BuitreHoy leo el comentario de un amigo a propósito del grupo de “gastadores black”. Dice algo así como que “ya que los gastos se contabilizaban por la Caja en quebrantos, sus autores deberían ser sometidos a la acción de los quebrantahuesos” (Gypaetus barbatus, especie de ave accipitriforme de la familia Accipitridae, es un buitre que recibe su nombre por su costumbre de remontar huesos y caparazones hasta grandes alturas, para soltarlos, partirlos contra las rocas y poder ingerirlos para alimentarse). Me ha hecho pensar. Está bien el juego de palabras pero, aparte de que la pena que propone es totalmente impracticable, porque no disponemos de suficientes ejemplares de este buitre en peligro de extinción (y alguno añadirá aquello de que, además, “buitre no come buitre…”), no responde al criterio de proporcionalidad, que es lo que me preocupa.

Así que he resuelto desempolvar mi ejemplar de “De los Delitos y las Penas”, obra de Cesare de Beccaria publicada en 1764, esencial para estos casos. Veo por la contraportada que lo compré cuando no había yo cumplido los veintidós años. Me sigue interesando el tema. La primera página describe los tormentos ordinarios -para que el reo confiese- y extraordinarios -una vez que lo ha hecho- y en particular el llamado “de los borceguíes”, consistente en sujetar fuertemente las piernas del reo entre cuatro tablas e introducir cuñas a martillazos de forma que los huesos saltaran por la presión… Leer sobre los tormentos y mutilaciones infligidos en nombre de la ley, todavía en el siglo XVIII, da escalofríos. Afortunadamente la cultura y la civilización han eliminado esas barbaridades, pero siempre es saludable reflexionar sobre la forma de mejorar la justicia.

A Beccaria le preocupaban, entre otras cosas, la prontitud, la proporcionalidad y la eficacia: “para que toda pena no sea violencia de uno o de muchos contra un particular ciudadano, debe esencialmente ser pública, pronta, necesaria, la más pequeña de las posibles en las circunstancias actuales, proporcionada a los delitos, dictada por las leyes”.

Sin exculpar a priori a ninguno, me parece que en este contingente de ochenta y tantas personas relacionadas con las “tarjetas black”, hay de todo. Desde aprovechados puros que han sacado el mayor partido de unas circunstancias favorables (y creo que el Sr. Blesa es uno de ellos), a gente que ha trabajado y, además, se ha aprovechado. Movidos por la ambición y la vanidad, casi todos se han rendido a una tentación en la que es fácil caer para luego habituarse y darlo por natural: el gusto por todo lo bueno. Y más si es gratis y tax-free. Y asumirlo como un derecho adquirido. “I have the simplest tastes. I am always satisfied with the best” (“Tengo gustos sencillos. Siempre me satisface lo mejor”). La frase es de Oscar Wilde, aunque también se la atribuyeron a Winston Churchill. Qué fácil resulta acostumbrarse al buen vino, al cuero fino, a la suave seda, la buena mesa, los zapatos de anca de potro, el mejor whisky. Yo lo volvería a hacer fácilmente, que algo olvidadas tengo muchas de esas cosas. Les comprendo, pero tendrán que pagar.

Y ahí vamos a lo de la proporción y la eficacia. ¿El dinero? Que lo devuelvan, sí, pero casi ninguno de ellos va a tener problema en hacerlo. Duele, pero no tanto frente a otros riesgos. ¿La cárcel?, improbable. La proporción real se satisfaría aplicando una pena de verdad redentora, que les corrija de su ambición y vanidad. No hace falta mucha imaginación. ¿Comidas en Zalacaín? Hay uno que leo que se ha gastado cien mil euros en restaurantes, pues diez años sirviendo comidas, y cenas, en un asilo de indigentes. Ese señor necesita saber lo que es la miseria y la caridad. ¿A la de la Fundación que era responsable de la obra social? ¿Cuántos años dice…?: pues los mismos años trabajando con los servicios sociales que ayudan, por ejemplo, a las mujeres maltratadas. Yendo a sus casas, viendo a sus niños. Para que sepa lo que es la obra social de verdad. Al que le gusta la caza y los animales, pues a limpiar perreras de perros abandonados, que es una noble y gratificante causa. Aprendería sobre la bondad y la lealtad. Y así. Seguro que se nos ocurren más cosas.

”El fin, pues, no es otro que impedir al reo causar nuevos daños a sus ciudadanos y retraer a los demás de la comisión de otros iguales. Luego deberán ser escogidas aquellas penas y aquél método de imponerlas, que guardada la proporción hagan una impresión más eficaz y más durable sobre los ánimos de los hombres, y la menos dolorosa sobre el cuerpo del reo”.

Y pronto.

No sé.

Les dejo con Los Bravos: “Black is black, I want my baby back…”. Gran tema, máxima actualidad.

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Entrenamiento Dirty Dozen: entrega de una Visa Oro

Entrenamiento Dirty Dozen: entrega de una Visa Oro

– Me voy a las Malvinas.
– ¿A dónde?
– A las Islas Malvinas, las Falklands…
– ¿Y dónde queda eso?

Hablaba yo con un cliente en mi despacho del banco en Londres, mientras él intentaba sobre la marcha que le consintiera un descubierto, que para comprar combustible para los tractores de la granja que tenía en Surrey.

Creía este señor que era una buena oportunidad para comprar una finca grande con ovejas en aquellas remotas islas cuya existencia yo hasta entonces, honestamente, ignoraba. Existía, me dijo, la posibilidad de que las islas pasaran a manos argentinas y con ello, según él, se revalorizaría mucho todo aquello. Y se fue.

Por unas semanas –corrían los principios de 1982- no supe nada ni, la verdad, pensé mucho en él. Hasta que el 2 de abril, desayunando con la BBC, me entero del desembarco de los argentinos. Inmediatamente me vino el hombre a la cabeza, claro, pero en las semanas que duró ese conflicto –una de las últimas guerras entre ejércitos regulares del siglo XX- no escuché noticia alguna. El Reino Unido se paralizó. La gente canceló sus vacaciones y todos andábamos pendientes del “parte de guerra” diario, televisado por todos los canales, que a menudo se iniciaba con un flemático “I have bad news”, del portavoz del Ministerio de Defensa. Porque, no crean, los argentinos, que llegaban apenas con sus aviones desde las bases en tierra, les hicieron pupa a los británicos, les hundieron 8 barcos y derribaron bastantes aviones. Pero los británicos al final ganaron, y ahí sigue ese conflicto latiendo en aquellas inhóspitas aguas. De hecho, después de arrancar estas líneas, leo que un equipo del programa de la BBC2 “Top Gear” ha tenido que “salir por piernas”, o sea dejando los coches, porque en la Pampa argentina, donde rodaban, se han encontrado una hostilidad más que manifiesta.

