¿Made in China?

Casi tanto más que en lo de la leyenda negra y el Financial Times me he fijado esta semana en lo de que los chinos se están quedando con los bares de tapas. Esto sí es importante. ¡Les creíamos limitados a los rollitos de primavera y el cerdo agridulce y resulta que se están pasando a las patatas bravas y los calamares fritos! He visto a un chino haciendo una paella y la verdad es que se dan un aire con lo del arroz… Lo primero que se me ha ocurrido es que ¡debemos contra-atacar!

– Vámonos a Shanghai y montamos allí un restaurante de comida china, ¡se van a enterar!…

– ¡Pero eso es ridículo! China está muy lejos y no hablamos chino.

– Pues China está igual de lejos viniendo que yendo y ellos tampoco hablaban español… ¿Por qué no intentarlo?

– Pues porque no tío, porque lo de encontrar trabajo tiene un límite.

– ¿Sí? ¿Tiene un límite?

Me parece que ese límite es relativo. Los emigrantes, a los que muchos miran por encima del hombro, demuestran que el límite se amplía cuando aprieta la necesidad. Están dispuestos a separarse de su familia, de sus hijos, de marchar a un país extraño cuyo idioma o cultura a menudo no conocen y vivir en la nostalgia, para poder trabajar y salir adelante, como sea.

No he conseguido saber por la información del INE, y mucho menos por el SEPE, cuántos inmigrantes están en el paro en España. Pero sí lo he sabido por medio de un interesante documento: Migration and the Global Recession, encargado por el BBC World Service al Migration Policy Institute, un organismo independiente. Citando la Labor Force Survey de Eurostat, cifra el desempleo entre los españoles en septiembre de 2008, en el 10,2% y entre los extranjeros en el 17,4%. En marzo de 2009, 17,4% y 28,4% respectivamente. Hoy, no dice, pero témanse lo peor. Y pese a ello el programa de retorno -PREVIE- está teniendo unos resultados casi nulos: no llega a un 0,3% de un colectivo de 1.158.773 inmigrantes latinoamericanos se había acogido al mismo en junio de 2009.

Detrás del desempleo en España se esconde otra crisis en los países de origen, Ecuador, Colombia, Rumanía, Marruecos, que es el descenso de las remesas, que de los inmigrantes en España han caído más del 20% en el último año. Y no ha caído más, pese al paro, porque muchos inmigrantes siguen enviando dinero a base de quitárselo de lo que puedan. Remesas que en esos países son muchas veces esenciales para la supervivencia básica. La respuesta de los emigrantes ante la crisis, que Manuel Orozco somete a encuesta en un estudio para el Banco Interamericano de Desarrollo debería servirnos de ejemplo: 35%, gastar menos, 21% buscar un segundo empleo, 12% mudarse a una casa más barata… 1% darle la casa al banco o declararse en quiebra. Ante la adversidad, austeridad y trabajo.

España tiene en este aspecto un reto doble: dar trabajo a los que no lo tienen o lo han perdido y, aunque pueda parecer paradójico, seguir atrayendo inmigración y darle trabajo. Esta semana he oído que Alemania ha caído por debajo de los 82 millones de habitantes por primera vez desde 1995. La seguridad de las pensiones no depende de que los mayores trabajemos más tiempo. Depende de que haya más jóvenes que trabajen. En 2005 había en el mundo 195 millones de emigrantes, no más del 3% de la población mundial. España tiene una buena cuota, pero no debería renunciar a ella y buscar reducirla, sino buscar que la inmigración mejore en educación, más acuerdos con los países de origen, más ayuda a la integración aquí, mejor conocimiento del problema para buscar soluciones.

Ya sé, ya sé, que no somos capaces por el momento de crear empleo para nadie, tampoco para los inmigrantes. Pero pedir que se vayan no es la solución, en lo que Estados Unidos, Australia, Canadá, pueden darnos alguna lección de liberalismo. Más bien deberíamos aprender de su cultura del esfuerzo y su resistencia frente a la tormenta. Chinos paelleros incluidos.

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