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Hasta los 5 ó 6 años los Reyes Magos me tuvieron enredado con su historia y me la creí de forma casi desinteresada. Allá por 1952 me trajeron una pequeña carreta del oeste de madera con cubierta de lona y sus caballitos de tiro –también de madera, no crean-. En la carreta, unos saquitos llenos de monedas, no me acuerdo pero supongo que perras chicas. O sea que me tocó Melchor. No sé qué habría hecho con el incienso. Y mucho menos con la mirra, que no sabía, ni sé muy bien lo que es. De las perras chicas hice buen uso, dando vueltas en un tiovivo de la feria y comiendo papelón.
Bonitos recuerdos y la verdad es que me gustaría seguir creyendo. Y a ver si de paso conseguía algunos saquitos de esos, aunque fuesen de monedas y no de billetes. Pero he estado echando números y no me salen las cuentas, porque allá por 1952 éramos unos 2.600 millones de personas en este mundo y hoy somos unos 4.000 millones más. O sea que cada minuto, ¡cada minuto!, nacen algo más de 150 niños en el planeta Tierra. Y a mí que no me digan que estos señores con unos camellos son capaces de repartir juguetes a todos. Así que por algún lado hay truco: o los Reyes Magos son más de tres, cosa que por cierto la Biblia no acaba de aclarar, o tienen ayuda de más gente que no son reyes ni nada y nos tienen a todos engañados amparándose en la oscuridad de la noche. En fin, dejémoslo estar por esta vez, pero algún día habrá que aclarar quién está enterrado en Colonia…
A lo que voy, realmente, es a lo de los 4.000 millones de personas más. O sea unos 7.000 millones hoy y subiendo. Y toda esa gente tiene, tenemos, que comer. Unos 1.000 millones de los de hoy no lo hacen de forma suficiente. Y según el índice FFPI –FAO Food Price Index- los alimentos han subido de precio alrededor del 70% desde el año 2000 al 2008, lo que empuja a cada vez más gente a la miseria nutricional (de lo que los disturbios de Argel de ayer mismo o los robos de grano en Méjico son síntoma).
La creciente demanda de alimentos por el incremento de población y por la producción de bio-combustibles está causando un conjunto de acciones del que hablamos poco, pero que tiene consecuencias trascendentales y difícilmente reversibles, “the last land grab”: fondos de países con gran capacidad financiera están comprando masivamente terrenos en países pobres para convertir espacio que hoy está ocupado mayoritariamente por bosques o selva, en suelo cultivable. Los compradores, por orden de importancia (2008): Corea del Sur, China, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Japón. Los destinos de su inversión, también por orden: Indonesia (donde los saudíes habían comprado hasta 2008, 16.000 km2), Madagascar (los coreanos del sur, 13.000 km2), Filipinas (los chinos, 12.400 km2), Sudán (coreanos, EAU y saudíes, 10.800 km2), Laos o Brasil.
Debería parecer que todo esto es al fin y al cabo una cosa buena. Poner tierra en producción agrícola para tener alimentos suficientes para un mundo en expansión. Pero la escala y naturaleza de la operación es ciertamente inquietante e indeseable por varios motivos, tal como denuncian las ONG´s Grain y RRI –Rights and Resources Initiative-:
1. No existe prácticamente control sobre lo que está sucediendo y las inversiones se realizan en países con sistemas democráticos inexistentes o poco establecidos. Y por tanto susceptibles de prácticas corruptas a costa de los más débiles. Ni siquiera el Banco Mundial en su reciente informe sobre la materia, acaba de arrojar suficiente luz sobre lo que sucede, más allá de que el proceso se acelera: la cifra que se maneja de terrenos adquiridos en países “pobres” por países “ricos” alcanza en 2010 los 46 millones de Ha., 460.000 km2, casi la superficie total de España.
2. La aplicación de criterios de producción extensiva de cultivos de alta demanda (como la soja o el aceite de palma para bio-combustibles) se hace a costa de una deforestación acelerada y rotura de sistemas ecológicos milenarios, con daño no únicamente a fauna y flora, sino a las propias comunidades indígenas que bien podrían recibir más perjuicio económico que beneficio de este proceso. Da la impresión de que vuelven “Las Uvas de la Ira” y no en vano se habla ya de la “colonización del siglo XXI”.Ignoro si en España tenemos postura en este tema, pero me atrevo a pensar que algo podríamos hacer, y que fuese bueno para esos 150 nuevos niños por minuto. Y de los Reyes Magos vamos a fiarnos lo justo…, no vaya a ser que vengan ¡A la Conquista del Oeste!
Este viernes empieza en Astana, la capital de Kazakhstan, la 51ª Olimpíada Internacional de Matemática –OIM-. Acudirán estudiantes de más de cien países a intentar llevarse medallas olímpicas resolviendo problemas matemáticos. España lleva participando en esa competición cada año sin interrupción desde 1983. Con los años hemos ido mejorando un poquito. En 1985 quedamos en el puesto 35 de 38 países. En el 2008, en que la sede fue Madrid, gozamos del efecto anfitrión y quedamos en el puesto 43 de 94 países. Nunca hemos obtenido una medalla de oro. Nuestro participante más laureado está en el puesto 1.543 de los 12.903 que han concursado todos estos años. Hugo Fernández Hervás, que obtuvo mención honorífica en 2005 y medalla de plata en 2006, puesto 52 de 498 participantes.
