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La autopsia dirá si vive“”¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero””. Cito la cita, de ahí el entrecomillado del entrecomillado, que no sé si vale.

La polémica esta de Guillermo Zapata (nuevo concejal de cultura y deporte del Ayuntamiento de Madrid, para quienes lo ignoren) y su “twittoteca” tiene un punto interesante. Dice este señor que no dijo lo que parece que dijo, sino que citó algunos chistes del llamado “humor negro” en un debate sobre los límites del humor. Dice también que la velocidad causa accidentes  y que como es un apasionado de Twitter, que es fácil cometer algún error. Pero que en cualquier caso, se diga lo que se diga, que si ello se hace como parte de una expresión del tal humor negro, que vale. O sea una especie de teoría extendida del “Je suis Charlie”.

Me ha hecho rebuscar en mi colección de libros y revistas humorísticas. Sabía que tenía este librito del mexicano Carlos Dzib –el de la imagen-, de 1980. Efectivamente Dzib explora –y resuelve exitosamente- los límites que yo creo que existen entre el humor negro -con irreverencia añadida-, el mal gusto y la perversidad. No son límites fáciles de definir ni de entender y cada persona tiene que asumir los suyos propios, compleja mezcla de principios éticos y morales, sentido del humor, escalas y culturas. Es por lo que hay personas a las que no les gusta dicho humor negro. A mí sí me gusta, pero creo tener claros mis límites.

El señor Zapata sostiene, sin embargo, que no, que no hay límites. Dice, siguiendo la extendida opinión de que todo está permitido en aras de la libertad de expresión, que la frase del principio sobre el holocausto judío –entre otras de mal gusto- está justificada por tratarse de un chiste. Discrepo. Y no ya por la xenofobia simplemente, que puede tener muchas expresiones. Discrepo porque la escala de sufrimiento y perversidad relacionados con el holocausto judío no permiten el chiste. Están más allá del límite. Como el señor Zapata es concejal de Cultura me permito recomendarle un par de autores, que por su cita del chiste sospecho que no conoce y confío en que le harán cambiar de opinión:

Vasili Grossman, que fue corresponsal del diario ruso “Estrella Roja” durante la segunda guerra mundial y uno de los primeros periodistas en entrar en el campo de concentración de Treblinka. En su obra maestra, “Vida y Destino”, hay unas páginas conmovedoras sobre las cámaras de gas. Aquéllas en particular en que se aniquilaban juntos a las madres e hijos pequeños. Lea, lea, aunque sólo sea eso.

Primo Levi, autor de “Se questo è un uomo” sobre su tiempo en Auschwitz, sobrevivió y resulta esclarecedor leerle. Entre sus muchos testimonios, tiene una pequeña historia corta “Desafío en el Gueto” (Il Fabbricante di Specchi. Racconti e saggi”): “A una distancia de cuarenta años y en un mundo cada vez más inquieto, no queremos que se olvide la resistencia de los insurgentes del Gueto de Varsovia. Han demostrado que incluso cuando todo está perdido, se le permite al hombre salvar, junto a su propia dignidad, la de las generaciones futuras”.

Y de paso, léase “El Diario de Ana Frank“…

Cuando haya leído estas cosas, si es que ello sucede, le reto a seguir justificando chistes como los que justifica.

Y sobre la velocidad…

Aconsejaría moderarla. A todos. A los que escriben y luego dicen que se arrepienten y a los que hacen los nombramientos. Me llama la atención la ascensión de este señor a un puesto de esta relevancia en relación con la cultura. Tal vez me pierdo algo, pero haber dirigido dos cortos y trabajado de guionista en la serie Hospital Central no me parece suficiente equipaje. A este paso, vamos a acabar con un grafitero de director del Museo del Prado, un rappero del Teatro Real y un twittero de la Real Academia de la Lengua.

Al tiempo.

BuitreHoy leo el comentario de un amigo a propósito del grupo de “gastadores black”. Dice algo así como que “ya que los gastos se contabilizaban por la Caja en quebrantos, sus autores deberían ser sometidos a la acción de los quebrantahuesos” (Gypaetus barbatus, especie de ave accipitriforme de la familia Accipitridae, es un buitre que recibe su nombre por su costumbre de remontar huesos y caparazones hasta grandes alturas, para soltarlos, partirlos contra las rocas y poder ingerirlos para alimentarse). Me ha hecho pensar. Está bien el juego de palabras pero, aparte de que la pena que propone es totalmente impracticable, porque no disponemos de suficientes ejemplares de este buitre en peligro de extinción (y alguno añadirá aquello de que, además, “buitre no come buitre…”), no responde al criterio de proporcionalidad, que es lo que me preocupa.

Así que he resuelto desempolvar mi ejemplar de “De los Delitos y las Penas”, obra de Cesare de Beccaria publicada en 1764, esencial para estos casos. Veo por la contraportada que lo compré cuando no había yo cumplido los veintidós años. Me sigue interesando el tema. La primera página describe los tormentos ordinarios -para que el reo confiese- y extraordinarios -una vez que lo ha hecho- y en particular el llamado “de los borceguíes”, consistente en sujetar fuertemente las piernas del reo entre cuatro tablas e introducir cuñas a martillazos de forma que los huesos saltaran por la presión… Leer sobre los tormentos y mutilaciones infligidos en nombre de la ley, todavía en el siglo XVIII, da escalofríos. Afortunadamente la cultura y la civilización han eliminado esas barbaridades, pero siempre es saludable reflexionar sobre la forma de mejorar la justicia.

A Beccaria le preocupaban, entre otras cosas, la prontitud, la proporcionalidad y la eficacia: “para que toda pena no sea violencia de uno o de muchos contra un particular ciudadano, debe esencialmente ser pública, pronta, necesaria, la más pequeña de las posibles en las circunstancias actuales, proporcionada a los delitos, dictada por las leyes”.

