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Iba a titular este artículo “La Isla de la Desolación” por utilizar una parte del argumento del libro de Patrick O’Brian, pero luego he pensado que bastante desolación hay ahí fuera para encima andar hurgando en la herida.

Así que en su lugar he preferido usar el passacalle de Boccherini del final de la película Master and Commander. Este pequeño quintettino para cuerda de 1780 inspira todo lo contrario a desolación: alegría, bienestar, serenidad, confianza, esperanza… Mucho de lo que nos está haciendo falta a los españoles en estos primeros días del 2009. ¡Que nos ayuden a subir la moral!

«Navegué en la fragata Leopard a las órdenes de Jack Aubrey, a principios del siglo XIX. Hacia la Antártida nos empujó la batalla contra un barco holandés mejor armado que nosotros y, medio desarbolados, chocamos contra un iceberg que nos abrió una seria vía de agua bajo la línea de flotación. Días de agobio y división, pero nuestro capitán conservó la calma, nos contó lo difícil de nuestra situación y su mayor preocupación fue mantener siempre el rumbo para llevarnos a un puerto seguro. Al tiempo que nos hacía achicar agua al menos tan deprisa como entraba en el barco, día y noche. Entonces entendí la insistencia en que los oficiales aprendieran a manejar el sextante con pericia y la vigilancia constante del nivel de agua en la sentina. ¡Acabamos exhaustos, pero nos salvamos! Y tengo suerte de estarlo contando…»

En España tenemos hoy un problema: sólo achicamos agua. El capitán no sabe qué rumbo tomar para llegar a puerto y reparar los daños. Y como no sabe, él y sus oficiales se han puesto también a achicar agua con los marineros y han abandonado el sextante (o GPS) y el timón. Y así estamos, cada día más cansados y sin saber adónde vamos. Las mujeres y los niños primero…

Como marinero raso, mientras achico agua por la noche, pienso en las cosas que el capitán tendría que resolver, si no quiere que le monten el Mutiny on the Bounty:

1. Trabajo: liberalizar el mercado de trabajo y abaratar costes sociales, única manera de que las empresas aumenten las contrataciones.
2. Agua: conseguir el equilibrio hidrográfico de España, con criterios estrictamente técnicos y económicos, por encima de intereses nacionalistas.
3. Energía: mejorar la independencia energética. El lobo de Gazprom ha enseñado las orejas. Hay otros lobos. La energía nuclear es la única defensa.
4. Educación: exigir rendimiento, formar profesorado, invertir, aumentar titulados técnicos, mejorar la formación profesional de grados bajo y medio. Impulsar la enseñanza del inglés.
5. Burocracia: reducir los trámites para todo, especialmente para la formación de empresas.
6. Administración pública: reducir el peso de la administración pública y el número de funcionarios. Replantear el sistema autonómico. Eliminar o privatizar televisiones y otras empresas públicas.
7. Inversión del estado: en proyectos de efecto multiplicador, apuesta decidida por el tráfico ferroviario de mercancías, puertos, distribución de agua, energía e internacionalización.
8. Tecnología: mejorar la infraestructura tecnológica de la administración en áreas como la justicia y la sanidad. Obligar a mejorar la entrega de banda ancha. Formación para empresas y particulares.
9. Fiscalidad: conseguido el adelgazamiento de la administración pública y de la burocracia, reducción de impuestos y costes sociales para empresas y familias.
10. Pensiones: asegurar las pensiones para las personas más desfavorecidas, iniciar un sistema de capitalización complementario al actual de reparto, mejorar la fiscalidad de las pensiones privadas.
11. Finanzas: mejorar el acceso al crédito para familias y empresas. Incentivos para la financiación de proyectos innovadores o exportadores. Planificar el desapalancamiento externo del sistema financiero. Despolitizar y cambiar el régimen jurídico de las cajas de ahorros. Mejorar la supervisión de los mercados.
12. Inmobiliario: ampliar el mercado de alquiler de inmuebles modificando la ley de arrendamientos para incentivar a los propietarios. Replantear el urbanismo para abaratar el precio del suelo y proteger el medio ambiente.

