Cierto día entré a visitar a un cliente en una fábrica de muebles cerca de Valencia. En el despacho del dueño, dentro, había una vieja Montesa.

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Como me llamó la atención como objeto de decoración, le pregunté el por qué esa forma de aparcar. Me contó que la moto estaba ahí porque cuando su hermano y él empezaron con el negocio años atrás, para comprar las primeras herramientas habían tenido que vender su moto, que la tenían a medias. Y luego, cuando prosperaron (cuando yo les visité tenían más de 100 operarios), consiguieron localizar la moto, que aún rodaba, la re-compraron y le hicieron el homenaje de compartir despacho con ellos.

Supongo que hay historias así en muchos sitios, pequeños empresarios que se sacrifican en sus inicios, pasan estrecheces, trabajan horas largas y al final les va bien. No se me oculta que otros también se sacrifican, pasan estrecheces, trabajan largas horas y a veces no les va bien. Son las cosas de los negocios, del tino para tomar las decisiones correctas en el momento correcto, de ser austero y, sin duda, de tener buenas ideas.

Hace seis o siete años pude escuchar a Jack Welch en una conferencia, ya retirado de la presidencia de General Electric. Mientras él dirigió esa compañía llegó a tener más de 450.000 empleados. Uno de los asistentes le preguntó cuál era el secreto para tener un negocio exitoso. Dijo varias cosas de las que me quedé con un par en las que creo que tenía razón: la primera, que es esencial conocer a tu gente, a tus empleados. Medio en broma dijo que él en su compañía no había podido, pero que “si hubiera tenido una pequeña compañía de dos mil empleados o así, los hubiera saludado a todos por su nombre”. Yo creo en eso y siempre he admirado a los jefes que tratan a sus empleados como personas, uno a uno, y creo que ello es un factor de éxito.

La segunda cosa que dijo es que para empezar un buen negocio, es esencial una buena idea. Hay que tener una buena idea. ¡El problema es cómo saber si la idea es buena si todavía no la has probado! Aquí aclaró que la ventaja con la que contaba GE es que se podían permitir probar muchas ideas y las pocas que funcionaban pagaban por las muchas que fallaban. Y yo creo que en la economía en general pasa lo mismo. Para que algunos negocios funcionen, otros tienen que fallar. Por eso hay que estimular a los jóvenes, y a los no jóvenes, a probar y no estigmatizar al que falla, que tiene el mérito de haberlo intentado.

Y es aquí donde el dinero público yo creo que tiene un papel, al menos en estos momentos tan turbados. Llevo unos días escuchando ruido sobre la empresa Isofotón, que como muchas parece que se plantea una reducción de plantilla. La diferencia con otras es que aquí la Junta de Andalucía ha metido unos millones y las cajas andaluzas, o sea lo mismo, otros tantos. Yo creo, y me perdonarán los responsables de los desembolsos, que les han vendido una moto. Una moto grande. El sector fotovoltaico, en mi opinión, burbujea. Está sostenido por el deseo del gobierno de demostrar lo ecológicos que somos y algunas empresas o inversores han visto una ocasión magnífica de dinero fácil -buena rentabilidad, mínimo riesgo-. Bueno, ya no tan fácil. A un coste que me da la impresión que el país no se puede permitir (lean sobre el déficit de tarifa los que tengan interés). Si ya la electricidad fotovoltaica cuesta 6 veces más que la convencional, ¿no es suficiente subvención? Ahora resulta que la moto es cara y gasta mucho. O sea despidos. Y nos quejamos.

Tal vez hubiera sido preferible, en lugar de comprar una Harley Screamin’ Eagle Ultra…

Harley-Davidson CVO Screamin' Eagle Ultra

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comprar cien vespinos…

Vespino GL

y ayudar a otras tantas empresas (a base de capital-riesgo bien gestionado, no capital-riesgo-pelotazo), que seguro que unas cuantas tenían éxito, aunque algunas fallasen. Y a lo mejor luego hasta nos compraban el vespino de vuelta cuando les fuese bien. En la política y en las finanzas, y en el inmobiliario, nos han hecho daño los delirios de grandeza. A partir de ahora, para salir del agujero son las pymes las que nos tienen que echar la cuerda.

Y recomiendo a todos, incluidos políticos y bancos, y a los inmobiliarios que lleguen a tiempo, la lectura de Small is Beautiful, de E.F. Schumacher, un interesante tratado sobre el consumismo y la producción descentralizada. No hace falta ser budista para darse cuenta de que bastantes de las cosas que dice tienen sentido.

(…este post va para mis amigos moteros Rubén Muñoz, Luis de Castro y Carlos Mata)

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