Sin exculpar a priori a ninguno, me parece que en este contingente de ochenta y tantas personas relacionadas con las “tarjetas black”, hay de todo. Desde aprovechados puros que han sacado el mayor partido de unas circunstancias favorables (y creo que el Sr. Blesa es uno de ellos), a gente que ha trabajado y, además, se ha aprovechado. Movidos por la ambición y la vanidad, casi todos se han rendido a una tentación en la que es fácil caer para luego habituarse y darlo por natural: el gusto por todo lo bueno. Y más si es gratis y tax-free. Y asumirlo como un derecho adquirido. “I have the simplest tastes. I am always satisfied with the best” (“Tengo gustos sencillos. Siempre me satisface lo mejor”). La frase es de Oscar Wilde, aunque también se la atribuyeron a Winston Churchill. Qué fácil resulta acostumbrarse al buen vino, al cuero fino, a la suave seda, la buena mesa, los zapatos de anca de potro, el mejor whisky. Yo lo volvería a hacer fácilmente, que algo olvidadas tengo muchas de esas cosas. Les comprendo, pero tendrán que pagar.

Y ahí vamos a lo de la proporción y la eficacia. ¿El dinero? Que lo devuelvan, sí, pero casi ninguno de ellos va a tener problema en hacerlo. Duele, pero no tanto frente a otros riesgos. ¿La cárcel?, improbable. La proporción real se satisfaría aplicando una pena de verdad redentora, que les corrija de su ambición y vanidad. No hace falta mucha imaginación. ¿Comidas en Zalacaín? Hay uno que leo que se ha gastado cien mil euros en restaurantes, pues diez años sirviendo comidas, y cenas, en un asilo de indigentes. Ese señor necesita saber lo que es la miseria y la caridad. ¿A la de la Fundación que era responsable de la obra social? ¿Cuántos años dice…?: pues los mismos años trabajando con los servicios sociales que ayudan, por ejemplo, a las mujeres maltratadas. Yendo a sus casas, viendo a sus niños. Para que sepa lo que es la obra social de verdad. Al que le gusta la caza y los animales, pues a limpiar perreras de perros abandonados, que es una noble y gratificante causa. Aprendería sobre la bondad y la lealtad. Y así. Seguro que se nos ocurren más cosas.

”El fin, pues, no es otro que impedir al reo causar nuevos daños a sus ciudadanos y retraer a los demás de la comisión de otros iguales. Luego deberán ser escogidas aquellas penas y aquél método de imponerlas, que guardada la proporción hagan una impresión más eficaz y más durable sobre los ánimos de los hombres, y la menos dolorosa sobre el cuerpo del reo”.

Y pronto.

No sé.

Les dejo con Los Bravos: “Black is black, I want my baby back…”. Gran tema, máxima actualidad.

Entrenamiento Dirty Dozen: entrega de una Visa Oro

Entrenamiento Dirty Dozen: entrega de una Visa Oro

– Me voy a las Malvinas.
– ¿A dónde?
– A las Islas Malvinas, las Falklands…
– ¿Y dónde queda eso?

Hablaba yo con un cliente en mi despacho del banco en Londres, mientras él intentaba sobre la marcha que le consintiera un descubierto, que para comprar combustible para los tractores de la granja que tenía en Surrey.

Creía este señor que era una buena oportunidad para comprar una finca grande con ovejas en aquellas remotas islas cuya existencia yo hasta entonces, honestamente, ignoraba. Existía, me dijo, la posibilidad de que las islas pasaran a manos argentinas y con ello, según él, se revalorizaría mucho todo aquello. Y se fue.

Por unas semanas –corrían los principios de 1982- no supe nada ni, la verdad, pensé mucho en él. Hasta que el 2 de abril, desayunando con la BBC, me entero del desembarco de los argentinos. Inmediatamente me vino el hombre a la cabeza, claro, pero en las semanas que duró ese conflicto –una de las últimas guerras entre ejércitos regulares del siglo XX- no escuché noticia alguna. El Reino Unido se paralizó. La gente canceló sus vacaciones y todos andábamos pendientes del “parte de guerra” diario, televisado por todos los canales, que a menudo se iniciaba con un flemático “I have bad news”, del portavoz del Ministerio de Defensa. Porque, no crean, los argentinos, que llegaban apenas con sus aviones desde las bases en tierra, les hicieron pupa a los británicos, les hundieron 8 barcos y derribaron bastantes aviones. Pero los británicos al final ganaron, y ahí sigue ese conflicto latiendo en aquellas inhóspitas aguas. De hecho, después de arrancar estas líneas, leo que un equipo del programa de la BBC2 “Top Gear” ha tenido que “salir por piernas”, o sea dejando los coches, porque en la Pampa argentina, donde rodaban, se han encontrado una hostilidad más que manifiesta.

Acabó la guerra y un día de verano volvió a aparecer mi cliente por el banco. Naturalmente me sorprendió y complació saberle sano y salvo, pero además se me presentó una oportunidad, casi única en la Inglaterra de entonces, de escuchar de primera mano algo de lo que había acontecido por allí. Los argentinos le habían hecho prisionero, creyendo al principio que era un espía. Tras muchas explicaciones –hablaba español perfectamente- acabaron enviándole en un Hércules a tierra firma, libre. Opinaba sobre la poca inteligencia de la junta militar argentina de entonces. Porque por lo que él pudo constatar, muchos granjeros de aquellas islas se hubieran ido a Australia, felices o casi, si les hubieran comprado sus granjas y sus ovejas, compensado con unos cientos de miles de libras de propina y ofrecido algo simétrico en tierras australianas. A las ovejas que se quedaban en las islas siempre les podrían decir luego que ellas habían sido “argentinas de toda la vida”. Me hizo pensar. ¿O sea que con dinero estas cosas se pueden resolver…?

Yo creo que el dinero no se maneja con suficiente soltura en estos conflictos. Ya hay un precedente interesante en la compra de Alaska por Estados Unidos en 1867. Nada de guerra ni de misiles (no había). Unos millones y resuelto todo pacíficamente. Dicen los americanos que a lo mejor no fue tan buen negocio, pero seguro que menos les gustaría tener a los rusos ahí pegados en su lado del Pacífico.