Convénzame el capitán de que está dispuesto a enfrentarse a todas estas cosas y alguna más que seguro me estoy dejando. Póngame plazo. Soy un marinero viejo, pero si estoy convencido de que sabe el rumbo estoy dispuesto a seguir dando vueltas al torno de la bomba de achique mientras me queden fuerzas. Y si no me convence… bueno pues si no me convence, me quedan dos salidas, conseguir una balsa y tirarme por la borda, o invitar a que hagamos lo mismo con el capitán y los oficiales…

Si no achicas agua, te hundes. Pero si no sabes hacia dónde navegas, no puedes llegar a puerto y más pronto o más tarde te ahogas.

Mientras tanto, aquí va el passacalle, a ver si ayuda algo a dejar atrás la tormenta.

William: ¡beat to quarters!

En Busca del Fuego (1982) es una de esas películas que no pierden interés con el paso de los años. Jean Jacques Annaud, junto con Desmond Morris (El Mono Desnudo) y Anthony Burgess (La Naranja Mecánica) que le ayudaron a a estructurar el lenguaje de la película, desarrollaron, salvo por un cierto anacronismo, una historia creíble del paleolítico, sobre el enfrentamiento de Homo Sapiens y Neanderthales, con el afán sobre todo de disponer de fuego, base de la supervivencia de la época. ¡Lo que hubieran dado por un encendedor Bic…!

Ochenta o cien mil años cinematográficos más tarde, ya tenemos afortunadamente resuelto lo del fuego. Ahora nos queda lo del agua… Sapiens y Neanderthales siguen sin entenderse, cosas del lenguaje.

Agua y erosión, poco de lo uno o mucho de la otra, y la consiguiente desertización de una parte importante de nuestro territorio, están entre las cuestiones de más calado en el desarrollo económico a largo plazo de nuestro país. Estamos tan preocupados por el corto plazo, que estas cosas de tránsito secular nos dejan un poco indiferentes. Nos acordamos del cambio climático cuando nos muestran imágenes de algún iceberg gigante desprendido de las zonas polares o nos visita Al Gore. O cuando nos tocan el bolsillo, porque de repente nos cuentan que la emisión de CO2 en España ha crecido un 50% desde 1990 y como consecuencia tenemos que comprar derechos de emisión para compensar nuestros excesos. ¿No éramos nosotros del bando ecologista?

No es fácil hablar de agua ni de química o dinámica de suelos. Lo primero, desgraciadamente, se ha convertido en un tema esencialmente político, ante lo que al ciudadano medio está impotente. Lo segundo está limitado a ingenieros agrónomos o forestales y científicos varios. En la práctica, 80.000 km2 del territorio español, incluyendo grandes zonas de Alicante, Murcia, Almería o Las Palmas, tienen riesgo alto o muy alto de desertización. No hay más que mirar por la ventanilla cuando vamos a la playa para darnos cuenta.

Intuyo que si trabajásemos para mejorar la distribución del agua y frenar la destrucción de suelos de nuestros montes y la desertización amenazante, nuestra economía mejoraría en el largo plazo y probablemente no tendríamos que recurrir a la hipocresía de comprar derechos de emisión. Pero como digo, eso son políticas de largo plazo, que a pocos interesan. ¿Cuántos españoles, incluidas administraciones regionales y locales, conocen las obligaciones y posibilidades del Plan Forestal Español 2002-2032? ¿Alguien ha oído hablar del PAND, Programa de Acción Nacional contra la Desertificación? “La historia demuestra que las crisis pueden ofrecer enormes oportunidades estratégicas”. ¿Será el momento de mirar a nuestros montes y campos?