Acabó la guerra y un día de verano volvió a aparecer mi cliente por el banco. Naturalmente me sorprendió y complació saberle sano y salvo, pero además se me presentó una oportunidad, casi única en la Inglaterra de entonces, de escuchar de primera mano algo de lo que había acontecido por allí. Los argentinos le habían hecho prisionero, creyendo al principio que era un espía. Tras muchas explicaciones –hablaba español perfectamente- acabaron enviándole en un Hércules a tierra firma, libre. Opinaba sobre la poca inteligencia de la junta militar argentina de entonces. Porque por lo que él pudo constatar, muchos granjeros de aquellas islas se hubieran ido a Australia, felices o casi, si les hubieran comprado sus granjas y sus ovejas, compensado con unos cientos de miles de libras de propina y ofrecido algo simétrico en tierras australianas. A las ovejas que se quedaban en las islas siempre les podrían decir luego que ellas habían sido “argentinas de toda la vida”. Me hizo pensar. ¿O sea que con dinero estas cosas se pueden resolver…?

Yo creo que el dinero no se maneja con suficiente soltura en estos conflictos. Ya hay un precedente interesante en la compra de Alaska por Estados Unidos en 1867. Nada de guerra ni de misiles (no había). Unos millones y resuelto todo pacíficamente. Dicen los americanos que a lo mejor no fue tan buen negocio, pero seguro que menos les gustaría tener a los rusos ahí pegados en su lado del Pacífico.

Y si no compras las granjas, o los países, compras a las personas. Lo de comprar acuerdos, voluntades y silencios, sobre lo que en España tenemos competencia demostrada, debería aprovecharse mucho más en la resolución de conflictos.

Ahora mismo tenemos algunos graves aquí cerca, a los que se están aplicando los recursos convencionales, como en las Malvinas hace treinta años, o sea bombas y misiles. Con el problema de que enfrente no hay ejércitos convencionales y la destrucción a lo bruto es complicada y con muchos daños colaterales.

Yo lo resolvería con tarjetas de crédito. Echen cuentas. Nos vamos a Ucrania y Oriente Medio y repartimos, digamos, un par de miles de Visas Oro. Con 500.000 euros para gastar cada una. O sea 1.000 millones. Nada. ¿Ustedes saben lo que vale un misil Tomahawk? (los “Block IV” € 1.100.000 cada uno, IVA incluido, para los curiosos).

Total, que localizamos a los líderes del Estado Islámico o de las milicias prorrusas y otros personajes influyentes en las zonas respectivas –políticos, sindicalistas-, y a cada uno ¡zas!, ¡una Visa Oro! Verías tú cómo se les quita rápidamente el extremismo, las ideologías y otras cosas molestas y se dedican a comprar Loewe, coches deportivos y buenas comidas. ¡Y encima todo opaco!

Naturalmente queda una parte que ustedes pensarán que es complicada. ¿Quién es el guapo que se va por esas tierras a entregar las tarjetas?

También lo tengo resuelto. Un comando como el de “Doce del Patíbulo” pero de españoles expertos en el uso de tarjetas opacas y otras formas de corrupción: el “Comando Black Visa”. No tendremos Tomahawks (no sé si tenemos), pero sí gente para formar un grupo temible en eso de gastar. Por ejemplo, Bárcenas se puede ocupar de la financiación (a base de contabilidad creativa nadie llegaría a saber de dónde habían salido los mil millones), Carlos Fabra del transporte aéreo (seguro que monta un aeropuerto nuevo por allí antes de saber cómo viaja el comando, por si acaso), María Antonia Munar de los uniformes (de Dior, claro), Juan Antonio Roca de los caballos que nos pueden hacer falta (pura sangre) o Juan Antonio Trujillo de la logística encubierta. Isabel Pantoja podría entretener al comando (no es Marilyn Monroe, pero nosotros somos españoles, ¡qué caray!). Pero…falta un jefe, al estilo Lee Marvin. Yo creo que Jordi Pujol i Soley lo haría perfectamente. No se rían, no será Lee Marvin, pero no discutirán ustedes sus dotes de mando y capacidad para regañar y achicar al contrario (que a lo mejor no había ni que dar las tarjetas, les convencía sin más).

Seguro que se les ocurren muchos más nombres. Me estoy limitando a convictos o confesos, porque si me meto con los imputados termino formando un regimiento en lugar de un comando, que ya es mucho lío. Pero hay algún nombre más que no me resisto a incluir como banquillo, hasta que se sepa más.

Entrenamiento para Irak (río Eufrates)

Entrenamiento para Irak (río Eufrates)

Miguel Blesa podría ocuparse del transporte marítimo, fluvial y lacustre (piscinas incluidas), vadear ríos y así, en lo que tiene demostrada pericia (además de ser también experto en plástico) o José Antonio Moral Santín, uno de los creadores del Partido Comunista de los Pueblos de España, pro-soviético, que se ha gastado 456.500 euros con su tarjetón opaco de Caja Madrid. Este señor bien podría actuar de mediador en Ucrania (seguro que los prorrusos no leen la prensa española) e infiltrase para acabar entregándole al mismísimo Putin su correspondiente tarjeta oro (o platino, tal vez). A ver qué pasa. Think big!

Por cierto, con el comando habrá que asegurarse que las tarjetas las entregan, que no se las queden…, ¡que te conozco bacalao!

Yo creo que esta es una gran solución que no sé por qué no se les ha ocurrido antes. Menos Tornados, Rafales y F18s y más American Express, Cartes Bleus y Barclaycards…!

¡Igual hasta me dan el Nobel de la Paz!