Y si no compras las granjas, o los países, compras a las personas. Lo de comprar acuerdos, voluntades y silencios, sobre lo que en España tenemos competencia demostrada, debería aprovecharse mucho más en la resolución de conflictos.

Ahora mismo tenemos algunos graves aquí cerca, a los que se están aplicando los recursos convencionales, como en las Malvinas hace treinta años, o sea bombas y misiles. Con el problema de que enfrente no hay ejércitos convencionales y la destrucción a lo bruto es complicada y con muchos daños colaterales.

Yo lo resolvería con tarjetas de crédito. Echen cuentas. Nos vamos a Ucrania y Oriente Medio y repartimos, digamos, un par de miles de Visas Oro. Con 500.000 euros para gastar cada una. O sea 1.000 millones. Nada. ¿Ustedes saben lo que vale un misil Tomahawk? (los “Block IV” € 1.100.000 cada uno, IVA incluido, para los curiosos).

Total, que localizamos a los líderes del Estado Islámico o de las milicias prorrusas y otros personajes influyentes en las zonas respectivas –políticos, sindicalistas-, y a cada uno ¡zas!, ¡una Visa Oro! Verías tú cómo se les quita rápidamente el extremismo, las ideologías y otras cosas molestas y se dedican a comprar Loewe, coches deportivos y buenas comidas. ¡Y encima todo opaco!

Naturalmente queda una parte que ustedes pensarán que es complicada. ¿Quién es el guapo que se va por esas tierras a entregar las tarjetas?

También lo tengo resuelto. Un comando como el de “Doce del Patíbulo” pero de españoles expertos en el uso de tarjetas opacas y otras formas de corrupción: el “Comando Black Visa”. No tendremos Tomahawks (no sé si tenemos), pero sí gente para formar un grupo temible en eso de gastar. Por ejemplo, Bárcenas se puede ocupar de la financiación (a base de contabilidad creativa nadie llegaría a saber de dónde habían salido los mil millones), Carlos Fabra del transporte aéreo (seguro que monta un aeropuerto nuevo por allí antes de saber cómo viaja el comando, por si acaso), María Antonia Munar de los uniformes (de Dior, claro), Juan Antonio Roca de los caballos que nos pueden hacer falta (pura sangre) o Juan Antonio Trujillo de la logística encubierta. Isabel Pantoja podría entretener al comando (no es Marilyn Monroe, pero nosotros somos españoles, ¡qué caray!). Pero…falta un jefe, al estilo Lee Marvin. Yo creo que Jordi Pujol i Soley lo haría perfectamente. No se rían, no será Lee Marvin, pero no discutirán ustedes sus dotes de mando y capacidad para regañar y achicar al contrario (que a lo mejor no había ni que dar las tarjetas, les convencía sin más).

Seguro que se les ocurren muchos más nombres. Me estoy limitando a convictos o confesos, porque si me meto con los imputados termino formando un regimiento en lugar de un comando, que ya es mucho lío. Pero hay algún nombre más que no me resisto a incluir como banquillo, hasta que se sepa más.

Entrenamiento para Irak (río Eufrates)

Entrenamiento para Irak (río Eufrates)

Miguel Blesa podría ocuparse del transporte marítimo, fluvial y lacustre (piscinas incluidas), vadear ríos y así, en lo que tiene demostrada pericia (además de ser también experto en plástico) o José Antonio Moral Santín, uno de los creadores del Partido Comunista de los Pueblos de España, pro-soviético, que se ha gastado 456.500 euros con su tarjetón opaco de Caja Madrid. Este señor bien podría actuar de mediador en Ucrania (seguro que los prorrusos no leen la prensa española) e infiltrase para acabar entregándole al mismísimo Putin su correspondiente tarjeta oro (o platino, tal vez). A ver qué pasa. Think big!

Por cierto, con el comando habrá que asegurarse que las tarjetas las entregan, que no se las queden…, ¡que te conozco bacalao!

Yo creo que esta es una gran solución que no sé por qué no se les ha ocurrido antes. Menos Tornados, Rafales y F18s y más American Express, Cartes Bleus y Barclaycards…!

¡Igual hasta me dan el Nobel de la Paz!

grapes-21Sitúan la anécdota en el parlamento británico, pero bien nos la podríamos aplicar. Dicen que hace unos veinte años se votaba una propuesta que tenía como opciones instalar televisiones en las cárceles u ordenadores en los colegios. Ganó la televisión, con el voto unánime de gobierno y oposición. Extrañada la prensa por la coincidencia, un diputado les aclaró el sentir general: pensaban todos los diputados que al colegio ya no iban a volver…

Es normal que la gente nos preocupemos más por lo que nos puede afectar y pongamos en segundo término aquello de lo que creemos estar a salvo. Puesto en ese plan, yo tendría que preocuparme más por el Alzheimer que por el paro, por un decir. A mi edad, el desempleo ya no puede afectarme.

El Alzheimer… ojalá no, pero poder, puede. Así que de vez en cuando me fijo en las noticias que aluden a ese mal. Me entero así de que el coste de la enfermedad en España se estima en 37.000 millones de euros anuales y de que en muchos países –Estados Unidos por ejemplo- es la enfermedad que crece a mayor velocidad. En España, la CEAFA –Confederación Española de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias- decía en 2005 que la previsión era que la cifra de ese año, 600.000 enfermos, se doblase hacia 2025, o sea después de 20 años. Lo ha hecho en 8 ó 9 y hoy tenemos ya 1.200.000. Es lógica la inquietud.

Pero bueno, en realidad me he ido por la ramita del Alzheimer porque esta semana leía sobre un estudio epidemiológico que relacionaba la enfermedad con la exposición al insecticida conocido como DDT. Y ello me ha hecho pensar en el uso de los principios de esa ciencia, la epidemiología, en otros campos, el social en particular.