La cuestión es que nuestra participación nacional en esta olimpíada, que voluntariosamente coordina la Real Sociedad Matemática Española no puede recibir otro calificativo más propio que el de mediocre. Equipo de media tabla, nunca nos hemos acercado ni de lejos a los puestos de “UEFA”. Partiendo de la base de que los de “Champion” están copados y son inasequibles: China (1-1-2)*, número 1 en 14 de las últimas 20 olimpíadas y 2 en 4 más; Rusia (3-2-1); Estados Unidos (6-3-5); Corea del Sur (4-4-3) y Japón (2-11-6). Alemania, fuerte. Italia, bien. Francia, Reino Unido, discretos, aunque desde luego siempre por encima de España. Llama la atención la mejora notoria de Perú (24-17-32) o Brasil (17-16-24) en los tres últimos años. La propia Kazakhstan (27-25-28), tierra de cosacos, tiene resultados muchos mejores que los nuestros (55-43-66). Claro que en Kazakhstan hace en invierno un frío que pela, no hay playa y seguro que la gente no se lo pasa tan bien como nosotros en vacaciones. Y además, que yo sepa, no están en octavos del mundial de fútbol.
*Las cifras entre paréntesis son la posición del país en el medallero de los años (2009-2008-2007)
Lo anterior me lleva a pensar en el tema de las vacaciones escolares. Y me consta que si en este blog se ha colado como lector algún estudiante de bachillerato, o como se llame ahora ESO, me va a maldecir. Lo que opino, ya lo saben de otras veces, es que los estudiantes no estudian bastante. No sólo porque estudiar cansa, sino porque el sistema no les aprieta. Y si dudan vuelvan a leer esto desde el principio. Estamos agarrados a lo de los 175 días lectivos por un montón de intereses creados o derechos adquiridos, con la consecuencia de que quienes nos tendrían que sacar de la crisis en próximos años están cantando aquello de “cuando calienta el sol, aquí en la playa…” o cosas semejantes más de moda. Tres meses.
Mientras tanto, los estudiantes brasileños -ojo a Brasil- curran un 14% más, 200 días y los japoneses un… 39% más, 243 días. Y aunque todo no son días en el instituto, sí deberíamos aceptar que exista una relación lógica entre esfuerzo y resultado.
Además, a propósito de los tres meses de vacaciones veraniegas, quienes entienden (la John Hopkins University por ejemplo), demuestran que los largos períodos de vacaciones hacen no sólo que los estudiantes no avancen, sino que los hace retroceder en su conocimiento. La gente se olvida, por falta de ejercicio neuronal durante largos períodos.
Así que parece que la fórmula recomendable son menos vacaciones, más frecuentes y más cortas. Es de pura lógica, más en las circunstancias actuales, que haya que aumentar la cantidad y calidad de educación, más días, y aumentar la presión, o el estímulo, social, mediático, el que se quiera, para que los jóvenes españoles se sacudan la arena y nos ayuden a salir del lío.
Y a propósito de estímulo, los premios que otorga la Real Sociedad Matemática Española, financiados por la Subdirección General de Becas y Promoción Educativa del Ministerio de Educación y Ciencia, a quienes nos van a representar en esta competición son de € 750. O sea, hagan números, los seis representantes que estarán volando seguramente hacia Astana a defender nuestro prestigio se han embolsado € 4.500 entre todos. No me extraña que el déficit del Estado esté como está. ¡Con estos derroches!
Deberíamos hacer más caso a este señor:
«…Lo cual no puede parecer presunción si se advierte que, por no haber en matemáticas más que una verdad en cada cosa, el que la halla sabe acerca de ella todo lo que se puede saber; y que, por ejemplo, un niño que sabe aritmética y hace una suma conforme a las reglas, puede estar seguro de haber descubierto, respecto a la suma que examinaba, todo cuanto el espíritu humano puede hallar; porque el método que enseña a seguir el orden verdadero y a enumerar exactamente todas las circunstancias de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certeza a las reglas de la aritmética». René Descartes, El Discurso del Método, 1637.
Hace poco he terminado “El Emperador”, en que Kapuscinski cuenta su historia de Haile Selassie, que fuera emperador de Etiopía. Uno de los grandes valores de Kapuscinski como reportero fue el saber buscar los testimonios de la gente del pueblo para derivar de ellos la situación general de un país. En “El Emperador” recoge los comentarios del “porta-cojines” de Selassie, cuya ocupación durante más de treinta años fue la de viajar en su compañía (y la de numerosos y lujosos cojines de variados tamaños) y procurar que a Selassie, que era de corta estatura, nunca le quedaran los pies colgando cuando se sentaba en un sillón frente a otro mandatario mundial. El que se pudiera presentar esa ridícula situación era un alto riesgo para la imagen imperial y por tanto el interlocutor de Kapuscinski siempre tuvo un puesto seguro y de gran responsabilidad.
Se trata de un iluminador retrato de los padecimientos políticos de África, que en buena parte están detrás de su penuria casi general. En su otro libro “El Mundo de Hoy”, no he podido resistir leer lo primero su parte relativa a ese continente, que yo creo que Kapuscinski fue una de las personas que mejor lo conoció. Lee el resto de esta entrada »
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