Energy in Demand - Sustainable Energy - Rod Janssen

This article was written by George Marshall on the eve of the climate summit this week. He assesses how we internalise climate change and one of his points is particularly important: “So if we are to really mobilise action on climate change it is vital that we recognise that it exists in two forms: the scientific facts and the far more potent social facts of constructed narratives or deliberate silence.” Marshall is the founder of the Climate Outreach Information Network and author of Don’t Even Think About It: Why our Brains Are Wired to Ignore Climate Change. As he stresses, the UN is as enervated by the story of global warming as the public is: protest helps, but we need to reconstruct the narrative.

Why our brains are wired to ignore climate change and what to do about it

As world leaders meet today at the United Nations in New…

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ToyStory3Wallpaper1280x1024Si me notan la letra temblona es porque me ha golpeado una “Onda Geo-Sen”, que es lo que utilizan Kiet y Lon para luchar contra el Mariscal Zorn, Sidmodius y otros malos. Leyendo sobre ello he tenido un corto en la tableta y se ha disparado una onda de ésas, que ha concentrado la energía Sen y me ha roto el equilibrio. El mental desde luego. Pensaría Kiet, hoy no me he afeitado, que soy un villano más. Menos mal que no ha sido “Fuego Sho-Sen” (que Kiet no domina pero Lon sí) porque igual le pegan fuego al sofá…

Andaba yo curioseando en lo de los dibujos animados. En mayo pasado le pedí un día a mi nieta mayor, seis años casi siete entonces, que me hiciera una lista de los que veían esa tarde, ella y su hermana dos años más pequeña. Salió esto: “La Abeja Maya”, “Peppa Pig”, “Caillou”, “El Asombroso Mundo de Gumball”, “Barbie”, “Dinofroz”, “Pokemon Negro y Blanco”, “La Brigada Mascota”, “Las Tortugas Ninja” y “Desafío Champion”. Luego las interrogué sobre sus gustos. Ganan “Barbie”, “La Brigada Mascota”, “Las Tortugas Ninja” y “Desafío Champion” -lo del principio…-. División de opiniones sobre “El Asombroso Mundo de Gumball”. Pierden “Dinofroz” y “Pokemon”. “La Abeja Maya”, “Peppa Pig” y “Caillou” eran favoritos pero han ido bajando con el tiempo. Ya sé que faltan muchos, “Pocoyo” o “Bob Esponja” por ejemplo, pero como encuesta me sirvió.

Este junio ha cumplido el Pato Donald ochenta años. Los personajes de Disney, “Tom y Jerry”, “El Oso Yogui” o luego “El Correcaminos” y el pobre coyote, acompañaron mi infancia. Pero yo nunca supe de la televisión hasta cumplidos los ocho años. Y los dibujos animados nunca ocuparon, del tiempo que no estaba en el colegio, más que una parte que en mi memoria me parece reducida. Seguramente porque la oferta, basada en artesanía de dibujantes que el viejo Walt se ocupó bien de mostrarnos, era limitada. Pero en los años setenta llegó la informática al cine. En 1979, George Lucas, que se estaba haciendo de oro con “Star Wars”, recluta a Ed Catmull para formar la Lucasfilm Computer Division. En 1983 se une John Lasseter. En 1984 el programa informático de “Pixar”, “Renderman”, es ya clave para la segunda parte de “Star Trek” y a partir de ahí el ordenador va robando protagonismo a la cámara en la producción de películas: “Terminator”, “Batman Returns”, “Parque Jurásico”, “El Rey León”, “Entrevista con el Vampiro”, “Jumanji”, “Spiderman”, “Harry Potter” y así hasta cientos, no sé si miles, de producciones que se apoyan en ese programa. En 1986 Steve Jobs compra el negocio y se forma “Pixar” como productora. Aparece una nueva generación de películas, divertidas y técnicamente perfectas, empezando -sólo con Pixar- por “Toy Story” (1995) y siguiendo por “Monsters” (2001), “Buscando a Nemo” (2003), “Los Increíbles” (2004), “Cars” (2006), “Ratatouille” (2007) o “Up” (2009) entre otras muchas, incluyendo la segunda y tercera de “Toy Story”. Una nueva forma de concebir el negocio del entretenimiento, que ha cambiado drásticamente el concepto tradicional del cine del siglo XX. “Toy Story-3” ha rebasado ya los mil millones de dólares en taquilla.

El progreso de la informática, y la reducción de costes que supone para producir una película o una serie de dibujos, y las ganancias posibles, han expandido enormemente esta forma de producción en los últimos treinta años. Hasta límites, yo creo, en que la imaginación o el talento son insuficientes y a menudo han sido sustituidos por la extravagancia y el marketing. El dominio es de Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Corea del Sur -aunque hay algunas firmas españolas- lo que, además, nos transmite bastantes estereotipos que nos son ajenos. Detrás de los grandes, Pixar, Disney o Dreamworks, entre las hasta 240 productoras que leo están en activo, hay de todo. Pincho al azar sobre un enlace: Satelight. Japonesa, es filial de un grupo de salas del juego que se conoce en Japón como “pachinko”. Ha producido en los últimos 13 años una media de tres series de televisión cada año y toda una línea derivada de video-juegos, la otra gran industria sobre la que no me voy a extender por no alargarme. Pincho sobre una serie, otra vez al azar: “Bodacious Space Pirates” o “Miniskirt Space Pirates”, adaptada también como “comic” “manga”. ¿El argumento?: pues no me queda papel para explayarme, pero háganse idea de que puede ser tan interesante o educativo como una máquina tragaperras. ¿Y adictivo?

Estas cosas nos llegan cada vez más y se meten en la cabeza de los pequeños mientras estamos ocupados en otras cosas. Me inquieto cuando le pasamos a los chicos el mando a distancia y nos desentendemos por horas. La solución, seguramente más “costosa” para los padres que para los abuelos, es ser más selectivo en lo que ven los niños y, sobre todo, entregarles más de nuestro tiempo y compartirlo en actividades y lecturas, jugando, dibujando o imaginando en común. El espacio que los padres no ocupen, lo ocuparán insidiosamente historias y personajes que están mejor ignorados.