Porque yo venía hoy a hablar otra vez del desempleo, aunque no me pueda ya afectar. Porque creo que el desempleo es la mayor enfermedad social que padecemos, con la que nuestra sociedad, empresas, sindicatos, políticos, anda bastante acostumbrada a convivir. Sobre todo, porque buena parte de la gente que trabaja y cuenta con cierto poder de decisión se siente exenta del riesgo de caer en él. El problema está en que ese riesgo que a nivel personal no sienten, mientras se entretienen en otras cosas, sí es un altísimo riesgo para el cuerpo social. Porque con los niveles de desempleo que tiene España, todo la estructura social y económica de nuestro país está en peligro: presupuesto del estado, estabilidad o crecimiento empresarial, educación, pensiones o sanidad -cuidado de los enfermos de Alzheimer incluido-. El Estado del Bienestar en su conjunto puede bien extinguirse o verse seriamente mermado, si el desempleo no se reduce sensiblemente. Señales de alarma ya hay.

Y por eso me acuerdo de la Epidemiología. Dicen que esa ciencia está en la intersección entre las ciencias biomédicas y las ciencias sociales. Sus armas: la demografía y la estadística. Su objetivo: estudiar y controlar las enfermedades en grupos sociales bien definidos (personas expuestas al DDT, por ejemplo). Y apoyándose en ello, intentar encontrar remedios.

No sé, la verdad, si existe un equivalente de esa ciencia dentro de la Sociología, pero creo que el desempleo en España, por su dimensión, demanda mucha más ciencia que la que se aplica. Me he mirado con algo de detenimiento la Encuesta del INE sobre la Población Activa de este mes pasado y creo que su metodología adolece de no profundizar en las causas. Ubica el desempleo geográfica y demográficamente, pero no entra en muchas cuestiones sociológicas que podrían ayudar a dilucidar dichas causas.

He pensado que tal vez ése no sea el papel del INE, así que he mirado en el Centro de Investigaciones Sociológicas. El último estudio que figura en su web que tenga una relación con el desempleo, es de noviembre de 2012. Se trata de una encuesta cualitativa, que yo calificaría de menor, sobre “Juventud, Formación y Empleo”, en relación con algunos licenciados universitarios. Mientras tanto, todos los meses su propio Barómetro interroga a la población, que contesta de forma abrumadora que su mayor preocupación es el paro. ¿Por qué el CIS, pues, no dedica más recursos a estudiarlo? Educación –profesorado, curricula, especialidades, universidades, formación técnica-, habilidades sociales, idiomas, emprendimiento, industrialización, tecnología, política fiscal, tamaño de las empresas, comunicación, familia, hay montones de factores que estoy convencido de que tienen impacto sobre la generación de empleo por la empresas y la “empleabilidad” de las personas.

Mientras escucho que casi el 90% de los cursos de formación organizados alrededor de la Fundación Tripartita son percibidos como inútiles o casi, en la web del Ministerio de Trabajo encuentro lo siguiente, que copio literal: “Informe de ejecución del Plan Anual de Evaluación de la calidad, impacto, eficacia y eficiencia del conjunto del subsistema de formación profesional para el empleo 2012. Continuar la línea de estudio iniciada en 2012, en cumplimiento de lo establecido en el Real Decreto 395/2007 que pueda servir para introducir mejoras en su funcionamiento”. ¡Bien! me digo, parece interesante. Pero…

¿Estado?: “Pendiente de inicio. Se ha reperiodificado y continuará en 2014″… ¿Cuántas cosas tienen más importantes que esto?

Los ejemplos anteriores muestran que nuestras prioridades sociales no están suficientemente enfocadas. Hace falta más investigación sistemática, con mucha más intensidad, imaginación y coordinación de lo que, yo creo, se está haciendo. La EPA vale para entretener cada tres meses, recordándonos lo mal que estamos. Pero de poco más. Lo que de verdad importa analizar a fondo son las causas –el DDT no es- y las posible soluciones. Y a partir de ahí… ¡acción!

"No podemos esperar a las visiones exitosas de personas sobresalientes, porque éstas son escasas...Depende de nosotros el encender nuestros propios pequeños fuegos en la oscuridad". -Charles Handy-

“No podemos esperar a las visiones exitosas de personas sobresalientes, porque éstas son escasas…Depende de nosotros el encender nuestros propios pequeños fuegos en la oscuridad”.
-Charles Handy-

Hace unos meses comentaba con una colega sobre lo que ella sentía como una acumulación de preocupaciones, profesionales y personales. Así que le conté lo del capitán japonés. Es uno de los ejemplos que utiliza Dale Carnegie para ilustrar sus recomendaciones en “Cómo Suprimir las Preocupaciones y Disfrutar de la Vida”. El personaje de la historia, gerente de una compañía de seguros británica en Shanghai durante la II Guerra Mundial, ve amenazada su vida por haberle ocultado a un liquidador militar información sobre bienes que el ejército japonés buscaba confiscar. Bueno, en realidad no era un capitán, era un almirante, pero da igual. Le sirve para desmenuzar su método sobre cómo atacar una preocupación: “1) Consignar precisamente por escrito qué es lo que me preocupa; 2) consignar por escrito lo que puedo hacer acerca del asunto; 3) decidir lo que voy a hacer; 4) comenzar inmediatamente a llevar a cabo mis decisiones.”

El libro de Carnegie es de 1948. Yo lo leí hacia 1990. En su síntesis sobre las técnicas básicas para el análisis de la preocupación establece cuatro reglas:

“Regla 1: Obtenga todos los hechos. Recuerde que el decano Hawkes de la Universidad de Columbia dijo que la mitad de la preocupación que existe en el mundo obedece a que las personas intentan tomar decisiones sin un conocimiento suficiente sobre en qué basar una decisión.
Regla 2: Considere todos los hechos, entonces llegue a una decisión.
Regla 3: Después de tomar una decisión, ¡actúe!
Regla 4: Cuando usted, o cualquiera de sus socios, se sienta inclinado a preocuparse por un problema, consigne por escrito las siguientes preguntas y contéstelas:
a. ¿Cuál es el problema?
b. ¿Cuáles son las causas del problema?
c. ¿Cuáles son las posibles soluciones?
d. ¿Cuál es la mejor solución?”

