El que nos visite sin haberse informado antes de cómo nos va la cosa y vea las obras que hemos acometido en nuestros respectivos pueblos seguro que piensa algo así como “¡caray, estos tíos están forrados!”. Nuevos parques, polideportivos y enlucimiento general de las calles. Estamos como Walter Matthau en la película de aquí arriba, con su Ferrari, caballos, mayordomo y lujos de esos con los que muchos sólo soñamos. A mí se me quedó lo del valet de chambre, que siempre he querido tener y me parece que ya no lo voy a conseguir. Y un molinillo eléctrico para la pimienta, que nunca había visto uno antes, que ése sí que me lo compré al final, aunque la verdad no me funcionó mucho tiempo. Bueno y lo del Ferrari, pero eso tampoco, ya imaginan.

A Matthau lo cita un día su contable y le explica que está arruinado, que no le queda ni un dólar y además tiene un montón de deudas. Matthau, rico de cuna que había vivido toda su vida sin dar golpe no acaba de creérselo pero la realidad, como siempre, se impone. Y la única solución, sobre la que su mayordomo tiene que convencerle porque además es un misógino redomado, es la de casarse con una mujer rica. Y bueno, a partir de ahí sigue una bonita historia de amor, una comedia bastante redonda y no les voy a contar más porque este no es un blog de cine, aunque muchos puedan pensar lo contrario.

Pues en la ciudad donde vivo estamos como Matthau, unos jardines estupendos, unos tranvías nuevecitos que la verdad son magníficos, un puerto y unas playas envidiables, en fin, que muy bien, que no hay queja y se siente uno casi rico de Malibu. Pero ¡ay, no hay felicidad completa! Lo prueba que el ayuntamiento ha acordado estos días solicitar un crédito a largo plazo de 26 millones (de euros: ná, cuatro o cinco mil milloncejos de pesetas) para… “pagar el agua y la luz de las dependencias municipales, así como otros muchos cargos de gasto corriente” (Diario Información de Alicante, 14 de julio de 2009).

Hablo de Alicante porque lo tengo ahí, a mano, pero el fenómeno es general. He leído de refilón lo del viaje de los letrados del Consejo General del Poder Judicial a no sé que toma de posesión de no sé qué jueces en Barcelona. Y que el viaje había costado no sé cuánto, a base de hoteles 5 estrellas y cosas así. No sé si es cierto, pero cuando miro a mi alrededor me parece creíble, porque es mucho el alto cargo público que se sigue comportando como si nadásemos en la abundancia. No importa el signo político. Los altos cargos de la Comunidad de Madrid se rebajan el sueldo… ¡el 2%, pobrecillos! El Sr. Carod se gasta 500.000 euros en viajes. ¡Olé paisano! Y el vestuario de unos y otras me hace pensar en cuando cesaron a la pobre Pilar Miró, ¿alguien se acuerdan de cuánto valían aquellos vestidos? Mire hacia dónde mire es lo mismo.

Porque el contable nos dice que estamos arruinados y debemos no sé cuánto, pero el sector público no se lo acaba de creer. Y no hay una mujer rica, u hombre, con que casarnos. Y además, ¡qué digo, si yo ya estoy casado!

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