Y a propósito de dibujos, les dejo con mi descubrimiento de este verano, “Masha and The Bear”, del estudio ruso Animaccord. ¡Estoy enganchado, incluso en ruso! (los 300.000.000 de visionados en YouTube no son casuales…)

Escuela IrakTampoco es que seamos amigos de hace tanto tiempo. No llegará a tres años, así que nuestra amistad no tiene las raíces de una larga relación o de peripecias que en algunos casos explican el afecto. Y tampoco es que sepamos tanto el uno del otro, pero no importa. Simplemente me he sentido bien en su compañía, cuando en nuestra charla he ido percibiendo su carácter, su sensibilidad y su humor soterrado –me sabrá perdonar cuando lea esto…-. Como a tantos otros trabajadores del inmobiliario español, la crisis le ha echado “fuera”. Primero a Bagdad y luego a Basora, empujado por el Estado Islámico. Nada menos. De vez en cuando me envía una de sus “crónicas mesopotámicas”, visiones estoicas de una realidad a pie de calle iraquí que iluminan mi ignorancia total. Ignorancia que sospecho que sufrimos la mayoría de los españoles, que no tenemos ni idea de lo que piensa el personal pedestre de aquellas latitudes.

Casi al mismo tiempo que leía una crónica de mi amigo, hacía lo mismo con un artículo firmado por Arturo Pérez-Reverte: “Es la guerra santa, idiotas”. Me dejó inquieto: Roma aplaudiendo a los bárbaros, Europa negociando con el Islam. “Somos idiotas, es la guerra”. Tentador y aterrador: nunca llegaremos a entendernos, el odio no se puede suprimir. A un paso de sólo se puede suprimir al que odia.

Pero leo las crónicas de mi amigo y me doy cuenta de que la gente no se pasa el día odiando. Los trabajadores de por allí, turcos, iraquíes, indios o paquistaníes, todos ellos musulmanes, quieren ganar un jornal en paz. La gente, la gente del mundo, la inmensa mayoría yo creo, se pasa el día intentando sobrevivir, comer, educar a los niños, tener agua para beber.

Y sí, estoy de acuerdo con Pérez-Reverte en que la democracia y la libertad occidentales no son “exportables en frío” porque en esos países serán re-interpretadas o capadas por religiosos fundamentalistas. Y sí, he leído que cincuenta yihadistas o así, que están haciendo barbaridades en Irak, han salido de España. Que cuando te enteras, por cierto, de que el odio de los extremistas sunitas por los yasidíes parece tener su base en un presunto asesinato del siglo VII (de Husayn b.’Ali –venerado por los sunitas- por Yazid ibn Muawiya –segundo califa de los Omeyas, en el origen de los yasidíes-), no tienes más que pensar que hacen falta políticas de muy, muy, largo plazo. Y el terrorismo yihadista es execrable y el extremismo se cultiva o se consiente, seguramente, en algunas mezquitas. Y no entendemos, o repudiamos, parte de la cultura o tradiciones islámicas, sobre todo en las relaciones entre hombres y mujeres o en el predominio de la religión sobre la sociedad civil.

Pero… en el 2030 se prevé que haya en el mundo 2.200 millones de musulmanes. En España hay cerca de dos millones. Los planteamientos bélicos no me parecen a mí realistas. Ni por una parte ni por la otra. ¿Empatía? ¿Cómo? Pues cuando mi amigo de Irak consigue que un coche destartalado, conducido por un policía iraquí fuera de servicio, le lleve al aeropuerto, él consigue transporte y el policía iraquí unos dinares. Y a mi amigo, mientras espera ese coche, le ofrecen unos guardias un trozo de bollo y té. Y todos, mi amigo y el resto, son parte de la gente de a pie, que trabajan cada día juntos. Y mi amigo no entra en las creencias del policía o si su mujer lleva hiyab. Tal vez lo del velo deba esperar. Extender esa convivencia es un objetivo que, poniéndose, llevará decenas de años conseguir. En guerra, no se conseguirá nunca.

P.S. Cuando he utilizado lo de “estoicas” como adjetivo para calificar las visiones de mi amigo sobre Irak, he querido saber si estaba empleando bien el término. Parece que sí, en superficial, pero en más profundidad he ganado un par de explicaciones sobre los estoicos dignas de reflexión:

• “Proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan sólo siendo ajeno a las comodidades materiales, la fortuna externa, y dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud”.

• “Dividieron la filosofía en tres partes: la lógica (teoría del conocimiento y de la ciencia), la física (ciencia sobre el mundo y sobre las cosas) y la ética (ciencia de la conducta). Todas ellas se refieren a aspectos de una misma realidad: el universo en su conjunto y el conocimiento sobre él. Este puede ser explicado y comprendido globalmente porque es una estructura organizada racionalmente de la que el hombre mismo es parte integrante, siendo la faceta más importante la ética”.

¿De verdad puede Occidente, y España en particular, presumir de ser el líder en esta visión del mundo? ¿No será la democracia coartada de otras carencias de nuestra sociedad? ¿No deberíamos empezar por re-examinar nuestros valores?

Coincido con Monsieur Ibrahim, con quien les dejo aquí.

SalvadorEn octubre de 2012 me llevó mi trabajo a Brasil. Las finanzas de mis viajes, a su vez, me hicieron pasar mi primera noche en Salvador de Bahía, en una escala camino de São Paulo. Aterrizamos ya oscurecido, cuando el enlace de autobús entre el aeropuerto y la ciudad, a distancia considerable, es una incógnita. Algunos presuntos pasajeros aguardaban tranquilos, resignados a la irregularidad o inexistencia de ese autobús pero yo, cuando una amable pareja de brasileiros mayores me ofreció compartir un taxi, me apresuré a aceptar. Una fulgurante carrera en un vehículo sin amortiguación y un lateral inquietantemente hundido por un golpe, nos llevó en volandas y me depositó -mis compañeros de viaje se apearon antes-, inesperadamente sano y salvo, en la Rua Direita do Santo Antônio, puro centro, noche ya cerrada.

Mis referencias de Brasil eran hasta entonces meramente literarias. Entre ellas, “La Guerra del Fin del Mundo” de Vargas Llosa (1981) y “Capitanes de la Arena” de Jorge Amado (1937). Ambas situadas en Bahía. La de Vargas Llosa centrada en la “Guerra dos Canudos”, una guerra civil de colonos y miseria en el siglo XIX. Y exterminio final. La de Amado, en la propia Salvador de Bahía, sobre la lucha por la supervivencia de los niños urbanos. Picaresca, sordidez y ternura, injusticia intolerable.

