Hay cosas que nos hacen falta como sociedad pero que mejor me las ponen bien lejos, por favor. Léase central nuclear, torres de alta tensión, prisiones, etc. Eso al menos es lo que piensa mucha gente. ¿Y una fábrica de cemento o una cantera de piedra? Bueno, la verdad es que tampoco resultan muy sexies. Su estética deja mucho de desear y es probable que la mayoría también prefiera tenerlas lejos. De ahí lo de Nimby, Not in My Back Yard, (No en Mi Patio Trasero). Y sin embargo en algún sitio tienen que estar.

Uno de esos sitios es Torredonjimeno, cerca de Jaén. Allí hay una fábrica que instaló Cementos Alba hace cincuenta y tantos años. Me parece entender que se nutre de una cantera de cascajo de la localidad de Jamilena y supongo que de otra en Martos. Ahora, la propietaria actual, la cementera suiza Holcim, ha decidido echar el cierre, con el consiguiente despido de toda la plantilla, y regidores y vecinos de la zona andan alzados. O sea que aquí el movimiento Nimby no funciona porque, lógicamente, el empleo tiene una prioridad más alta.

Lamentablemente, Holcim parece tener sus ideas claras y me temo que a lo más que pueden aspirar los trabajadores de esos pueblos es a alargar la agonía. Holcim alega que su previsión es que el consumo de cemento en España descienda de 56 a 34 millones de toneladas entre 2007 y 2009 y en ese contexto no va a ser fácil torcerles el brazo.

Ya sé que parecerá extraño, pero esta cuestión me ha hecho pensar en mis vacaciones del año pasado. Como todavía no me había golpeado la crisis pude viajar a la Columbia Británica, en Canadá. Victoria es la capital de ese estado, una pequeña ciudad en la enorme Vancouver Island, 10 veces el tamaño de Mallorca. De hecho la isla es tan grande que casi todos los turistas acabamos quedándonos en la propia ciudad de Victoria, entre cuyos atractivos turísticos destacan los jardines Butchart.

Lo de los Butchart Gardens merece una pensada. Porque, adivinen, estos jardines son el resultado de… ¡la reconversión de una fábrica de cemento y cantera de piedra! El matrimonio Butchart empezó fabricando cemento en Vancouver Island para explotar los yacimientos de piedra caliza de esa zona, a final del siglo XIX. Entre 1904 y 1909, la esposa, Jennie, aprovechando la riqueza de su negocio y en vista de que la cantera se agotaba, decidió crear, en la propia cantera, su primer “Jardín Japonés”, con la ayuda del diseñador Isaburo Kishida. Poco a poco la fue transformando, hasta eventualmente consumir la propia fábrica, en el maravilloso jardín de más de 20 Has que es hoy. Un jardín que acoge a decenas de miles de visitantes al año, a $25 de entrada por cabeza, por cierto. Una admirable historia.

¿Qué pasaría si en lugar de salir con pancartas a la calle, alguien consigue hacer llegar un mensaje al Sr. Rolf Soiron, presidente de Holcim, y le propone crear algo así como los Holcim Gardens en algún sitio, cantera abandonada por ejemplo, entre Torredonjimeno, Jamilena y Martos?

Una empresa cementera de las grandes (y Holcim es la segunda del mundo) siempre necesita buena prensa. Por eso su Fundación Holcim promueve ideas relacionadas con la sostenibilidad y cosas así, y un jardín no está lejos de esos fines. Aprovechar una cantera o fábrica abandonada para un proyecto de este estilo sería una magnífica propaganda para ellos, que sin duda valorarán más que mantener abierta una fábrica que consideran no rentable. Probablemente hasta se piensen meter en ello una pequeña parte de los 3.221 millones de dólares de beneficio neto que han tenido en 2007 (y así de paso regresa a España algo de lo de la bóveda esa de Barceló, mira por dónde).

Tengo claro que Jaén no es Vancouver, vale, y que habría que ver quién pone qué, quién invierte, quién lidera, que es un proyecto a largo plazo y cómo se explota y hace rentable todo ello. Pero también tengo claro que Andalucía cuenta de entrada con el potencial turístico y que este tipo de atracción va directa a los gustos del turismo de calidad (de pasta, vamos). Y que si yo trabajara de peón en una fábrica de cemento o en una cantera o me fuera a quedar en el paro, preferiría mil veces trabajar en un jardín.

Y termino pidiendo excusas por meterme, desde la ignorancia, en este tipo de propuestas utópicas. Pero no las pido, en cambio, por sugerir que se utilice esto como ejemplo del pensamiento lateral que hay que aplicar a montones de las cosas que están sucediendo. Porque, simplemente, no podemos perpetuar nuestro modelo económico, del que el cemento es una parte, con la sola excusa del empleo.

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