Llevo más de cincuenta años leyendo sin parar. Quiero decir todos los días. Sí que paro a ratos. Leo despacio, lo que limita mi alcance. Sobre todo en la cama, luminosa fricción matrimonial. Nunca me ha gustado tomar notas en los libros, de lo que me arrepiento. Leo sobre todo en inglés y en español, aunque también me atrevo en francés. He tenido rachas de ciencia ficción, de novelas policíacas, de maestros latinoamericanos, de guerra naval, de humor, de historia, algunos clásicos ingleses, economía, ciencia. Durante bastantes años nunca pensé que había libros que nunca tendría tiempo de leer. Ahora ya empieza a agobiarme la conciencia de que el tiempo es finito, me he vuelto selectivo, no quiero abrir un libro que no considere excelente de antemano, un problema. Y al tiempo quiero releer, pero me faltan los apuntes. He compartido poco el disfrute íntimo que supone un libro que te gusta, es difícil. El cine es casi siempre incapaz de recoger ese fondo secreto. Me falta sitio para guardar más libros. Dicen que la electrónica será la solución, no sé. Yo creo que cada libro que leemos nos deja un poso insensible de tinta, mezcla de cavilaciones y sentimientos antiguos, que se remueve en todos nuestros actos y que confío en que nos hace mejores.

Al final me he decidido a tomar algunas notas al margen para beneficio propio, que como esto de Internet es gratis, voy a dejar aquí colgadas, para cuando quiera consultarlas, el día que se me haya olvidado todo. Lástima no haber empezado antes.