Llevar todo esto a cabo en la esfera individual es relativamente sencillo si uno se aplica a ello con perseverancia y va adquiriendo práctica. A mí me ha funcionado bastante bien, convencido como estoy de que mi destino está en mis manos y no en las de otros. Recuerden: auto-confianza, formación, comunicación, liderazgo y actitud. Lo dice Carnegie.

Las soluciones a nuestras preocupaciones en lo personal, decidir y actuar es el fundamento de cualquier sociedad sana. Lo que pasa es que además de las preocupaciones de uno, cada vez hay que preocuparse más de las de todos.

Porque cuando hablamos de lo colectivo, la cosa ya tiene otro cariz, ya no está tan en nuestras manos. Empezando por la información, que está sobre-ofertada. Si intentamos hacer las preguntas de Dale a nuestra sociedad, deberíamos atender a lo fundamental, al largo plazo, o sea la vida de nuestros hijos y nietos, y a una visión global de los hechos. Lo de Undargarín y la Infanta, por ejemplo, que tanto nos ocupa, es irrelevante. Incluso lo es que tengamos o no monarquía, porque con monarquía o república no vamos a vivir ni mucho mejor ni mucho peor. Lo de que el índice de producción industrial mejore en un mes es corto plazo. Lo importante a largo plazo es mejorar la participación de la agricultura y la industria en nuestro PIB. Que la vivienda baje más, o no, es parcial, porque el sector inmobiliario como motor económico es ya historia. Lo integral es pensar en cómo hacer crecer otros sectores de la economía que lo sustituyan. La unidad de España es fundamental, pero casi tanto lo es que España toda pierda población al ritmo que la pierde. Y Cataluña, por cierto, la que más, que según el INE perderá el 11% de su población en los próximos 10 años. Ello nos lleva a que en 2023 tendremos una tasa de dependencia de casi el 60%. O sea 41 personas en vida útil para sostener a 100 (ellos mismos más ancianos -35- y menores de 16 -24-). ¿Se acuerdan del “estado del bienestar”? ¿Aquello del copago? Prepárense.

Total, que aquí querría yo ver a Dale. Ciertamente los individuos haremos bien en no preocuparnos en nuestro ámbito privado. Antes bien, informémonos, decidamos y actuemos. Y lo mismo deberán hacer las empresas. Pero, lamentablemente, es éste un momento en que mucho necesitamos de nuestros gobernantes, sobre todo de los de arriba arriba, que sepan ver la gravedad de los problemas que nos acucian y apliquen el método. Ya saben: “1) Consignar precisamente por escrito qué es lo que me preocupa; 2) consignar por escrito lo que puedo hacer acerca del asunto; 3) decidir lo que voy a hacer; 4) comenzar inmediatamente a llevar a cabo mis decisiones.” O sea, infórmense, decidan y actúen. Lo hago por su bien, que el stress mata. Aunque en este caso no a ellos, sino a nosotros.

Serpiente el libro de la selvaLa historia es de Saki: “The Seventh Pullet”. No me resisto a exprimirla. Cuenta su personaje Blenkinthrope a sus colegas de tren, lo sucedido en su gallinero el día anterior: ha entrado una serpiente y, una a una, ha ido matando a seis de sus gallinas menorquinas. Primero las ha hipnotizado con su mirada ofidia y, una vez dormidas y quietas, las ha mordido y muerto. Pero Blenkinthrope tenía siete gallinas. La séptima era una Houdan, una raza francesa característica por una cresta a modo de flequillo, que le tapa los ojos. Total, que la séptima gallina no ve ni a la serpiente ni a sus ojos y por tanto el hipnotismo no funciona. Lo único que distingue la houdan es una cosa que se mueve por el patio, así que se dedica a picotearla hasta que es ella la que mata a la serpiente.

La historia dentro de la historia es que Blenkinthrope usa un cuento inventado para ganar popularidad entre sus amigos, pero dejémoslo pasar. Yo creo que el argumento nos puede ser muy útil.

Porque mi notable experiencia como televidente, que ya me hubiera gustado que fuese menor, me lleva a pensar que vivimos hipnotizados la mitad del tiempo. Mucha serpiente hay. Asoman por la pantalla a cada rato. No en “Cazadores del Pantano”, no, ahí son cocodrilos, mucho menos peligrosos. Es en los canales. Enciendes y ¡zas!: Cándido Méndez. Cambias de canal y ¡toma!: un diputado multifasciato –especie muy abundante-. Y así canal a canal. Hay que andar con mucho cuidado, porque han tenido y tienen a mucha gente hipnotizada y su picadura es muy dolorosa y hasta mortífera.

Así que mi recomendación, a todo el que pueda, es dejarse flequillo y picotear de forma indiscriminada a políticos y sindicalistas, que es lo más seguro para sobrevivir. Yo, como no voy a poder, siempre llevo el mando a distancia en la cintura, como el cuchillo de “Cocodrilo Dundee”.

PatinadoraOtra vez dándole vueltas a lo del largo plazo, que no es cosa muy sexy, pero en la que creo que vale la pena invertir. No por mí, que supongo que ya no andaré por aquí -iba a decir espero-, sino por la familia que voy a dejar atrás y su futuro bienestar. Ya casi más los nietos que los hijos. Bueno y por los demás también, disculpen.

Entre la mucha paja que avientan de seguido los medios de comunicación, aparecen de vez en cuando cosas que de verdad ocupan la mente. Estos días me ha preocupado de nuevo, más que ocupado, lo de cómo se está poniendo boca abajo nuestra pirámide de población, que ya ni es pirámide “ni es ná”, como diría Gila. La “maldición de la pirámide” casi podría añadir. La previsión de que en 2050 haya en España casi 17 millones de personas de más de 65 años (16.651.000 para ser exactos, según las Naciones Unidas), y de ellos más de 6 millones de más de 80 años, no puede sino inquietar y obligar a que nos preguntemos cómo se va a mantener esta nave a flote.

¿Se imaginan la playa? Algo así como el negativo de las patinadoras en la de Santa Mónica. Que estuve allí y se me ha quedado la imagen. Pero aquí con andadores.

