La Semana Santa ha venido con tiempo incierto, como casi siempre. Así que paso de playa y sigo releyendo a Orwell, que el cambio de gobierno me hace recordar Animal Farm. Pero lo que ahora me interesa es más su pensamiento sobre el hombre corriente que sus fábulas políticas. Orwell escribía muy bien sobre la miseria y los negocios menguantes, porque lo experimentó todo en primera persona. Supongo que en este momento entre una parte no pequeña de los hombres y mujeres corrientes en España, o sea casi todos, cunden las preocupaciones corrientes. Los que tienen trabajo, pero su empresa está de cuarto menguante, se temen la cola anónima del INEM. Y a los de la cola les preocupa encontrar trabajo antes de que se acabe el subsidio, o después. Y mientras tanto tienen, tenemos, que ir al super, pagar la luz, los colegios, hipotecas y otras menudencias domésticas.

En un extremo están los down and out. Orwell fue en su día uno de ellos, de los que llegan a dormir en la calle o en el albergue. Más tarde y a través de uno de sus personajes él mismo reconoce que no se sentía ni un down and out, ni un go-getter, sino una parte de la inmensa mayoría que está en el medio, ni en la miseria absoluta y sin solución, ni emprendedor dispuesto a mucho para enriquecerse. En España ahora mismo tenemos un problema, un desequilibrio, que es que una parte de esa mayoría intermedia se está deslizando, de momento silenciosamente, hacia el extremo inferior, el de los problemas económicos serios. Cuánta gente se desplace hacia ese extremo, sin saber bien como impedirlo, dependerá mucho de la profundidad y duración de esta crisis que estamos viviendo. Y de lo que se haga para evitarlo.

No hay confianza en la marcha de la economía y en consecuencia se perciben riesgos a los que antes se pasaba por encima sin pensar dos veces. Los tiempos llaman a ser conservadores. Pero pese a todo ese sentimiento negativo, no va a quedar más remedio que otra parte de la gran mayoría intermedia que somos, se desplace hacia el lado de la iniciativa, pasando a actuar como go-getters. Va a haber que jugársela algo más que lo hacíamos cuando todo iba bien.

El Gobierno no hace más que repetir que su primera preocupación es la protección social y la generación de empleo. Escucho de refilón sobre la primera reunión de la vicepresidenta económica con el ministro de fomento y no sé por qué mi inquietud aumenta. Bueno, sí sé por qué. Aumenta porque los mensajes que disparan no me parece que se acerquen a la diana. Yo, modestamente, me hago unos numeritos de la cuenta de la vieja:

• Vamos hacia los 4.000.000 de desempleados
• En España hay más o menos 1.600.000 empresas con asalariados
• De ellas, alrededor del 88% tienen menos de 10 empleados. Asumamos que la media está en 5 empleados, que no creo que me equivoco mucho
• Por tanto, si queremos crear, por ejemplo, 2.000.000 de puestos de trabajo en empresas nuevas, para simplemente minorar el problema, hacen falta más o menos 400.000 nuevas empresas con asalariados. O sea subir nuestro número de empresas en un 25%

En contraste, según el Directorio Central de Empresas –DIRCE- del INE, las altas y reactivaciones superan a las bajas de empresas en unas 100.000 escasas al año. En 2009 la creación de empresas viene descendiendo a ritmos del 40% interanual. O sea que para mí el diagnóstico es claro: no sólo tenemos un problema de destrucción de empleo por parte de las empresas existentes, sino otros dos asociados: se destruyen más de 300.000 empresas al año y no se crean suficientes que sustituyan todo ese proceso destructivo. En suma, hacen falta más go-getters.

Y por eso es por lo que no me suena la música del Gobierno cuando me cantan que la solución está en las infraestructuras y en el Plan E. Para mí el plan necesario, del que ni oigo hablar, es un plan serio de apoyo a las pequeñas y medianas empresas, existentes y sobre todo nuevas, para que los trabajadores de la gran masa intermedia que tengan ganas de ser empresarios lo tengan fácil, fiscal, laboral, administrativa y financieramente. Algo así como “ponga usted la idea y las ganas de trabajar, que nosotros haremos el resto”, si exageramos y lo queremos poner en plan spot publicitario. Por ahí va de verdad el fomento.

Y ahora que empieza la temporada de carreras de motos y coches, dos personajes automovilísticos con historias de éxito y fracaso, así es la vida de la empresa:

Soichiro Honda, en el centro, fundador de Honda Motor Cars, c. 1930, El Éxito

Soichiro Honda, en el centro, fundador de Honda Motor Cars, c. 1930, El Éxito

Preston Tucker y el Tucker Torpedo 1948, El Fracaso

Preston Tucker y el Tucker Torpedo 1948, El Fracaso

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