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Remolcador ValiñaHace unos días desayunaba con “La 2”. Pasaban un programa que se llama “Aquí hay trabajo”. Podía añadir que debe ser el único sitio de España, si quisiese ser ácido. Dejémoslo. No dudo de la buena intención del programa, pero le falta imaginación y es un punto deprimente. Mostraban un “taller ocupacional” en no sé qué sitio de Andalucía, con un grupo de hombres y mujeres aprendiendo a poner ladrillos, construir una arqueta y cosas parecidas. Albañilería básica. Alguno de los alumnos contaba su atribulada historia: que había sido peón en la construcción, que luego puso un bar que le fue mal, que había estado unos meses de camarero y que ahora llevaba año y medio sin trabajo. Y así varios. ¿Más albañiles?

El mayor problema que tiene España, seguro, es el de tres o cuatro millones de personas de muy difícil “empleabilidad”, por usar un “palabro” que no sé si la RAE tiene aprobado. Luego lo miro, porque estoy en un avión y no tengo el diccionario aquí a mano (no está, que ya he aterrizado…). Desde que allá mediados los noventa empezaron la construcción y el turismo, sobre todo, a tirar de la economía española, el mundo ha dado unos miles de vueltas y la sociedad española y sus gobiernos sucesivos han sido, hemos sido, incapaces de entender cuánto cambiaba en el entorno global, gota a gota, vuelta a vuelta. En los últimos tres lustros hemos pasado de la realidad, a secas, al espejismo y de vuelta a la realidad, esta vez cruda. A ver cómo conseguimos ahora volver a la realidad a secas.

En ello andaba yo en el otoño de 1960, cuando con mis padres aterricé en La Mancha. Bueno, en realidad llegamos en tren. De hierro. De regreso de la emigración buscó mi familia el apoyo de la familia hasta saber a dónde íbamos a parar. Así que acabé en un instituto de bachillerato “laboral” que llevaba una comunidad de frailes en Manzanares. Allí, mezclado con cosas esenciales, como saber dónde está El Bierzo, empecé a manejar la lima y el garlopín. Se me ha quedado la idea de que aquellas clases de mecánica y carpintería no eran mala cosa.

Bueno, lo de mecánica no es más que un eufemismo, porque en realidad a lo único que me enseñaron es a limar. Fue toda la mecánica que aprendí en los meses que pasé en aquel colegio. Llegabas a clase y te daban un dibujito de una pieza sencilla, un trozo de hierro y una lima. Y a limar. No se imaginan lo difícil que es dejar plano y a medida un trozo de hierro. Plano que cuando lo apoyes en una superficie plana de verdad, hagan contacto al 100%. Y a la medida de lo que te piden, que también aprendí a utilizar un calibrador. De eso trata la cultura del hierro, que lo que en carpintería se arregla con unos buenos martillazos o en albañilería con un poco más de yeso, y más mazazos, con el hierro no es tan sencillo.

Pues por ahí es por dónde yo creo hay que atacar. Tenemos que insistir con el hierro. Menos ladrillo, menos madera y más hierro. ¿Qué exportamos? Coches…. hierro. Trenes… hierro. Acabo de leer que Arcelor con otro puñado de empresas han desarrollado en Asturias un nuevo modelo de raíles para trenes de alta velocidad, ¡bien! … hierro. Hemos perdido casi toda la construcción naval, pero todavía somos capaces de construir y vender barcos, ¡hasta portaviones!, si nos ponemos. O petroleros para Pemex. ¿Y qué exportan alemanes, ingleses, italianos, suecos, americanos, japoneses, coreanos?… mucho hierro.

En España la cultura del hierro está por el norte. Vascos y navarros sobre todo. Asturianos, aunque no han evolucionado lo suficiente, me temo. Y no hablo sólo de coches, que ya sé que también se fabrican en Aragón, en Castilla León, en Galicia o en Cataluña. Hablo de Cultura del Hierro. Hablo de enseñar a los jóvenes y a los obreros de la construcción en paro, a pensar con precisión de hierro, a un caldo de cultivo hacia más metalurgia en nuestra producción. A un reciclaje de nuestra economía, en cuanto a trabajadores manuales, que se ocupe menos de formar albañiles, camareros o cuidadores de ancianos. Mira uno los cursos del INEM y sus aledaños, incluyendo academias y sindicatos, y no parecen haberse enterado de que por ahí pasa la “empleabilidad” de esos millones de trabajadores que están en la lista del paro. ¿Y qué piensa la ministra? ¿Que es una apuesta? Pues es posible, pero más vale el “¿Qué Apostamos?” que el “Ahora Caigo”…

Detrás de los diferenciales de desempleo entre regiones algo hay de esto.