Me dije: bueno, de todo eso hace más de cien años… Salí a la calle a buscar algún sitio donde comprar algo de cena. No lo encontré. Pero sí me encontré con varios niños, niños de la edad de mis nietos, siete, ocho años, durmiendo semidesnudos, acurrucados en la acera monda, arrimados a los portales. No sé si estarían pensando aquello de “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”. Debían.

Confieso que ando un poco revuelto con el tema este de la desigualdad creciente. La global, no tanto la doméstica aunque exista. Acabo de terminar “El Mundo de Hoy” de Kapuściński, que te la presenta página tras página. Leo luego en un diario sobre las preocupaciones por la “tasa Tobin” o las retribuciones de los consejos de administración, o sobre las corruptelas o inanidad de muchos políticos y sus socios o la ausencia de valores de buena parte de la sociedad civil y no puedo evitar el pensar que llevamos un mal camino. El drama resulta ser que le metan 5 goles a un grupo de deportistas millonarios, en… Salvador de Bahía…

Algo habrá que hacer, por justicia y para evitar que aparezca “un cisne negro” –otro día hablamos de esto- por algún sitio. Todavía no he leído “El Capital en el Siglo XXI” de Thomas Piketty, pero algunos de sus argumentos centrales, que tomo prestados del blog de Manfred Nolte, me los creo a pie juntillas:

a) La creciente concentración de la renta y de la riqueza en las manos de una élite minoritaria y el retorno a un ‘capitalismo patrimonial’ en el que los estratos económicos más favorecidos quedan copados no tanto por los poseedores de riqueza sino por los beneficiarios de una riqueza heredada en el que los factores de ubicación geográfica, familia y otros similares tienen mayor relevancia que el esfuerzo o el talento, inhibiendo la promoción abierta en la escala social. El riesgo de una deriva hacia la oligarquía es real y concede poca razón al optimismo.

b) La desigualdad planetaria aumenta, ya que la tasa de crecimiento histórica del rendimiento del capital es manifiestamente superior a la tasa de crecimiento de la economía en su conjunto lo que equivale a constatar el distanciamiento progresivo de las rentas salariales y de los rendimientos del capital conduciendo a un capitalismo patrimonial y al dominio progresivo de la riqueza sobre el trabajo.

La propuesta de Piketty de una tasa progresiva a la riqueza hasta niveles del 80% y de índole global parece utópica e inviable, pero también parece claro que habrá que encontrar una solución.

En España, el PSOE busca su sino mientras sangra por su flanco izquierdo. El Partido Popular contempla ¿impávido? la desafección de sus votantes mientras aplica más liberalismo. Confieso que a mí el cuerpo siempre se me ha inclinado hacia esto último, pero empiezo a pensar, me ha costado años darme cuenta, que la postura frente al Mundo de Hoy se encuentra en algún punto intermedio entre la socialdemocracia y el liberalismo. No sé cuál. No sé si alguien lo sabe.

¿O será que la solución está de verdad en el Kalashnikov? No tengo ametralladora. ¿O las flechas indígenas? Flechas sí tengo, aunque me falta el curare. ¿A mis años?

1200 res 6th april 2009bLa verdad es que me da un poco de pereza ponerme a escribir sobre inmobiliario en un sábado, porque estoy todos los días en lo mismo, pero llega el fin de semana y caigo otra vez en la tentación…

El hecho es que hoy leo el informe de la llamada “Office of the Comptroller and Auditor General” –C&AG-, que debe ser algo así como el “tribunal de cuentas” irlandés, sobre NAMA , a su vez el “banco malo” de aquel país. Perdonen que siga utilizando ese término, sea por entendernos. Publicado esta semana, analiza el período 2010-2012, o sea los tres primeros años completos de funcionamiento de esa organización, que se creó en 2009. Siempre me ha parecido interesante seguir la marcha de NAMA, la “National Asset Management Agency” de Irlanda, porque al arrancar tres años antes que Sareb, nos puede dar pistas de lo que aquí llegue a suceder y, sobre todo, de hacia dónde debería orientarse la gestión de la entidad nuestra.

Desde que en 1993 me metí, o mejor dicho caí, en este mundo de los activos adjudicados, he mantenido la teoría, que al menos algunos de mis amigos ya aceptan como buena, que he dado en llamar “de los lodos inmobiliarios”. Si la tuviera que poner en términos científicos podría acudir a la genética y definir la generación de tales lodos como aquel “proceso de liquidación de carteras inmobiliarias en que, en ausencia de gestión, se produce una selección direccional a favor de los grupos de inmuebles (alelos en genética…) de peor relación calidad-precio”. O sea, si exponemos a un mercado un conjunto de inmuebles de relación calidad-precio diversa (por ubicación, diseño, dimensión, construcción, conservación) y nos quedamos al margen, o sea no hacemos nada, o si gestionamos mal, la demanda irá “extrayendo” de ese conjunto los que considera mejores, a velocidad decreciente (van quedando menos), hasta que esa extracción (venta) se detiene, generando lodos inmobiliarios, que están constituidos por los inmuebles que perviven como parte de la cartera. Sólo si se cambia, si se mejora, la relación calidad-precio, es posible reactivar la venta. Ese cambio, esa mejora, a su vez, puede suceder porque se bajen los precios de la oferta más deprisa que la pérdida de calidad de los inmuebles (que normalmente la pierden, sobre todo por deficiente conservación) o porque la demanda anticipe una relación futura distinta con la oferta. O sea que los precios del mercado inmobiliario en general suban.

