselas –bueno, Charleroi-, a Alicante, no ha lugar a protesta.

Me despierto de mi siesta aérea sobrevolando la sierra Aitana en un esplendoroso día mediterráneo. El piloto me regala una aproximación, desde Villajoyosa y sobre el mar, con vistas de belén de lujo de la costa alicantina, el Puig Campana, la isla de Benidorm, playas y mi casa incluida. No puedo evitar pensar en los viajeros en la estación de Waterloo, por no hablar de los indigentes de la Gare du Nord.

Esta semana próxima se celebra Fitur en Madrid. Reforzar la llegada de turistas foráneos debe ser un objetivo permanente. Por mucho cambio de modelo productivo sobre el que queramos trabajar, conseguirlo llevará, en el mejor de los casos, algunos años. Mientras tanto hay que esforzarse en lo que tenemos.

La gran diferencia entre atraer turismo foráneo y la venta –o alquiler- de casas a extranjeros, es que el turismo tiene una máquina de promoción y distribución depurada por años de experiencia, en la que los distribuidores, los tour operadores extranjeros, están tan interesados como los hoteleros en que la cosa funcione. Esa máquina de promoción y distribución, como tal, no existe en el inmobiliario. Cuando escucho que en Castellón hay cerca de cien mil viviendas nuevas sin vender, me sorprende que entre todos, incluyendo hoy en día bancos y cajas, no hayan montado una gran operación para mostrar, y recordar permanentemente a los centro-europeos, lo maravilloso que es el sol del Mediterráneo en enero. Ya sé que lo de vender sol es un tópico, pero desde la ventanilla del 6:26 de Bruselas a Charleroi, se siente su vigencia.

¿Y el último ingrediente? Pues un toque de low cost, que habrá que aprender a aplicar a todos, o casi todos, nuestros negocios. Exactamente lo contrario de lo que en el inmobiliario hemos aplicado en estos últimos años.

“My first view of Burriana? It wasn’t a view. It was a smell, for the offshore breeze carried to our dirty little freighter the odor of orange blossoms, heavy and pungent and inescapably the odor of Spain. Then, in the direction from which this superb aroma came, I saw the low shore begin to rise from the waves and with incredible swiftness present itself. Our ship slowed. The anchor chains went out… I was to see the Spain that men have written about for two thousand years, but seldom would I see anything so representative of Spain” (James A. Michener, Iberia)

Parque Blanco

Parque Blanco

Hoy es domingo. Me he levantado un poco más tarde que de costumbre. Hace un día radiante. Desde la ventana del dormitorio he mirado el mar. En la piscina delante de mí un robot se está ocupando de limpiar el fondo para que dentro de unos días podamos nadar con las máximas garantías. La piscina es de tamaño olímpico y se ha quedado un poquito grande para los que somos en la urbanización, pero bueno, hay cosas peores.

Luego he desayunado, zumo, tostadas de pan integral con mantequilla y jalea de grosella, café con leche. He puesto la televisión y me he topado con un reportaje sobre Ruanda (donde las matanzas de los tutsis por los hutus, ya saben). Entrevistan al doctor Mariano Pérez Arroyo y al misionero Josep Cabanyol, que nos muestran la situación de los hospitales por allí y la desnutrición de un grupo de personas que come siete u ocho patatas como plato único del día para todos. Mientras miramos para otro lado, unos pocos hombres y mujeres extraordinarios luchan por mejorar esas cosas. El doctor Pérez Arroyo es catedrático de neurofisiología de la Universidad de Alicante y trabaja en la clínica Vistahermosa, donde nacieron mis hijos. Con 70 millones de pesetas que recaudó en Alicante hace unos años y seguro que mucho esfuerzo, ayudó a crear un área de formación del hospital de Medicus Mundi en Nemba, Ruanda, donde ya han nacido 120.000 niños desde 1974. Mariano está empeñado en la enseñanza para la clase médica y la enfermería en aquél pequeño y pobre país. El hermano Cabanyol explica como Caritas ha donado cabras y ovejas, también en Ruanda, y enseña a los pobladores de aquellos pueblos a criarlas para ayudarles a que tengan leche y suplementen su alimentación.

Fuera, a unos metros de mi casa, me encuentro con el conflicto moral de nuestro sistema. No del sistema capitalista, no, de nuestra sociedad que se va anclando de forma progresiva en una burguesía indiferente a lo que no sean sus propios malestares. No importa que la gente se muera de SIDA, malaria o cólera, con tal de no verla.

He aquí el conflicto, el Plan Ẽ a mi alcance:

Mejora del vallado de campo de fútbol en calle Palangre, € 60.000. Vallado realizado hace meses o años en el que simplemente ha aparecido un cartel hace unas semanas. O estoy muy confundido o se trata de un apaño patente y consentido en las cuentas municipales para con algún proveedor. Generación de empleo 0.

Reposición de suelo del parque infantil que usa mi nieta Alba, gracias por ello. Pero… ¿€ 99.000? ¿Ustedes ven la foto? ¿Alguien se cree que 100 metros cuadrados de pavimento, el que sea, pueden costar ese dinero? Generación de empleo, pues no sé, dos o tres personas. Yo lo haría yo solo, en plan bricolage de ratos libres y se lo ofrecía de regalo a Alba.

Instalación de césped artificial en la mediana de la Avenida Costa Blanca, € 836.000. Saquen la calculadora y vean cuánto es eso en antiguas pesetas. Pues unos 140 millones. ¿De verdad nos podemos permitir estas cosas? ¿En cuánto tiempo se amortizará o desaparecerá ese césped artificial?