Por cierto, si enseñan a limar, controlen bien quién se apunta a los cursos, porque en algunos sitios el manejo de una lima es más que útil… Y ya imaginan de quién hablo.

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Hace unos años pude escuchar una charla de Antonio Puig, el principal empresario de perfumería en España. Me llamó la atención su afirmación de que “lo que importa para una economía nacional no es tanto tener las fábricas, lo importante es tener las centrales, las sedes empresariales”. Creo que esa afirmación es bastante matizable, pero en el contexto en que lo afirmó es cierta. Se refería a la perfumería en Francia y a cómo París, la metrópoli, había arrebatado a la Costa Azul la industria del perfume, al atraer a las sedes de esos negocios haciendo que dejasen allí únicamente las plantaciones de rosas. O sea que se habían llevado a París los empleos white collar y dejado en el sur los blue collar. O tal vez debería decir green collar.

Las estadísticas del paro en España empiezan a reflejar, cosa esperable, que las víctimas más numerosas son las personas con menos estudios, los blue collar. Ahí tenemos un problema serio, porque precisamente buena parte de la inmigración que hemos recibido, sobre todo la africana y latinoamericana, son de ese grupo y en consecuencia es de temer que el impacto laboral de la quiebra de nuestro modelo económico sea casi una catástrofe.

¿Qué hacer? Y sobre todo, ¿qué hacer en el corto plazo? Bueno, en el corto plazo, yo creo que simplemente ponerse una palangana en la cabeza mientras dura el pedrisco, no se me ocurre otra cosa. Pero si podemos hacerlo mientras aguantamos el ruido, una de las cosas a pensar sería jugar a metrópoli (no al Monopoly, que ya nos hemos quedado sin dinero). De metrópoli de las buenas, a crear riqueza fuera y de rebote dentro.

Son, somos, los white collar, los que tenemos que tomar la iniciativa. Madrid a solas, o Madrid-Barcelona como tándem si consiguen resolver su conflicto bipolar, conforman un potente atractor de actividad relacional. Y somos los white collar los que tenemos que tomar las iniciativas para atraer aquí a empresas extranjeras, que se lo pasen bien y que se relacionen con la miríada de empresas medianas de que dispone España, que hasta ahora no han mirado hacia fuera y que tienen que empezar a hacerlo. De ahí es de donde salen los negocios que en este momento hacen falta. Forma parte del proceso de internacionalización.

Contamos con la ventaja única de que nuestras dos mayores entidades financieras, BBVA y Banco Santander, tienen las mayores redes bancarias en toda Latinoamérica. Ahora que las dos entidades se llevan tan bien, tal vez quedaría como un excelente ejercicio de relaciones públicas si fundasen al alimón una especie de “fundación para la internacionalización de la empresa española”, que sería una muestra de que cuando se está en crisis la gente trabajamos juntos para el bien común.

Como ayer leí que se había muerto John Updike, me puse a bucear un poco sobre Sao Paulo, donde tiene lugar buena parte de su novela “Brasil”. Lo que llaman el “Complejo Metropolitano Extendido” de Sao Paulo tiene 29 millones de habitantes… ¿cuánto negocio hay ahí para empresas españolas? Brasil tiene unos 180 millones de habitantes. Y aunque no se vea directamente como un negocio, en el 2005 se aprobó que todos los estudiantes del país adoptasen el español como segundo idioma, para lo que se estimaba harían falta 200.000 maestros. No sé cuántos maestros españoles hay en Brasil, ni sé cuántos maestros hay en el paro en España, ni sé cuánto gana un maestro en Brasil ni si con eso come, etc., pero bueno, digo yo que será mejor que la cola del INEM. Y que no tiene que suponer irse a vivir a Brasil para siempre.

Y a propósito de maestros, los cinco millones de extranjeros que tenemos en España y que ya he dicho que no creo que quieran irse, al menos tienen una gran ventaja: son jóvenes, cosa que muchos del resto de los españoles no podemos decir. La edad media de los emigrantes es hoy de 34 años. No deberían ser un caso perdido para un gran esfuerzo educativo, las escuelas de noche están vacías y seguro que muchos van a querer aprender cosas y así mejorar su “empleabilidad”, término éste que está empezando a ponerse rápidamente de moda.

White collar helps blue collar helps white collar…, ¡estamos en emergencia!

Ya habrán adivinado que me gusta terminar siempre que puedo con una sonrisa, así que aquí va el un clip de la película “Brazil”, que no tiene nada que ver con lo que hablamos, pero que seguro ayuda a los que se sienten apretados…

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