Estamos como los del Flight of the Phoenix. Nos ha pillado una tormenta, un motor no funciona, nos hemos caído en el desierto, se nos ha roto un ala y no sabemos dónde estamos… Y encima no nos ponemos de acuerdo en cómo salir de aquí.

Afortunadamente tenemos a James Stewart de piloto y a Hardy Krüger, el diseñador de maquetas, que es capaz de convencer a todos de que de un avión de dos motores se pueden construir uno más pequeño de un solo motor en el que salvarse. Ellos lo consiguen. Nosotros estamos en ello.

Bueno, realmente estamos en que no nos ponemos de acuerdo en cómo resolver la cosa. Estos días he leído otra vez que los economistas sólo servimos para contar lo ya sucedido y no tenemos ni idea de cómo predecir el futuro. La verdad es que tampoco me preocupa, porque en lo que debemos ocuparnos no es en intentar saber qué va a suceder, sino en ayudar a que suceda algo. Y no los economistas, sino todos.

Al final de la película Jimmy quema cuatro cartuchos intentando sin éxito arrancar el motor del avión artesano. El quinto decide utilizarlo para limpiar los cilindros y es el que funciona. Me he parado a pensar en si sería yo capaz de reducir lo necesario para que salgamos del desierto a cinco “cartuchos”. Los míos serían:

1. Cambio de la estructura estatal y autonómica

2. Mejora del marco regulatorio jurídico, fiscal y laboral

3. Aseguramiento de agua y energía suficiente y económica para todos

4. Transparencia y eficiencia del sistema financiero

5. Mejora de la educación y el empresariado

Dejemos los cuatro primeros hasta que los políticos se aclaren y centrémonos en el quinto, que es el que estoy seguro de que funcionaría. Porque ahí está la verdadera base del cambio de nuestro modelo económico que tanto se desea: son necesarios más graduados de carreras técnicas.

Me he metido a estudiar el mundo universitario y me he encontrado con un panorama poco alentador. Aunque las noticias más frecuentes suelen versar sobre el Espacio Europeo de Educación Superior –EEEC o Plan Bolonia- o sobre los portátiles para los chavales, hay que bucear en las cifras universitarias para entender nuestra realidad.

El informe 2008 de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas –CRUE- que hasta hace poco ha presidido nuestro ministro de Educación Sr. Ángel Gabilondo, y el propio ministerio desvelan lo siguiente sobre las universidades públicas:

• Mientras la población de nuestro país aumenta (+11,9% entre 1996 y 2006), el número de estudiantes universitarios disminuye (-12,6%, 1.070.000 contra 1.224.000).
• El descenso se produce exclusivamente en las carreras de ciclo largo. La gente quiere estudiar menos.
• En el último curso analizado, 2006/2007, el mayor descenso de matrícula se produce precisamente en las carreras técnicas, -5,6% frente a, por ejemplo, Ciencias Sociales y Jurídicas que crecen el 1,6%. Justo lo contrario que nuestros amigos chinos, por ejemplo.
• La Tasa de Rendimiento Académico –T.R.A.- (créditos aprobados sobre créditos totales) de las carreras técnicas es del 54,3% frente a una media del 61,6%. O sea que más o menos la mitad de los créditos se suspenden. Lejos de la deseada excelencia. En algunas regiones la tasa ronda el 40%. La mala base de las matemáticas de secundaria aflora, creando un círculo vicioso que empuja a los estudiantes a evitar las carreras técnicas.
• Los chicos trabajan poco, produciendo únicamente un 38,6% de las graduaciones para un 45,5% de las matrículas. Mientras las chicas consiguen un 61,4% de los egresos para un 54,5% de las matrículas.
• Las mujeres son más y rinden más, pero sólo suponen el 35,4% del personal docente e investigador o PDI (¿por qué?)
• Pese al descenso de universitarios el PDI aumenta un 15% y el personal de administración y servicios lo hace en un 18%. Ello hace que el total gasto por estudiante graduado crezca un ¡51%! en seis años. Aquí también tenemos un problema de productividad.

Podía seguir pero temo aburrirles. Echo de menos un informe razonado. La página de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, -ANECA-, probablemente rigurosa, no veo que explique cómo está la cosa. El informe de la CRUE da puramente los datos (por cierto en un pdf colgado al través) pero no expone conclusión alguna. Lo que parece claro es que la universidad necesita un revolcón si de verdad queremos enfrentar un cambio de modelo económico. Espero que el Sr. Gabilondo, que es un filósofo, tenga clara la misión inmediata: hacen falta más graduados técnicos y menos abogados, o filósofos (perdonad amigos y disculpe, ministro).

Apéndice técnico: el avión que se estrella en la película (versión 1965) es un Fairchild C82A Packet, modelo que fue fabricado entre 1945 y 1948. El cartucho Coffman era un artefacto pirotécnico de cordita, común para conseguir que los motores de pistón dieran las primeras vueltas, lo que se apreciaba por el giro de la hélice. El sistema de cartucho pirotécnico permitía arrancar el motor de forma independiente al uso de baterías o generadores externos. El piloto de pruebas Paul Mantz falleció durante el rodaje al intentar aterrizar con el nuevo avión monomotor que se fabricó al efecto.

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