A riesgo de marear a la infantería perdonen que empiece otra vez con barcos. Ya sé que el martes nos lo pasamos achicando agua, pero es que no me resisto a hablar de este tema antes de que se derrita la nieve de ahí fuera.

Atrapados en el Hielo no es una traducción exacta del título del libro The Endurance, que lo que realmente quiere decir es resistencia, perseverancia o mejor, la capacidad de las personas de aguantar el sufrimiento durante largo tiempo. El Endurance era uno de los barcos de la expedición de Ernest Shackleton al Polo Sur. El barco quedó atrapado en el Mar de Weddell el 18 de enero de 1915 y meses después la presión del hielo lo destruyó por lo que la expedición tuvo que abandonarlo. Padecieron toda suerte de penalidades, incluyendo una travesía de 1.300 kilómetros de Shackleton y otros cinco hombres a través del Océano Antártico en un bote de siete metros. La odisea duró más de año y medio y la tripulación, completa, consiguió salvarse. Carne de foca para desayunar, carne de foca para la cena…

Aunque Amundsen fue quien finalmente alcanzó el Polo Sur y Scott pereció en el intento, es el nombre de Shackleton el que ha quedado ligado a todo lo que endurance significa. Y su capacidad para conducir a los 27 tripulantes del barco a la salvación, como uno de los ejemplos más claros de liderazgo de todo el siglo XX. En todo momento la tripulación de ese viaje, que está bien documentado y fotografiado, estuvo convencida de que su líder les conduciría a la salvación.

Creo que en la clase política española, sobre la que he venido esquivando hablar porque opino que sobre ello gastamos energía en exceso, hay una buena proporción de personas que viven en una burbuja de influencias y fontanería interna de sus propios partidos. Junto con las continuas descalificaciones mutuas entre miembros de diferentes partidos, son cosas que no nos conciernen al común de los ciudadanos. A mi personalmente no sólo no me conciernen, sino que me producen profundo fastidio.

Lo que pasa es que sí que me concierne cómo vamos a salir de esta crisis en que nos hemos metido. Y creo que sin acciones decididas de gobierno, de las que en mi anterior artículo he dado mi propia lista, no va a ser posible arreglar esto. CON acciones decididas creo que vamos a tardar algunos años en los que va a haber que exigir sacrificios impopulares. Y para ello hace falta un líder.

Energía desbordante, capacidad de trabajo sin límites, dominio de la lengua hablada y escrita, intuiciones brillantes, pensamiento estratégico, valor personal, determinación y resolución, orientación a la acción ejecutiva, fidelidad personal, tolerancia a la impopularidad, inteligencia aguda e ingeniosa, sentido del humor, autoconfianza ciega… tales fueron las virtudes de Winston Churchill como líder, profusamente estudiadas por la capacidad que demostró de que su país entero le siguiese sin rechistar durante la Segunda Guerra Mundial.

Las circunstancias de la España de hoy carecen sin duda del dramatismo de aquéllas en las que Shackleton o Churchill demostraron su liderazgo. Pero cuando todos tenemos la sospecha de que hoy han perdido su trabajo dos o tres mil personas como mínimo, el que mande tiene que demostrarme que es capaz de rescatarnos, porque si no me voy a temer, como se está temiendo medio país, que yo mismo estoy en el lote de los tres mil siguientes, lo que no hará sino empeorar las cosas.

Y luego vienen los cabreos menores, las cincuenta o sesenta mil personas “atrapadas en el hielo” de Barajas la semana pasada, por ejemplo. El líder tendrá que saber de qué gestores se rodea, que los gestores son mucho más abundantes que los líderes –y los malos gestores muchísimo más-, y los problemillas de Economía, Fomento, Justicia, Empleo, Educación y otras cosas menores se resuelven quitando a un mal gestor y poniendo uno bueno, trial and error, que es lo que pasa en las empresas normales. A propósito de gestores, en la expedición de Shackleton, dieciocho meses después de quedarse atascados seguían teniendo cosas como cerillas… lo que me hace pensar que les podríamos mandar su viejo manual de gestión a la gente del aeropuerto…

Aunque hay un problema no tan menor, que es la progresiva división de nuestros intereses comunes como nación, una cometa a la que cada vez se le da más hilo.

Pero el problema de verdad es: ¿Dónde está el líder?

Lecturas recomendadas, para los que gusten del liderazgo antártico: The Endurance, Caroline Alexander; An Unsung Hero -Tom Crean, Antartic Survivor-, Michael Smith

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