Y bueno, luego he leído un artículo interesante del profesor César García, que enseña en la Central Washington University (“¿Miente la Universidad de Shanghai?”), sobre la necesidad de establecer competencia entre centros de enseñanza y rivalidad docente, como medios de mejorar el nivel de nuestra educación. Que por cierto para ver quién era este señor me he metido en la web de su universidad y he encontrado las calificaciones que le dan sus alumnos y cuánto gana, en dólares, y en proporción al resto de profesores y empleados de esa universidad. A eso le llamo yo transparencia. Transparencia de la que aquí carecemos.

Cito estas dos cosas, demografía y educación, porque sospecho que por esta última viene la casi única solución a las dificultades de esa futura España senil. O al menos la principal. Lo de la demografía no sé cuánto remedio tiene. Sólo se puede arreglar si la cultura del niño único o la parejita se rompe y las parejas empiezan de nuevo a tener tres o cuatro hijos. Complicado, al menos en esta década. ¿Más inmigración? Posible, pero habría que ordenarla y también difícil mientras no digiramos buena parte de la cola del INEM. El crecimiento económico ayuda pero no basta, porque el desequilibrio demográfico avanza de forma inexorable y acabará ganando la partida. El recorte de las pensiones, actuales o futuras, tampoco. Un parche, que sólo resuelve, intenta resolver, la parte del problema que afecta a las finanzas públicas que es, entre paréntesis, la única de que se habla. Porque la parte esencial del problema no es financiera, es económica y social. Y ahí yo sólo veo la solución de tomar grandes medidas en el terreno educativo, cultivando la excelencia e intentando crear una nueva generación mejor preparada que las actuales en lo económico y en lo cultural. Y en lo moral, que es fibra que tenemos bastante deshilachada. Y una cosa deberíamos tener claro: el principal medio para generar calidad es el estímulo, en dos formas, premio a los resultados y presión para que se consigan. Con los alumnos y con los profesores. De todo ello andamos cortos.

Sólo las nuevas generaciones, con preparación y empeño, pueden detener la progresión de esta ecuación maldita donde, si no hacemos algo, las bondades de nuestra salud y longevidad van a acabar consumiéndonos.

Lo siguiente es quién se ocupa de poner esto en marcha… Pues el gobierno, claro, dirán. Ah! That’s the question! Porque hay tanta mediocridad, cortoplacismo y egoísmo (“of the people, for the bureaucrats, by the bureaucrats”, Milton Friedman) en la clase política, que es difícil pensar que vaya a suceder. ¿Ustedes lo creen? Los muchos gobiernos que nos rigen se ocupan de lo accesorio y rebosan de palabrería inane. Me desayuno, ¡hoy domingo! con Pere Navarro que opina sobre la cadera del Rey. Me estropean el almuerzo Rubalcaba, Cospedal, el Cándido Méndez, Soraya Rodríguez, el Toxo, el Artur Mas, y más, y más, todos los días, todos los días. Y los medios ¡venga micrófonos! como si estuviéramos todos ansiosos por escuchar sus opiniones. Y así vamos, al tran tran, a ver si la cosa se arregla sola, el mes que viene salen otras cuantas personas del paro y nuestro equipo gana la Liga. Así que el Sr Rajoy debería dejar el tran tran para el mus. Para mí, si se dedicara sólo a rescatar el largo plazo, de nuestro país que no sólo de nuestras finanzas, y a vencer al nacionalismo, ya me bastaría para considerarle un buen presidente. Y hasta estaría dispuesto a esperarme a ese largo plazo, contra la opinión de Keynes.

Y otro día escribo sobre Friedman.

PsicosisMi tío Ruperto se levantaba casi al alba y bajaba al patio trasero a lavarse. Rompía el hielo que cubría un barreño y se remojaba todo él de cintura para arriba con aquella agua helada. Era la primera etapa de la rutina higiénica de este vasco fuerte, que incluía una aspirina con bicarbonato todos los días. Con la cuadrilla de la que fue capataz, se ocupó de alzar a brazo, allá por 1922, las cuadrigas de veinticinco toneladas que coronan la antigua sede del Banco de Bilbao en la calle Alcalá de Madrid. Se fumó todos los puros que pudo y disfrutó la familia, la buena comida, el vino de solera, el coñac y los toros. Siempre le tuve por un hombre saludable y de buen ánimo, que murió a los noventa años con la cabeza en perfectas condiciones, en un final que no me importaría emular.

Cuando lo del agua fría tenía yo catorce años y la verdad es que siempre me ha quedado la impresión de que aquello del agua fría debe ser saludable. Seguro. Lo que pasa es que la gente nos acomodamos velozmente a la vida muelle y yo creo que la ducha templadita es la opción de todo el que puede.

Ahora nos acaban de dar una buena ducha fría. Ya escribí sobre lo mismo en 2009 y ahora nos vuelven a duchar. Y además esta vez creíamos que el agua saldría calentita, con lo que la impresión ha sido todavía peor. Pero no nos apuremos: ¡el agua fría es salud!

De entrada nos vamos a poder ocupar de las cosas que de verdad importan. Que en el caso de Madrid no es construir más estadios o velódromos, sino traer tecnología, crear empresas, organizarnos y hacer las cosas bien, apoyar la cultura, mejorar nuestra enseñanza y aumentar la materia gris. Y abandonar el triunfalismo cuando tenemos tan serios problemas. Y hasta fomentar el deporte, de otra manera, invirtiendo en el mismo en colegios y universidades, en lugar de, o además de, fomentar exclusivamente el deporte de “alto rendimiento”. Así que bien.

Yo espero no volver a ver que Madrid se presenta de nuevo. Déjenlo estar. Pero esta experiencia nos debería servir para aprender que en la representación internacional y en cuestiones políticas, y la del COI sin duda lo es, hacen falta “pesos pesados”. No sé cómo el Sr. Alejandro Blanco, que me perdone, cuando hace ocho años le nombraron presidente del Comité Olímpico Español, no tuvo la vergüenza torera de aprender inglés bien o muy bien. ¿Cómo ha hecho “lobbying” este señor? ¿O por qué lo pusieron si no hablaba inglés bien? ¿O por qué no lo quitaron la vez anterior? No sé. Como no sé cuánto cargo se hacen los altos cargos y cargas que viajan a estas cosas de cuán en ridículo nos ponen a todos los españoles cuando utilizan un idioma universal de forma tan chapucera. No listen the ask. 

