Este viernes empieza en Astana, la capital de Kazakhstan, la 51ª Olimpíada Internacional de Matemática –OIM-. Acudirán estudiantes de más de cien países a intentar llevarse medallas olímpicas resolviendo problemas matemáticos. España lleva participando en esa competición cada año sin interrupción desde 1983. Con los años hemos ido mejorando un poquito. En 1985 quedamos en el puesto 35 de 38 países. En el 2008, en que la sede fue Madrid, gozamos del efecto anfitrión y quedamos en el puesto 43 de 94 países. Nunca hemos obtenido una medalla de oro. Nuestro participante más laureado está en el puesto 1.543 de los 12.903 que han concursado todos estos años. Hugo Fernández Hervás, que obtuvo mención honorífica en 2005 y medalla de plata en 2006, puesto 52 de 498 participantes.

La cuestión es que nuestra participación nacional en esta olimpíada, que voluntariosamente coordina la Real Sociedad Matemática Española no puede recibir otro calificativo más propio que el de mediocre. Equipo de media tabla, nunca nos hemos acercado ni de lejos a los puestos de “UEFA”. Partiendo de la base de que los de “Champion” están copados y son inasequibles: China (1-1-2)*, número 1 en 14 de las últimas 20 olimpíadas y 2 en 4 más; Rusia (3-2-1); Estados Unidos (6-3-5); Corea del Sur (4-4-3) y Japón (2-11-6). Alemania, fuerte. Italia, bien. Francia, Reino Unido, discretos, aunque desde luego siempre por encima de España. Llama la atención la mejora notoria de Perú (24-17-32) o Brasil (17-16-24) en los tres últimos años. La propia Kazakhstan (27-25-28), tierra de cosacos, tiene resultados muchos mejores que los nuestros (55-43-66). Claro que en Kazakhstan hace en invierno un frío que pela, no hay playa y seguro que la gente no se lo pasa tan bien como nosotros en vacaciones. Y además, que yo sepa, no están en octavos del mundial de fútbol.

*Las cifras entre paréntesis son la posición del país en el medallero de los años (2009-2008-2007)

Lo anterior me lleva a pensar en el tema de las vacaciones escolares. Y me consta que si en este blog se ha colado como lector algún estudiante de bachillerato, o como se llame ahora ESO, me va a maldecir. Lo que opino, ya lo saben de otras veces, es que los estudiantes no estudian bastante. No sólo porque estudiar cansa, sino porque el sistema no les aprieta. Y si dudan vuelvan a leer esto desde el principio. Estamos agarrados a lo de los 175 días lectivos por un montón de intereses creados o derechos adquiridos, con la consecuencia de que quienes nos tendrían que sacar de la crisis en próximos años están cantando aquello de “cuando calienta el sol, aquí en la playa…” o cosas semejantes más de moda. Tres meses.

Mientras tanto, los estudiantes brasileños -ojo a Brasil- curran un 14% más, 200 días y los japoneses un… 39% más, 243 días. Y aunque todo no son días en el instituto, sí deberíamos aceptar que exista una relación lógica entre esfuerzo y resultado.

Además, a propósito de los tres meses de vacaciones veraniegas, quienes entienden (la John Hopkins University por ejemplo), demuestran que los largos períodos de vacaciones hacen no sólo que los estudiantes no avancen, sino que los hace retroceder en su conocimiento. La gente se olvida, por falta de ejercicio neuronal durante largos períodos.

Así que parece que la fórmula recomendable son menos vacaciones, más frecuentes y más cortas. Es de pura lógica, más en las circunstancias actuales, que haya que aumentar la cantidad y calidad de educación, más días, y aumentar la presión, o el estímulo, social, mediático, el que se quiera, para que los jóvenes españoles se sacudan la arena y nos ayuden a salir del lío.

Y a propósito de estímulo, los premios que otorga la Real Sociedad Matemática Española, financiados por la Subdirección General de Becas y Promoción Educativa del Ministerio de Educación y Ciencia, a quienes nos van a representar en esta competición son de € 750. O sea, hagan números, los seis representantes que estarán volando seguramente hacia Astana a defender nuestro prestigio se han embolsado € 4.500 entre todos. No me extraña que el déficit del Estado esté como está. ¡Con estos derroches!

Deberíamos hacer más caso a este señor:

“…Lo cual no puede parecer presunción si se advierte que, por no haber en matemáticas más que una verdad en cada cosa, el que la halla sabe acerca de ella todo lo que se puede saber; y que, por ejemplo, un niño que sabe aritmética y hace una suma conforme a las reglas, puede estar seguro de haber descubierto, respecto a la suma que examinaba, todo cuanto el espíritu humano puede hallar; porque el método que enseña a seguir el orden verdadero y a enumerar exactamente todas las circunstancias de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certeza a las reglas de la aritmética”. René Descartes, El Discurso del Método, 1637.

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