Urbanización espacio público entre las calles Tridente y Curricán, € 342.000…

Todo esto lo ha recorrido mi nieta, que todavía no tiene dos años, hace un rato. Nos ha encantado el paseo, pero cuando ella tenga conciencia de la sociedad a la que pertenece y las injusticias que abriga en su seno, confío en que empiece a avergonzarse como yo lo estoy. Y que sepa hacer algo.

La justicia social no debería tener ni color ni fronteras.

Lo que me recuerda que, laicismo o no, lo de la casilla de la Iglesia es casi una obligación. Caritas merece todo el apoyo, que al fin obras son amores y no buenas razones…

Parque Negro (incluye balón Champion League)

Parque Negro (incluye balón Champion League)

En Busca del Fuego (1982) es una de esas películas que no pierden interés con el paso de los años. Jean Jacques Annaud, junto con Desmond Morris (El Mono Desnudo) y Anthony Burgess (La Naranja Mecánica) que le ayudaron a a estructurar el lenguaje de la película, desarrollaron, salvo por un cierto anacronismo, una historia creíble del paleolítico, sobre el enfrentamiento de Homo Sapiens y Neanderthales, con el afán sobre todo de disponer de fuego, base de la supervivencia de la época. ¡Lo que hubieran dado por un encendedor Bic…!

Ochenta o cien mil años cinematográficos más tarde, ya tenemos afortunadamente resuelto lo del fuego. Ahora nos queda lo del agua… Sapiens y Neanderthales siguen sin entenderse, cosas del lenguaje.

Agua y erosión, poco de lo uno o mucho de la otra, y la consiguiente desertización de una parte importante de nuestro territorio, están entre las cuestiones de más calado en el desarrollo económico a largo plazo de nuestro país. Estamos tan preocupados por el corto plazo, que estas cosas de tránsito secular nos dejan un poco indiferentes. Nos acordamos del cambio climático cuando nos muestran imágenes de algún iceberg gigante desprendido de las zonas polares o nos visita Al Gore. O cuando nos tocan el bolsillo, porque de repente nos cuentan que la emisión de CO2 en España ha crecido un 50% desde 1990 y como consecuencia tenemos que comprar derechos de emisión para compensar nuestros excesos. ¿No éramos nosotros del bando ecologista?

No es fácil hablar de agua ni de química o dinámica de suelos. Lo primero, desgraciadamente, se ha convertido en un tema esencialmente político, ante lo que al ciudadano medio está impotente. Lo segundo está limitado a ingenieros agrónomos o forestales y científicos varios. En la práctica, 80.000 km2 del territorio español, incluyendo grandes zonas de Alicante, Murcia, Almería o Las Palmas, tienen riesgo alto o muy alto de desertización. No hay más que mirar por la ventanilla cuando vamos a la playa para darnos cuenta.

Intuyo que si trabajásemos para mejorar la distribución del agua y frenar la destrucción de suelos de nuestros montes y la desertización amenazante, nuestra economía mejoraría en el largo plazo y probablemente no tendríamos que recurrir a la hipocresía de comprar derechos de emisión. Pero como digo, eso son políticas de largo plazo, que a pocos interesan. ¿Cuántos españoles, incluidas administraciones regionales y locales, conocen las obligaciones y posibilidades del Plan Forestal Español 2002-2032? ¿Alguien ha oído hablar del PAND, Programa de Acción Nacional contra la Desertificación? “La historia demuestra que las crisis pueden ofrecer enormes oportunidades estratégicas”. ¿Será el momento de mirar a nuestros montes y campos?

Las tierras arables en España han disminuido un 12% en veinticinco años. Los pueblos se vacían. España ha visto reducida su fuerza laboral agrícola a poco más de un millón de personas, cubriendo las necesidades de mano de obra con marroquíes, subsaharianos y latinoamericanos. Se está abusando del cultivo bajo plástico y las grandes fincas de olivo y viña en pendientes excesivas han hecho un daño que hay que detener. Francia ha reducido su población rural todavía más y hoy ocupamos casi un 50% más de personas en el campo que nuestros vecinos. Y sin embargo Francia exporta productos agropecuarios por el doble de valor que el de España. Ello quiere decir que la productividad agropecuaria de España, por no ser excepción, tampoco debe ser buena. Pero también debe querer decir que podríamos ser capaces de mejorarla. Ello sólo se conseguirá con una decidida actuación de vuelta y apoyo al medio rural, que las autoridades harían bien en fomentar.

El proceso de urbanización y la creciente concentración de nuestros problemas e inquietudes en el medio urbano, en la congestión de tráfico, las emisiones de CO2, la carestía de la vivienda, no debería hacer perder de vista las oportunidades que habrá que encontrar lejos de la ciudad. Y de rebote deberíamos mejorar los problemas de erosión y desertización si sabemos y queremos reconstruir el equilibrio clima-suelo-vegetación-hombre. Sobra espacio. Falta agua.

Porque si no lo hacemos, yo creo que mirando a España como miramos hoy a aquellos Homos Sapiens del principio, dentro de unos cuantos miles de años unos arqueólogos excavarán y encontrarán nuestras necrópolis y de ahí intentarán deducir como vivíamos los Homos Urbanus de aquel desierto. Aunque me hace sonreír por anticipado lo que les va a costar entender lo de las placas solares encima de los nichos…

P.S. Ya están los japoneses copiándonos las ideas…:

opinion_13_japon_japon_parados_trabajar_campo.html

¿Cree usted que España se beneficiaría de una mejor distribución del agua?
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