Les da igual. No creo que les podamos cambiar.

Así que, por lo menos los demás, ya saben, ¡agua fría y mañana a trabajar!

Me voy a la ducha.

Great-Quotes-023Esta semana una concentración de manifestantes, dicen que unos mil, ha pretendido atacar el Congreso de los Diputados en Madrid. No lo han conseguido porque una concentración de policías anti-disturbios, dicen que unos mil cuatrocientos, se lo ha impedido.

Luego he oído que la Excma. Sra. Delegada del Gobierno en Madrid, decía que mejor no protestar ahí, que es un llamado a la violencia y algo así como que los manifestantes no han recibido el apoyo de la ciudadanía. Que normal. Y antes había oído repetidamente que pretender subvertir la legalidad a base de adoquinazos no es correcto y que sus señorías los Excmos. Sres. Diputados son los representantes de la Soberanía Popular. Y que si a alguien no le gusta cómo está la cosa, lo que tiene que hacer es votar a otros en 2015. Que normal, que sólo se trata de esperar unos añitos. No les falta razón, pero…

213ea7c400e1También esta semana me he enterado, como todos los españoles ya sospechábamos, de que más de seis millones de compatriotas están sin trabajo. Y de que casi justo dos millones de familias tienen a todos sus miembros en paro. Y de que casi tenemos tantos jubilados y desempleados como cotizantes.

O sea: auténtica emergencia nacional.

Y también leo hoy que algunos altos cargos de una empresa inmobiliaria privada pero en realidad casi pública, han cobrado más de treinta mil euros por trabajar durante el mes de diciembre de 2012. Y aunque la noticia lo añade como especulación, parece que su remuneración será doce veces eso durante 2013. Y en mi cerebro rumiante, aunque no sea lo mismo, ello se ha sumado, sin querer, al latrocinio que tantos responsables de cajas de ahorro han cometido en estos años. Y no me consta que ni estén en la cárcel ni hayan devuelto la pasta.

Así que mis pilares intelectuales sobre el comportamiento racional de las personas se empiezan a tambalear. ¿Va a resultar que tiene razón el del adoquín?

Y también esta semana, una más, se consolida mi convicción de que el Gobierno ha perdido la iniciativa y no está atacando los verdaderos problemas de nuestra Economía y nuestra Sociedad. Que es como si hubieran puesto de general de la división al cabo furriel. Y pido perdón a los cabos furrieles.

Y empiezo a pensar si de verdad la solución está en esperar casi tres años a remover a unos para poner a otros, que no me arriendo yo mismo la ganancia.

Me ha hecho pensar, no sé por qué, será lo de generales y cabos, en Eisenhower. Dicen los americanos que fue uno de sus mejores presidentes. Frugal en lo personal, durante la II Guerra Mundial, decisivo como comandante en jefe de las Fuerzas Aliadas. Antes del desembarco de Normandía, se negaba a comer nada distinto a sus soldados. Comía rancho. Y luego cuando fue presidente del país, lo fue frugalmente con las cuentas del estado y fue uno de los primeros en mucho tiempo, Clinton fue el siguiente, en dejarlas en positivo. Lo que no le impidió construir la mayor red de autopistas del país.

Estamos en una situación muy complicada. Los españoles sumidos en una mezcla de desesperanza, irritación y malhumor. ¿Se pueden segregar estos sentimientos? Yo personalmente me excluyo de la desesperanza: creo que si hacemos las cosas correctas y el Gobierno apoya o no estorba, saldremos de ésta. Tampoco estoy especialmente malhumorado: mi familia es mi cobijo. Pero sí estoy irritado. Lo estoy porque no comprendo cómo gente inteligente, que llevan las riendas de nuestra Economía y nuestra Política, no se dan cuenta de que el trato desigual, la obscenidad de retribuir trabajos sin riesgo, en Política o en Economía, al nivel que se hace, cuando miles y miles de personas no pueden pagar la hipoteca o el colegio de sus chicos, son un quebrantamiento de nuestra fibra moral. Y de que el resto de la gente se da cuenta.

¡Reflexionen! Muchos de mis compatriotas no están irritados. Están cabreados de verdad. La mayoría no lanzan adoquines, afortunadamente. Pero aciertos de Política Económica aparte, que falta hacen, alguien en las alturas tiene que trabajar en serio en que reconstruyamos dicha fibra moral, en predicar con el ejemplo, en mostrar solidaridad auténtica con los que sufren, en hacer que todos rememos al unísono. ¿Qué hay que comer rancho? Comemos rancho. TODOS. Porque empiezo a temer que por algún lado puede saltar una chispa. Que nos lleve a la ruina sin fondo.

P.S.1: escribo esto mientras tengo a medias el libro “The Black Swan”, de Nassim Nicholas Taleb, sobre el “anticonocimiento”: “To summarize in this (personal) essay, I stick my neck out, that our world is dominated by the extreme, the unknown, and the very improbable (improbable according to our current knowledge) and all the while we spend our time engaged in small talk, focusing on the known and the repeated. This implies the need to use the extreme event as a starting point and not treat it as an exception to be pushed under the rug. I also make the bolder (and more annoying) claim that in spite of our progress and the growth in knowledge, or perhaps because of such progress and growth, the future will be increasingly less predictable, while both human nature and social “science” seem to conspire to hide the idea from us.”)

P.S.2: No conozco lo suficiente la biografía política de Eisenhower como para solidarizarme íntegramente con su trabajo. Pero sí lo hago totalmente con algunas de sus frases de muestra:

– El mundo pertenece a los optimistas; los pesimistas son meros espectadores.
– El pesimismo nunca ganó ninguna batalla.
– Los planes son inútiles, pero la planificación lo es todo.
– El sargento es el ejército.
– Sólo la fuerza puede cooperar, la debilidad sólo puede mendigar.
– Un intelectual es un hombre que tiene más palabras para decir de lo que en realidad sabe.
– El mundo cambia, y las ideas que alguna vez fueron buenas no son siempre buenas.