Volvamos a Irlanda. En su constitución, NAMA emitió € 30.200 en deuda senior, para financiar la compra de activos “dañados” a la banca de ese país. Su plan de negocio de 2010, corregido en 2012, estableció que dicha deuda se cancelaría totalmente para 2020, con el resultante de la liquidación de esos activos, permitiendo además cubrir todos los gastos de explotación de ese período de 10 años. La amortización de la deuda (según el programa actual de 2012), previó amortizar € 7.500 millones en 2013, € 8.000 millones en 2016 y € 14.700 millones en 2020. En los tres años que el informe estudia (2010-2012), NAMA ha vendido préstamos e inmuebles por € 10.500 millones, lo que les ha permitido cumplir con el hito de 2013, devolver € 7.500 millones y encima tiene € 4.000 millones de tesorería. Bien hasta aquí. Y mal les tendría que ir para no cubrir los € 8.000 millones del 2016. Pero… y aquí es donde C&AG “pone el dedo en la llaga”: de los € 10.500 millones de ventas realizadas, el 75% han sido activos en el Reino Unido, casi todos en Londres. Desde otro ángulo: han vendido el 60% de todo lo que tenía NAMA en el Reino Unido, que suponía el 32% de su cartera, frente a únicamente el 15% de sus activos en Irlanda, que representaba el 54% de la misma.

Lo que C&AG cuestiona es la capacidad de NAMA de generar ventas a partir de ahora sin incurrir en pérdidas significativas en el mercado irlandés, que es el que tiene mayor peso en su cartera. Los próximos años nos irán diciendo, pero es de temer que se enfrenten con un escenario en el que, cumpliendo con sus obligaciones financieras y con su generación de resultados hasta la media vida de la agencia, pérdidas y dificultades se acumulen hacia el final, cuando queden menos alternativas estratégicas. A NAMA se le está quedando, que me perdonen los irlandeses, el lodo.

Lo que expongo es la gran cuestión a resolver en este tipo de grandes vehículos financiero-inmobiliarios: cómo conseguir volumen de ventas y generar resultados sin deteriorar en demasía la cartera remanente. Cómo evitar, en castizo, el “pan para hoy y hambre para mañana”, sobre todo teniendo en cuenta la presión y gran atractivo que presentan los fondos oportunistas, que permiten hacer cifra en plazos cortos. Pero que obviamente no vienen a por lodo, por lo que es de sospechar que cuando sea eso lo que vaya quedando, perderán bastante de su desmedido interés actual.

Concluyo. NAMA no es Sareb. NAMA tiene aproximadamente la mitad de tamaño, está más diversificada en tipologías, adquirió préstamos en mayor proporción que Sareb, está más concentrada geográficamente. Pero repito que me parece interesante mirar a su experiencia. Al haberse desprendido en estos tres años de “lo más fácil” (Londres), empieza a inquietar su madurez y que la cosa no vaya a acabar en ruina. Yo creo que Sareb deberá gestionar con habilidad para conseguir, junto a los objetivos clásicos de cifra de ventas, resultados y amortización de deuda, un equilibrio de calidad de activos que no deje los problemas para el final. O sea, que hay que enfangarse y descubrir y desprenderse del lodo más antes que después. Ya sé que es un poco un rubik’s cube, pero habrá que seguir dándole vueltas.

P.S. Aquí les dejo una presentación de Analistas Financieros Internacionales de Diciembre 2012 cuando empieza a operar Sareb. Incluye una comparativa de la época entre NAMA y Sareb que es buen contexto.

la fotoCreo que nunca llegaré a conocer un desierto. El Sahara, difícil. Gobi, Kalahari, Atacama, Arizona, son sitios a los que me da que no voy a ir de turista. Los desiertos no son muy apetecibles para casi nadie, beduinos y coyotes aparte. Pero, puesto a pensar, he concluido que algo sí que sé del desierto. Cuando hice la mili, en Rabasa, al lado de Alicante, nos llevaban a recoger piedras a su antiguo aeródromo. Por allí debió pasar Saint-Exupery, camino de Orán, pero mientras yo recogí piedras jamás vi avión alguno. Creo que el ejército lo hacía sólo para entretenernos y tratar de imbuirnos disciplina ciega. Mirando hacia atrás me doy cuenta de que aquello ya era, y sospecho que sigue siendo, parte del desierto. Un día a la semana nos llevaban “al tiro”, a disparar contra la montaña de Fontcalent, donde el riesgo de que matáramos a alguien sin querer se reducía por la condición también desértica del paraje. Hoy hay allí una prisión de alta seguridad y algún cultivo bajo plástico y riego por goteo, recursos de tierras de secano. Efectivamente, sigue todo aquello reseco, como casi todo el sureste de España. A lo largo de mi vida me he acostumbrado a estar rodeado de secarrales, que no tengo claro cuánto han empeorado en los cincuenta años que llevo por aquí. El desierto nos invade. No nos damos cuenta o hacemos la vista gorda, a ver si lo arregla el gobierno (o los eurodiputados, je, je) o se arregla solo. Las urbanizaciones verdean cual oasis, con sus piscinas azules, palmeras y buganvillas multicolores. Pero das un paso fuera y el terreno es pedregoso y polvoriento.

Yo vivo en el “Cabo de las Huertas”, una zona llamada así porque hace algo más de un siglo se dedicaba al cultivo, no me pregunten cómo. Hacia 1900 se trazó la carretera que conduce de Alicante a las playas y se fueron construyendo un edificio tras otro, hasta casi colmatar el territorio, salvo lo poco que se conservó para algunas plazas y parques. A diez minutos andando desde mi casa tengo un tal parque, el “Bosque Metropolitano del Cabo de las Huertas”, junto al mar, parte de un grandilocuente plan de la Generalitat Valenciana. ¿Bosque? No es que los árboles no te dejen verlo, es que no hay bosque más que en el nombre… Son 27 hectáreas de tierra estéril y pedruscos, sin rastro de cubierta vegetal, que después de muchos años me he decidido a estudiar. La verdad es que da pena. Se han muerto hasta los pobres cactus, que deberían estar acostumbrados.

Ayer fue el “Día Internacional del Reciclaje”. Seguro que los españoles de a pie nos habremos quedado medio tranquilos al escuchar “lo bien que vamos” en lo de reciclar, o al menos eso nos cuentan teles y radios. “Año tras año la sociedad española es más responsable a la hora de cuidar el planeta. Los últimos datos registrados sitúan a nuestro país entre uno de los países con mejores medidas de reciclaje” (Cadena Ser). Ésa es una noticia que habla del reciclaje de vidrio. Y lo fácil, sin ahondar, es pensar que todo va bien. Pero cuando miras los datos del INE, pese a que inexplicablemente sus series se han detenido en 2004, España, con 662 Kgs/año produce un 43% más de basura por persona que la media de la UE25, con 461 Kg/año. Y que frente a los países más avanzados de Europa, en que sólo el 20% de la basura acaba en el vertedero (Suecia), en España el 55% tiene (tenía), este fin. Eso era en 2004. ¿Cómo estamos hoy?, supongo que el INE nos dirá en 2024.

