¡Uno para todos y todos para uno! ¿Por cuánto tiempo más?

Tenía yo 12 años cuando mi hermano Tito, que tenía 20, tuvo un grave accidente de automóvil. Afortunadamente sobrevivió, pero anduvo unos meses convaleciente, hasta que le acomodaron los huesos rotos. A la mañana siguiente al accidente me llevaron a verle al hospital. Mi pobre hermano, mezcla de anestesia y cariño fraterno, me dijo entre lágrimas que le pidiese lo que yo quisiera. Le pedí “Los Tres Mosqueteros”, en línea con la inclinación aventurera que él mismo me había imbuido con los piratas de Emilio Salgari. Ya repuesto me trajo la novela un día, junto con “Veinte Años Después” y “El Vizconde de Bragelonne”, todas las cuales me leí de tirón, como lo hice muchos años después con “El Conde de Montecristo”.

Pero bueno, disculpen que me haya distraído con lo de Dumas, porque la verdad es que no he venido aquí a hablar de Alejandro Dumas sino de Charles Dumas, autor del libro “Globalisation Fractures: How major nations’ interests are now in conflict”. Y de las estocadas que nos van a dar como no hagamos algo pronto. Estoy seguro, sin haber leído a Charles, que lo disfrutaría muchísimo menos que a Alejandro, pero en la entrevista que leo hoy suelta dos afirmaciones sobre las que debemos meditar:

“P.- En España tenemos elecciones a la vuelta de la esquina. ¿Qué le recomendaría usted al futuro presidente del Gobierno?

R.- Que negocie la salida de España del euro y retome el control de su política monetaria.

P.- Para la clase política en España esa opción sigue siendo un tabú. Muchos la consideran un retroceso histórico.

R.- Si afrontar la realidad es un tabú, entonces es que el país está en proceso de auto-negación. Yo creo que España tiene hoy por hoy dos opciones… O salir del euro, devaluar la moneda, reformar las leyes laborales, intentar ganar competitividad y crecer al cabo de seis o siete años; o quedarse y enfrentarse a algo mucho peor: una depresión en toda regla.”

Hoy he releído un “post” que yo mismo escribí hace un par de años, “¡Mi Peseta…!”. No he cambiado de idea. Pero sí puedo añadir cosas.

De entonces a hoy la situación se nos ha complicado seriamente. Persiste nuestra falta de competitividad, la demanda interna retrocede y no crecemos. Pero ahora el crédito está más encogido aún y, además, nuestros acreedores no se fían. Nada de ello es previsible que cambie a corto o medio plazo. Y va a ser difícil que cumplamos con nuestros compromisos de deuda externa, pública y/o privada.

La ÚNICA solución es que seamos capaces de mejorar nuestra competitividad hacia el exterior. A corto plazo con una moneda más débil. Lo que implica salir del euro y trabajar en nuestra política monetaria propia, control de inflación, tasas de interés y tipo de cambio. A medio y largo, con buen gobierno y medidas de fondo.

¿Consecuencias? Buenas y malas:

1. Seremos más baratos para los turistas que nos visiten y vendrán más. El turismo sigue siendo muy importante para nuestra balanza de pagos y es un buen generador de empleo.

2. Competiremos mejor en los mercados europeos a los que vendemos nuestros productos y que hoy por hoy son nuestros principales clientes.

3. Seremos capaces de abrir mercados emergentes con más facilidad. Latinoamérica y África, con muchas monedas débiles nos serán más asequibles si de verdad nos dedicamos a ello.

4. Se creará empleo apoyado en la exportación, como debe ser.

5. La energía y muchos productos industriales serán más caros.

6. Nos costará más caro salir de vacaciones al extranjero.

7. Nos pondremos rojos de vergüenza durante un tiempo. Y sentiremos pena por un proyecto que no pudo ser.

8. Bajará nuestro nivel de vida. Menos BMW’s, lavadoras AEG, televisores Loewe o… coches blindados Audi.

9. Pero iremos pagando nuestras deudas, poco a poco.

10. Y nos iremos sintiendo mejor. Y ya llegarán los “Veinte Años Después”…

Piensa, desea, mucha gente, que a base de quitar coches oficiales, cerrar televisiones públicas, quitar camas hospitalarias o construir más pisos vamos a salvar la situación. Y piensan que el empleo va a mejorar sólo porque ganemos confianza. Yo soy escéptico, como Charles Dumas, porque la solución está en crecer, ahorrar no es suficiente.

Y tal vez nos llegue alguna ayudita del FMI o del FEEF y vaya bien. Pero tenemos que ser los españoles los que salgamos del hoyo, no nos van a sacar. Aunque lo del “todos para uno y uno para todos” de D’Artagnan, suene tan bonito.

Porque, al fin y al cabo, Alejandro Dumas era un fantasioso. Y de fantasía no se come.

En garde!:

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