Tendido de Sol

Anda la sociedad española instalada en algún lugar no muy definido entre el “todo vale”, la indignación que no fue y un marasmo tipo Mar de los Sargazos.

Esta semana he pasado por la Puerta del Sol. ¿La verdad, verdad?: vergüenza ajena, el Kilómetro 0 de España invadido por marginalidad, suciedad, cutrerío, okupación y otros reclamos turísticos. No sé cuántos “indignados” de verdad pueden quedar. Desde luego los que yo he podido ver no me lo parecen. Y conste que sí que estoy de acuerdo en que todos tenemos razones para indignarnos.

Llego a mi reunión en un hotel y pillo el Herald Tribune. Front page: “Spain’s dangerous mix: Drugs, unemployment and austerity” (primera plana, digo). El alcalde de Barbate dice que los jóvenes que están en el paro y se dedican a vender drogas no deberían ser considerados delincuentes. Todo vale. Y claro, ahí el PSOE gana las elecciones. Parece que Barbate es el pueblo con más desempleo de España, después de Ubrique. Hace tiempo que no paso por la luminosa Cádiz, así que para ponerme al día le he echado un vistazo a las noticias web de ambos ayuntamientos. Barbate: semana gastronómica del atún de almadraba, taller musical de la banda municipal, concurso de carteles para las fiestas del Carmen y Campus Thao. Ubrique: Fomento de la Cultura Taurina de Andalucía, apertura de la piscina cubierta, instalación del césped artificial en el Estadio Municipal Antonio Barbadillo y sellado de la escombrera del Garciago (más plantas).

Barbate, qué bonito y qué pena...

No creo que lo de la Puerta del Sol resuelva mucho, o nada, me temo. Tampoco parece que las cosas que anuncian los ayuntamientos andaluces den pistas sobre cómo resolver los problemas que denuncia el Herald Tribune. Aunque la verdad entre las toldillas de Sol y unas tapas de atún en el paseo marítimo de Barbate, con la banda municipal de fondo, me voy para Cádiz sin pensarlo dos veces.

Mientras estas cosas suceden, sigue sin atacarse en serio el mayor problema dual de la economía española: nuestra pirámide de población se invierte de forma progresiva (ya tenemos más ancianos que niños, 7,6 millones mayores de 65 años frente a 6,6 millones menores de 14) y el desempleo juvenil supera el 40%. Ni toros, ni tapas, ni toldillas van a resolver esto. Mientras los sindicatos barbudos e imberbes siguen con soflamas inanes y el gobierno se bambolea, debería centrarse todo el esfuerzo en inculcar responsabilidad (exigirla se puede poco), dar formación acelerada (técnica, idiomas), facilitar caminos para el auto-empleo (a vuelta con la financiación) y dar confianza a la juventud (liderazgo, ejemplo). Todo ello, hoy por hoy, poco previsible.

Así que los jóvenes tendrán que asumir que la mejor forma de resolver sus problemas, y de paso los de España, es resolvérselos ellos mismos a base de estudio y trabajo. De día, y de noche.

Sigamos esperando…

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