En suma, suelo vegetal desaparecido, poca o nada de lluvia (en Alicante algo así como 5 litros/m2 en los últimos 8 meses), 2014_est1_analisis_est_p_8019mucha basura y una conciencia ciudadana que espera a que venga alguien, no sé yo quién, y arregle nuestro medioambiente, en que han de vivir mis nietos y las futuras generaciones.

Algo habrá que hacer.

P.S. Hace unos días andaba yo buscando en Internet sobre la canción de los Gershwin, “Oh, Lady Be Good”. Al hacerlo me encontré con una de esas historias que te conmueven. Siguiendo la tradición de muchos aviadores en la II Guerra Mundial, “Lady Be Good” fue el nombre que adoptó su tripulación para un bombardero americano basado en Libia. En 1943, al regreso de una misión en Italia, les sorprende una tormenta de arena, les falla el sistema de navegación, se pierden y el avión se interna en el desierto. Al quedarse sin combustible, la tripulación, convencida de que el avión se va a estrellar, salta en paracaídas. Pero el avión sigue volando, cual fantasma solitario, otros veinticinco kilómetros y, planeando, se posa sobra las dunas del Mar de Arena de Calanshio, prácticamente intacto. La tripulación de nueve, salvo uno, sobreviven al salto, pero no aciertan en hacia dónde dirigirse y tras hasta ocho días de marcha desorientada perecen todos uno tras otro. El avión se descubre en 1959 por un equipo de prospección petrolífera y los cuerpos en 1960. El drama se ha podido conocer a través del diario que el comandante del aparato mantuvo hasta el último momento. No les funcionó a los pobres la petición de clemencia que parece rondar detrás del nombre de su avión. Porque el desierto no perdona.

letra de cambio+ Ihesus en Medina del Campo a III de noviembre de 1495 +
Pagad por esta primera de cambio para en fyn del mes de disiembre primero que viene a Eduardo Escaja e Bernardo de Grimaldo gynoveses estantes en Sevilla çiento e çincuenta e nueve mill e çiento e sesenta e quatro maravedís digo CLIXUCLXIIII por otros tantos que aquy he reçebido de Franco e Clemente Justiniano e Juan Bautista Cereso y ponerles a mi cuenta. Y Dios sea con todos. Álvaro de Soria CLIXUCLXIIII

Resistió la letra de cambio más de quinientos años pero, al menos en España, anda en extinción. Yo lo lamento. No a nivel personal, que bastantes he pagado, pero sí como instrumento.

Hace casi cuarenta años me pusieron de jefecillo de créditos en el Banco de Bilbao en Valencia. Allí llegué animoso y dispuesto a administrar eso que ahora está tan de moda por su ausencia: el crédito a las pymes. Me dieron un despacho en la cuarta planta, detrás del reloj de la fachada. Frente por frente con mi mesa, en un despacho como el mío y puerta por medio siempre abierta, se sentaba Paco Andrés. Era un hombre grande y pausado que me doblaba en años. Y llevaba media vida en su ocupación y se las sabía todas sobre la clientela del banco en Valencia. Si el cliente quería una póliza de crédito, un “financiero” o un aval, venían a mí. Si descontar una remesa de letras de cambio o ampliar su línea de descuento, a él. Sus clientes y los míos eran de hecho los mismos. Así que cuando un cliente se sentaba delante del novato, un servidor, lo hacía de espaldas a Paco, que le conocía perfectamente. Me contaban su historia, su proyecto de negocio, lo que les hacía falta y yo me quedaba medio convencido de acceder. Levantaba yo entonces la vista y por encima del hombro del cliente buscaba la mirada de Paco, que casi siempre había escuchado la conversación mientras repasaba remesas de letras. Éste me daba con un dedo su recomendación, “que no…”, o “puede…”. O sea un buen sistema digital de concesión de crédito… Y una tutoría que me ayudó mucho a entender esto del crédito sí o crédito no.

Pues bien, el sistema financiero en España está hoy como estaba yo en 1976, pensando en dar crédito, pero sin Paco. Porque yo tenía de los clientes balances, historias, proyectos y de todo ello sacaba una impresión. Pero Paco sabía mucho más: sabía quiénes eran los clientes de nuestro cliente y cómo le pagaban, lo que es la clave de cualquier negocio. Y no sólo sabía eso, sino que con su experiencia al expurgar remesas de letras para descontar, sabía qué clientes de nuestro cliente, los librados de las letras de cambio, no gustaban a nuestra competencia, porque sabía las marcas que sus equivalentes en otros bancos hacían al rechazar un efecto para su descuento. “Este librado no lo quiere el Popular, porque el jefe de cartera suyo le dobla la esquina superior derecha a las letras que rechaza…”. Artesanía imposible hoy, mientras pensamos en un futuro de bitcoins, pero “inteligencia” imprescindible para administrar el crédito.

Una empresa tiene un buen futuro si tiene buenos clientes y estos le pagan puntualmente. Si los buenos clientes compran es que la empresa tiene un buen producto y buenos precios. Y si le pagan puntualmente lo confirman: quieren asegurarse el suministro. La virtud del descuento de letras de cambio es que permite conocer ese devenir empresarial y valorar el negocio. Y este conocimiento es permanente y continuado, a través de personas como Paco Andrés, que vigilan la marcha del negocio semana a semana. Esta sensibilidad la ha perdido la banca al desaparecer la letra de cambio como sistema de administración de crédito.