Y…

Un pueblo que valora sus privilegios por encima de sus principios, perderá ambos.

(twitter.com/oldzano)
(es.linkedin.com/in/jjzanoletty/)

Good Morning VietnamCasi nunca me levanto de buena uva. Debe ser el metabolismo. Así que una de mis primeras rutinas es poner Radio Clásica en la Grundig, a ver si mejoro. La música es una de mis debilidades, así que tengo la radio atornillada a la mesita de noche, para que no me la muevan y, en lo posible, no me quiten las sintonías, debilidad de mis nietos. En mi despacho tengo una “Model One” de Tivoli Audio, diseñada por Henry Kloss, que suena muy bien y que es otro imán para los pequeños. No me importa, bueno no mucho, que los niños la toquen, pero sí que Radio Clásica ponga a primera hora música sacra, o medieval, o sacra medieval, tras copiosas explicaciones doctas sobre el mérito de las cantigas. Es algo así como si en el Concierto de Año Nuevo, el director de turno diera una charla de 10 minutos antes de cada pieza y luego se arrancase con una marcha fúnebre en lugar del Danubio Azul. Total, que quito la radio para no empeorar las cosas.

Me voy a la cocina a desayunar y pongo la televisión: entrevista a Cándido Méndez… ¡Para animar! Me lleva ventaja porque él no se ha tenido que afeitar. Tras un zapping sobre corrupciones varias y unos minutos de “así se hace”, al final quito también la tele. Por ahora lo mejor desde el amanecer ha sido aprender cómo se fabrica una tabla de windsurf. Magro bagaje para encarar una jornada de trabajo en tiempos revueltos. Salvo que tengas una tienda de deportes náuticos, claro.

Y no digamos los días que viajo temprano y pongo la televisión a las 5:30 am: teletienda y “fusión sonora”. O sea que o compras unos calcetines de presión, o una máquina de hacer abdominales o escuchas a tres chicos tocando viola, violín y contrabajo. Por lo menos te empuja a salir de casa, a ver si en el metro del alba está la cosa más divertida.

Así que me he quedado rumiando con el último sorbo del café con leche: ¡pero si lo que nos hace falta es ánimo! El comité de sabios de RTVE debería pensar, si es que a esas horas están despiertos, en los miles, los millones, de personas que encaran el día equipados con música sacra, Cándido Méndez, abdominales flácidos –voy a ver eso de la máquina qué tal va…- y un contrabajo. ¡Que hagan un pacto de estado, hasta con Catalunya Radio, para mejorar el humor matutino de los españoles! Les sugiero la siguiente poción balsámica:

1. Más copla. Carlos Cano, por ejemplo, con “La Murga de los Currelantes” o “Cántame un Pasadoble”. Hasta Emilio El Moro o Manolo Escobar. Entre las clásicas hay cosas adecuadas a nuestra realidad actual, como la “Torre de Arena” de Marifé de Triana –para los inmobiliarios- o “Mejor te vas” de Rocío Jurado –para los políticos-. Aunque ésta hay riesgo de que se la aprenda Rubalcaba y luego nos machaque en los telediarios. Sé que a muchos jóvenes esto de volver a la copla les parecerá un poco retro, pero en tiempos difíciles mejor recurrir a lo nuestro. En lugar del “Swiss Yodeling” como hacen nuestros honorables. ¿A que da risa…, lo de “honorables”?

2. Cha-cha-chá. Gabinete Caligari por ejemplo. El cha-cha-chá es ideal para el metro si se pone por megafonía. Excepto en los andenes, claro. Estoy deseando que llegue el “No Pants Day” y disfrutemos del “Cha-cha-chá del vagón”. La Samba también nos puede valer. El problema es encontrar un sambódromo apropiado. Porque los aeropuertos vacíos quedan lejos.

3. Rock ‘n’ Roll. El “Rock de la Cárcel” se puede poner en ayuntamientos, juzgados (Plaza de Castilla, Palma, Audiencia Nacional) o Congreso de los Diputados y que se vayan animando los presuntos implicados. Aunque pocos rockeros veo yo por ahí.

4. Un poco de mambo. El de West Side Story lo deberían tener los antidisturbios como entrenamiento básico para las manifestaciones, pero yo me inclino por el “Mambo número 5”. Pérez Prado es ideal para el trayecto de metro a oficina en los días lluviosos y fríos.

5. Música vallenata y rancheras. ¡Pidamos ayuda a nuestros amigos de América Latina! ¡Metámonos directamente en las telenovelas, en lugar de ser meros espectadores! Menos calentarnos el coco en política y corrupción y más romance. ¿Se han fijado en que España apenas canta? Y de paso nos podemos traer merengues, guarachas y bachata, al gusto.

6. Y en la música clásica, restituyamos de urgencia “Clásicos Populares”, a ver si conseguimos barrer el rollo pseudo-culto de RNE. Más Mozart, más Beethoven, más Schubert, los de siempre, que aunque a los señores de la radio les parezcan muy tocados, son desde luego más recomendables a las siete de la mañana que unas cantigas del siglo XIV.

Si nos tomamos esto en serio, o mejor dicho si somos menos serios, si sonreímos, amamos, cantamos y bailamos más, estoy convencido de que nos irá mejor. El ánimo, el puro ánimo, el buen rollo, el quitarle un punto de negrura a tanta mala cosa que nos asedia, seguro que es saludable. Y hasta productivo.

¡Ale… que mañana es lunes!

Y por cierto, ¡me dejaba la Rumba Flamenca…! Aquí va “Inspiration” de los Gipsy Kings:

Pero como esta semana he estado en Italia y hay que redoblar el esfuerzo, no me resisto a dejarles también a Sofía Loren y Vittorio de Sica en el “Mambo Italiano”, ¡no veo mejor manera de empezar la semana!

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