Si soy sincero hice la ruta al revés. Regresábamos de visitar a una de mis hermanas y el aeropuerto de Bologna estaba cerrado. Niebla padana, así que nos metieron a todos en un autobús y nos llevaron al aeropuerto de Pisa. Y sigo un poco en la niebla en cuanto a temas educativos, porque llevo en eso unos años sabáticos gracias a que mis hijos han terminado su educación formal y mi nieta aún no ha iniciado la suya. Así que me he podido desentender un tiempo de leyes cambiantes y asignaturas polémicas.

Pero el enfoque económico del asunto sí que me interesa. El otro día escuché que la mayoría tenemos la idea de que los efectos de la educación son muy de largo plazo. Quien hablaba decía que, por el contrario, un gran esfuerzo por la educación debería surtir efecto sobre la sociedad en un período relativamente corto, del entorno de cinco años, si se actúa sobre el segmento adecuado, sobre todo los jóvenes de bachillerato y universidad. Estoy dispuesto a creérmelo, aunque lo que veo más complicado es convencer a estos chicos de cambiar de marcha cuando ya se han acostumbrado a lo bueno. El problema no es ya ofrecer educación, sino estar dispuesto a recibirla.

El Informe Pisa es devastador para España. Y creo demostrable que entre la mala posición de los estudiantes en el Informe Pisa y el número de desempleados jóvenes existe una correlación. En cuanto al Proceso de Bolonia confieso mi distancia con respecto a los detalles y su polémica. Pero sí que puedo constatar que cuando hace dos o tres años analicé por encima, en relación con el denominado Plan Revita, las cifras de graduados y post-graduados de las universidades de Sevilla, Burdeos y Bristol, lo que asoma de la universidad española es más masificación que excelencia. Nos hace falta más excelencia, a todos los niveles.

Tal vez uno de los beneficios de esta crisis sea trabajar más con los jóvenes sobre la cultura del esfuerzo, lo que siempre es más fácil cuando las cosas en la calle están difíciles. En 1990 me cayó en las manos una edición especial de la revista Newsweek: The 21st Century Family. Así que como me la guardé, hoy no me hace falta más que reproducir dos o tres de mis subrayados de entonces para ilustrar esta idea:

• En los años setenta los sociólogos americanos avisaron de que los jóvenes estaban convirtiéndose en consumidores expertos mucho antes de aprender a cómo producir.
• Horas de ver televisión y escuchar música (Internet y el chat no eran parte de esta historia en 1990) han creado una población estudiantil pasiva. La habilidad de crecer de la pasividad a la actividad es un paso fundamental de la infancia a la edad adulta.
• En esencia, es una cuestión de valores culturales. Lo que los jóvenes ven como deseable en los medios de comunicación y en los centros comerciales son sobre todo los valores que los adultos promovemos: consumismo, narcisismo y la gratificación inmediata del deseo.

Un profesor de desarrollo humano citado por Newsweek (1990) se refiere al extraordinario éxito académico de los estudiantes asiáticos en Estados Unidos, especialmente los hijos de familias pobres: They are walking away with the fellowships. Why? Because they come from cultures which have strong family systems where the notions of activity, responsibility and work are values.

Lucy Kellaway, columnista del Financial Times (2009): en la ceremonia –de entrega de premios del colegio de su hijo-, me di cuenta de que la mayoría de los premios académicos los ganaban niños chinos e indios… los chicos asiáticos se merecían mejores resultados que mis hijos porque se esfuerzan más. Es una realidad cultural, sus padres les obligan a esforzarse más de lo que yo lo hago con mi hijo…

Veinte años, la misma historia.

Así que los padres y las madres, y algún abuelo, tienen que convencer a la panda, lo que probablemente significa subir la prioridad en casa de los estudios y asumir algún que otro berrinche. Cuando veo a cuarenta chavales en una pista de patinaje a las once de la mañana de un día lectivo, o cuando veo a tres niñas de uniforme sentadas a las mismas horas en el suelo de la calle, fumando, pienso que queda trabajo.

A lo mejor suena duro, pero con la excusa de la crisis yo empezaría por vaciarles los bolsillos, a ver qué pasa…

Y para ayudar a los mayores a entender todo esto, aquí va este clip, que con ¡52 millones de visionados! algo debe tener. Les prometo que lo estoy buscando (yo no tengo hijos de 15 años que me ayuden…)

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