Hoy, la banca está en la tesitura de entregar crédito a sus clientes sin conocer bien la marcha del negocio. Una póliza cuyo importe el cliente se puede gastar en lo que sea, sin que el banco sepa cómo va el negocio, se ve arriesgada. Y por eso el banco lo que quiere son garantías, que a menudo el cliente, la pyme, no tiene. Ergo no hay crédito. La deriva de la banca de estos últimos años hacia financiar exclusivamente en base a garantías y certificados de tasación, sobre todo al negocio inmobiliario, tiene mucho que ver con esa falta de conocimiento del negocio. Yo creo que es imprescindible recuperar un sistema que permita a la banca volver a tomar el pulso de los negocios de sus pequeños clientes y administrar su relación de una forma más cercana, poniendo a las garantías en su posición, de apoyo, no de exclusivo soporte. Y que el descuento de letras de cambio es una solución.

No sé si será una letra física o una criptoletra, pero se echa de menos.

grapes-21Sitúan la anécdota en el parlamento británico, pero bien nos la podríamos aplicar. Dicen que hace unos veinte años se votaba una propuesta que tenía como opciones instalar televisiones en las cárceles u ordenadores en los colegios. Ganó la televisión, con el voto unánime de gobierno y oposición. Extrañada la prensa por la coincidencia, un diputado les aclaró el sentir general: pensaban todos los diputados que al colegio ya no iban a volver…

Es normal que la gente nos preocupemos más por lo que nos puede afectar y pongamos en segundo término aquello de lo que creemos estar a salvo. Puesto en ese plan, yo tendría que preocuparme más por el Alzheimer que por el paro, por un decir. A mi edad, el desempleo ya no puede afectarme.

El Alzheimer… ojalá no, pero poder, puede. Así que de vez en cuando me fijo en las noticias que aluden a ese mal. Me entero así de que el coste de la enfermedad en España se estima en 37.000 millones de euros anuales y de que en muchos países –Estados Unidos por ejemplo- es la enfermedad que crece a mayor velocidad. En España, la CEAFA –Confederación Española de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias- decía en 2005 que la previsión era que la cifra de ese año, 600.000 enfermos, se doblase hacia 2025, o sea después de 20 años. Lo ha hecho en 8 ó 9 y hoy tenemos ya 1.200.000. Es lógica la inquietud.

Pero bueno, en realidad me he ido por la ramita del Alzheimer porque esta semana leía sobre un estudio epidemiológico que relacionaba la enfermedad con la exposición al insecticida conocido como DDT. Y ello me ha hecho pensar en el uso de los principios de esa ciencia, la epidemiología, en otros campos, el social en particular.

Porque yo venía hoy a hablar otra vez del desempleo, aunque no me pueda ya afectar. Porque creo que el desempleo es la mayor enfermedad social que padecemos, con la que nuestra sociedad, empresas, sindicatos, políticos, anda bastante acostumbrada a convivir. Sobre todo, porque buena parte de la gente que trabaja y cuenta con cierto poder de decisión se siente exenta del riesgo de caer en él. El problema está en que ese riesgo que a nivel personal no sienten, mientras se entretienen en otras cosas, sí es un altísimo riesgo para el cuerpo social. Porque con los niveles de desempleo que tiene España, todo la estructura social y económica de nuestro país está en peligro: presupuesto del estado, estabilidad o crecimiento empresarial, educación, pensiones o sanidad -cuidado de los enfermos de Alzheimer incluido-. El Estado del Bienestar en su conjunto puede bien extinguirse o verse seriamente mermado, si el desempleo no se reduce sensiblemente. Señales de alarma ya hay.

Y por eso me acuerdo de la Epidemiología. Dicen que esa ciencia está en la intersección entre las ciencias biomédicas y las ciencias sociales. Sus armas: la demografía y la estadística. Su objetivo: estudiar y controlar las enfermedades en grupos sociales bien definidos (personas expuestas al DDT, por ejemplo). Y apoyándose en ello, intentar encontrar remedios.

No sé, la verdad, si existe un equivalente de esa ciencia dentro de la Sociología, pero creo que el desempleo en España, por su dimensión, demanda mucha más ciencia que la que se aplica. Me he mirado con algo de detenimiento la Encuesta del INE sobre la Población Activa de este mes pasado y creo que su metodología adolece de no profundizar en las causas. Ubica el desempleo geográfica y demográficamente, pero no entra en muchas cuestiones sociológicas que podrían ayudar a dilucidar dichas causas.

He pensado que tal vez ése no sea el papel del INE, así que he mirado en el Centro de Investigaciones Sociológicas. El último estudio que figura en su web que tenga una relación con el desempleo, es de noviembre de 2012. Se trata de una encuesta cualitativa, que yo calificaría de menor, sobre “Juventud, Formación y Empleo”, en relación con algunos licenciados universitarios. Mientras tanto, todos los meses su propio Barómetro interroga a la población, que contesta de forma abrumadora que su mayor preocupación es el paro. ¿Por qué el CIS, pues, no dedica más recursos a estudiarlo? Educación –profesorado, curricula, especialidades, universidades, formación técnica-, habilidades sociales, idiomas, emprendimiento, industrialización, tecnología, política fiscal, tamaño de las empresas, comunicación, familia, hay montones de factores que estoy convencido de que tienen impacto sobre la generación de empleo por la empresas y la “empleabilidad” de las personas.

Mientras escucho que casi el 90% de los cursos de formación organizados alrededor de la Fundación Tripartita son percibidos como inútiles o casi, en la web del Ministerio de Trabajo encuentro lo siguiente, que copio literal: “Informe de ejecución del Plan Anual de Evaluación de la calidad, impacto, eficacia y eficiencia del conjunto del subsistema de formación profesional para el empleo 2012. Continuar la línea de estudio iniciada en 2012, en cumplimiento de lo establecido en el Real Decreto 395/2007 que pueda servir para introducir mejoras en su funcionamiento”. ¡Bien! me digo, parece interesante. Pero…

¿Estado?: “Pendiente de inicio. Se ha reperiodificado y continuará en 2014″… ¿Cuántas cosas tienen más importantes que esto?

Los ejemplos anteriores muestran que nuestras prioridades sociales no están suficientemente enfocadas. Hace falta más investigación sistemática, con mucha más intensidad, imaginación y coordinación de lo que, yo creo, se está haciendo. La EPA vale para entretener cada tres meses, recordándonos lo mal que estamos. Pero de poco más. Lo que de verdad importa analizar a fondo son las causas –el DDT no es- y las posible soluciones. Y a partir de ahí… ¡acción!

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