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Disculpen que me apoye en el auto-plagio al arrancar, como ya he hecho otra vez, con el personaje de Kevin Costner en la película “The War”. En 1970, regresa de Vietnam, se re-encuentra con sus dos hijos y sin nada de dinero necesita una casa en la que reconstruir su vida con su familia. Después de muchas tribulaciones consigue comprar una en la subasta de un banco, por un precio irrisorio, una auténtica ganga. Aunque queda claro que lo que compra no es precisamente la mansión de “Dallas”, sino una vieja casita necesitada de muchas reparaciones.

En España, no hace falta un Vietnam, hay mucha gente que querría conseguir lo mismo: una ganga. El GRAN debate inmobiliario de hoy día es el de la bajada de los precios de la vivienda, en el que, naturalmente, hay dos bandos enfrentados en una guerra sorda: el de los que quieren vender y el de los que quieren comprar. Los que quieren vender, entidades financieras anegadas de ladrillos, inversores braceando entre impagos, promotores inmobiliarios intentando no hundirse y particulares empujados por su marea personal. Los que quieren comprar, gente que antes no se lo podía permitir o que es ahora cuando le concurren las circunstancias. Otros quieren simplemente invertir su dinero con beneficio en el momento que parezca justo. Están sentados en la orilla con la caña de pescar viendo el chapoteo de unos y otros, pensando que la buena pesca es de los pacientes.

Sería bueno que las dos partes pensasen en el futuro. Los compradores deberían darse cuenta de que los inmuebles de más calidad es improbable que desciendan a los niveles de ganga que muchos desearían y que tal vez es mejor intentar encontrar en el río revuelto actual lo que buscan, cuando los vendedores necesitan vender lo que sea, bueno, malo o regular. Los vendedores, en particular aquellos que acumulen carteras de inmuebles, deberían pensar que la demanda, cuando se la considera en su conjunto, tiende a seleccionar lo mejorcito disponible, dejando a los vendedores con lo peor de lo que ofrecen. Es un proceso que genera lo que se podría calificar de “lodo inmobiliario”: aquellos inmuebles a los que el tiempo, abandono, vandalismo, el “si no se ha vendido en tanto tiempo por qué lo voy a comprar yo…”, va a hacer aún peores.

Por eso es recomendable que las dos partes agudicen sus sentidos si quieren comprar o vender. Y es ahí donde debo otra vez decir que las subastas cumplen un cometido, que no es vender lo mejor. Que no busquen los compradores los mejores inmuebles del mercado en una subasta, que esos ya se venden más pronto o tarde por otros caminos, porque son los más deseables. Pero sí pueden buscar en ellas esos inmuebles que parecen de segunda clase pero que bien arreglados pueden convertirse en local o piso decente en el que hacer funcionar un negocio o vivir a gusto. Y los vendedores, sin abandonar esos otros caminos, deberían hacer hueco en su estrategia comercial a la subasta, dando una cierta agresividad en los precios al poso de inmuebles que no despierta interés y que, si se convierte en lodo, huele y cuesta de limpiar.

Tulipp busca movilizar, por medio de subastas presenciales, precisamente esos inmuebles, los que parece que no despiertan interés pero que cuando se les pone un buen precio y se les saca a un buen escaparate, alguien los mira dos veces y les encuentra su lado bueno.

Léxico

Subasta: del latín “sub hasta véndere”, por la pica que, como símbolo de la propiedad pública, se hincaba en el suelo en el lugar donde se subastaban los bienes embargados por deudas al fisco. Subasta pública: la realizada sin limitación de participantes. Precio de reserva: el precio más bajo por debajo del cual el vendedor no está dispuesto a vender. Pujar: ofrecer en una subasta más de lo que ha ofrecido el licitador anterior. Pujador, postor, licitador: persona que puja. Mejor postor: persona que hace la oferta más elevada en una subasta. Ganga: cosa que se compra por menos precio del que le corresponde.

Y si se dedican a la pesca, ¡por lo menos háganlo con estilo!

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