Mallorca

Tragedias urbanas

De vez en cuando se cae una casa y mata a alguna pobre gente. No suele ocurrir en los mejores barrios, sino en los de gente modesta, en cascos antiguos de casas abigarradas Tal vez se ha hecho alguna obra, en la propia casa o la de al lado y se ha tocado algo que no se debía tocar o las lluvias del otoño le han dado el empujón mortal a una estructura debilitada. No es inusual que la casa venga quejándose durante años. que sus suelos se inclinen o sus paredes se agrieten y los vecinos lo vean. Pero como los arreglos valen dinero, y de eso no hay, se deja correr la cosa por ellos o por los dueños, en la confianza de que no pasará nada. Hasta que una noche pasa.

No debería de pasar.

Así que cuando sale el concejal de turno diciendo que no se conocía ningún problema, que no había denuncia y otras excusas de manual y luego políticos de alto rango acuden al funeral y todo el mundo se lamenta, no puedo evitar pensar en el pecado de omisión. Ya saben: “Para romper nuestra relación con Dios no es necesario hacer el mal (quitar el pan), basta con no hacer el bien”.

Seguro que en España, en los barrios de la clase obrera a la que se dice proteger, hay miles de casas, más que probable cientos de miles, quejándose en silencio mientras los regidores del municipio miran hacia otro lado. El otro lado, además, lo hemos visto en el Plan E fase I, o sea nuevos bordillos y palmeras, parques y jardines, muchos de ellos no precisamente en los barrios de esa clase obrera. Porque lo que creen que da votos son las obras lustrosas y visibles, que además son las que más gustan a los contratistas. Obras nuevas y limpitas, no tener que meterse entre la mugre de las casas viejas.

Me he mirado la página de la Federación Española de Municipios y Provincias -FEMP-, cuyo presidente, Pedro Castro, pinta como que debería ser el primer defensor de estas políticas de re-generación urbana y de los barrios de las clases trabajadoras. Pues bien, la página 13 de la Guía de Uso del “Fondo Estatal para el Empleo y la Sostenibilidad Local 2010” -el Plan E fase II-, que relaciona las actuaciones a financiar, ni toca este asunto. Suena todo muy tecnológico, mucho sobre eficiencia energética, servicios culturales y deportivos y demás. Y los carteles se pueden reutilizar, lo que ya demuestra una inclinación al ahorro… Muy bonito todo. Pero mientras se caiga una casa, todo lo demás sobra.

De este dichoso Plan E el ÚNICO dinero que encontraría justificado sería una iniciativa en la que ayuntamientos y colegios de arquitectos organizaran una actuación censal seria sobre el estado de nuestras casas y barrios antiguos señalando y clasificando los riesgos. Y a ello debería seguir una fase II del mismo que pusiese remedios con imaginación, aplicando el criterio de celeridad y eliminando la pesada burocracia municipal. En Mallorca también, en diciembre de 2008, se derrumbó un hotel en obras y mató a cuatro obreros. El ayuntamiento adujo que la obra no tenía licencia y que “pese a los repetidos requerimientos la obra no se había detenido”. Allí trabajaban 80 obreros. ¿Entienden ya lo de burocracia?.

Y para el que quiera algo de lectura extensa sobre el tema, aquí va un documento elocuente del Justicia de Aragón -defensor del pueblo-: http://www.eljusticiadearagon.com/gestor/ficheros/_n000540_3083610R.pdf

Así que tenemos una triple paradoja:

1. Que habiendo tantos técnicos para llevar a cabo estos trabajos haya tanto por hacer.
2. Que los arquitectos estén tan capacitados y sin embargo estén ahora pasando apuros.
3. Que gastándose tanto dinero en construcción superflua, se caigan casas. Mientras anoche yo tecleaba se caía otra casa en Tarragona, en la que por un milagro compensatorio esta vez no ha muerto nadie.

No sigo, porque se me está subiendo la bilirrubina, así que aquí va Sibelius de despedida. En memoria de las víctimas de Palma:

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