ernest-hemingway-life-magazine-d4579d8ef5706d33[Oct. 2012] The Old Man and the Sea, Ernest Hemingway [1952, 109 p.] La última novela publicada en vida del autor, leo que vendió cinco millones de copias en la primera semana desde su publicación. Por ella recibió el Premio Pulitzer 1953. En 1954 le fue concedido el Nobel.

Novela corta, “novella” en la expresión inglesa, narra la salida al mar en aguas del Caribe de un viejo pescador que busca capturar un pez espada que le redima de su larga racha de mala suerte. La lucha entre el poderoso animal y el pescador, de fuerzas disminuidas pero armado de fe, pericia y perseverancia, en la que nunca abandona su respeto por el pez como criatura, son la trama de la novela en su casi integridad. Y los siguientes enfrentamientos con sucesivos escualos ratifican el destino de un hombre que se acerca al final de su existencia. La prosa es limpia y concisa. Veo que el ejemplar que tengo por casa lo utilizó una de mis hijas para estudiar los verbos compuestos en inglés, porque este libro se sigue utilizando en los colegios como ejemplo de calidad en su prosa.

La amistad del protagonista con un chico que le ayuda a subsistir en una humilde cabaña de la playa y su afición por el béisbol son los apuntes que ayudan a situar la historia. Parece que Hemingway se inspiró para el libro, escrito en Cuba, en la vida de un pescador de origen canario, lo que no puedo evitar que me incline a cierta simpatía hacia el personaje. Aunque el hecho de que la novela haya sido llevada al cine con Spencer Tracy como protagonista despista un poco, porque la verdad es que Tracy no tiene tipo ni de canario ni mucho menos de cubano, pero parece claro que lo hizo bien, porque le valió el Óscar al mejor actor en la película dirigida por John Sturges. Habrá que verla.

Como anécdota, Hemingway escribió a Spencer Tracy en 1953, refiriéndose a Fidel Castro: “Tienes que conocer a Fidel, es un buen muchacho aunque nunca trae un quinto y tengo que pagar sus bebidas. Temo que un día se meta en problemas. Parece un debilucho”. Cinco años después Fidel se hizo con el poder en Cuba, y ahí sigue. ¿Con que debilucho, eh?

Con todo, confieso que con Hemingway me queda la sensación de que su fama está condicionada por otros elementos alrededor de su vida que han alimentado su aura de gran escritor, excéntrico y vividor. Me ha sorprendido hace poco leer como Gabriel García Márquez, en sus “Textos Costeños” –cierto que en una “jirafa” previa a esta novela, sobre “Al otro lado del río y entre los árboles”- mantiene esta misma postura, añadiendo además que la comparación que se suele hacer entre Hemingway y William Faulkner, por ejemplo, no se sostiene.

Se puede… o se debe leer. Y que me perdonen sus adictos si no le echo más calor a la recomendación.

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