Enero 2012. El Lobo Estepario, Hermann Hesse [1927, 222p.] Hace más de 25 años que este lobo dormita en mi biblioteca. Lo sopeso en la mano, le leo la contraportada y lo dejo, no me atrevo. Al final he pensado que no debía abandonarlo. No había leído nada de este hombre ni sabía mucho sobre él. El libro, con cierta base autobiográfica –en la referencia repetida al suicidio o la proximidad a la enfermedad mental, por ejemplo-, despliega el debate interno del protagonista, Harry Haller, entre sus varias personalidades, sus varias almas según las describe, y la duda constante entre cuál de ellas es, o debería ser la dominante: la humana o la que califica de “lobuna”. El aprecio por el arte, Mozart, Novalis –el hombre- o el disfrute sin freno de los placeres del cuerpo, fiestas, baile o sexo. La novela se mueve además entre realidad e imaginación sin una frontera clara entre ellas. Apunta la oposición al creciente belicismo de los gobiernos alemanes en el período de entreguerras, al que Haller se enfrenta como intelectual.

Sin conocer a priori sobre sus influencias literarias me ha parecido sentir, en su prosa, un regusto de Thomas Mann o de Kafka. Luego he leído que efectivamente Mann y Hesse fueron amigos y algunos comentarios de este último sobre Kafka, cuya obra conocía obviamente en profundidad. Con tales influencias no se puede decir que el libro sea desdeñable pero es, sin embargo, una obra difícil. De sus cuatro partes, la introducción en la que se describe a Harry Haller, la que como suelo hacer he dejado para el final, es lo que más me ha gustado, así que he cerrado el libro sin descontento.

La obra fue llevada al cine en 1974, “Steppenwolf”, con Max von Sydow en el papel de Harry Haller. No la he visto, pero le cuadra.

Hermann Hesse, que recibió el premio Nobel de Literatura en 1946 tuvo una vida larga e interesante, difícil en parte, y con posturas dignas de reflexión: “Sigo sin compartir la opinión de que la vida y la humanidad enteras deben ser politizadas, y rechazaré hasta la muerte cualquier intento de politizarme. Tiene que haber también gente desarmada, a la que se pueda asesinar. A este sector de la humanidad pertenezco y, por lo tanto, nunca convendré […] en que la poesía pueda ser menos importante y necesaria que el partidismo y la guerra.”

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