Las tierras arables en España han disminuido un 12% en veinticinco años. Los pueblos se vacían. España ha visto reducida su fuerza laboral agrícola a poco más de un millón de personas, cubriendo las necesidades de mano de obra con marroquíes, subsaharianos y latinoamericanos. Se está abusando del cultivo bajo plástico y las grandes fincas de olivo y viña en pendientes excesivas han hecho un daño que hay que detener. Francia ha reducido su población rural todavía más y hoy ocupamos casi un 50% más de personas en el campo que nuestros vecinos. Y sin embargo Francia exporta productos agropecuarios por el doble de valor que el de España. Ello quiere decir que la productividad agropecuaria de España, por no ser excepción, tampoco debe ser buena. Pero también debe querer decir que podríamos ser capaces de mejorarla. Ello sólo se conseguirá con una decidida actuación de vuelta y apoyo al medio rural, que las autoridades harían bien en fomentar.

El proceso de urbanización y la creciente concentración de nuestros problemas e inquietudes en el medio urbano, en la congestión de tráfico, las emisiones de CO2, la carestía de la vivienda, no debería hacer perder de vista las oportunidades que habrá que encontrar lejos de la ciudad. Y de rebote deberíamos mejorar los problemas de erosión y desertización si sabemos y queremos reconstruir el equilibrio clima-suelo-vegetación-hombre. Sobra espacio. Falta agua.

Porque si no lo hacemos, yo creo que mirando a España como miramos hoy a aquellos Homos Sapiens del principio, dentro de unos cuantos miles de años unos arqueólogos excavarán y encontrarán nuestras necrópolis y de ahí intentarán deducir como vivíamos los Homos Urbanus de aquel desierto. Aunque me hace sonreír por anticipado lo que les va a costar entender lo de las placas solares encima de los nichos…

P.S. Ya están los japoneses copiándonos las ideas…:

opinion_13_japon_japon_parados_trabajar_campo.html

¿Cree usted que España se beneficiaría de una mejor distribución del agua?
( polls)

Anuns brescia lavoro part time
lavoro a brescia

“Vivo sin vivir en mí”, “La canción del pirata”, Santa Teresa de Ávila, Espronceda… Pegatinas poéticas que en un panel lateral intentan capturar algún lector. Voy a trabajar en metro. Frente a mí, un viajero –ya no un niño- está absorto con sus auriculares y videoconsola portátil. A mi lado alguien estudia el Marca: “parece que la rodilla de Van Nilstelrooy está empezando a sentir el paso de los años…” Otro hojea en un diario gratuito las desgracias de discoteca. Yo leo sobre Sacyr, Martinsa, Habitat y otros macrolíos, pero me parece que la realidad está más en este vagón que en el periódico.

Hace un rato me he pasado el desayuno zapeando en la televisión de la cocina, intentado conseguir, sin éxito, que violencia doméstica, apuñalamientos nocturnos y palabras de políticos de paso me permitiesen tomar el café con leche y tostadas en paz. Mientras tanto le echaba un vistazo al periódico de ayer: “Minuto de oro” de la televisión: Gran Hermano / Telecinco, 23.26 h, 5.984.000 espectadores, share 34,60%.

28% de paro juvenil, 30% de fracaso escolar…Un día de la vida de España.
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Anoche cenó nuestro presidente en la Casa Blanca. La verdad es que siempre que escucho sobre estos encuentros gastronómicos multilaterales me pregunto cómo se entienden unos con otros, porque no veo apuntadores fugaces entre silla y silla traduciéndole a cada comensal cosas tan necesarias como “pass me another chop”, por “pásame otra chuleta” o, aquí entre gourmets, indicando qué hacer si el vecino te dice “pass me some more thyme-roasted rack of lamb with tomato, fennel and eggplant fondue Chanterelle jus”. Las deben haber pasado canutas los pobres para entenderse. (http://gourmetfood.about.com).

Al Sr. Zapatero le tocó sentarse entre la Sra. Merkel, primera ministra de Alemania y el Sr. Wouter Bos, ministro de finanzas de Holanda. La Sra. Merkel habla, además de su idioma, inglés y ruso fluidos, y el Sr. Bos no sé qué hablará aparte de holandés, pero habiendo trabajado diez años para la Shell antes de dedicarse a la política, en sitios como Rumania, Hong Kong o Corea, tengo la razonable sospecha de que habla inglés perfecto. Lo deduzco además porque también es mejor que regular el inglés que hablan los taxistas de Ámsterdam. Por ello confío en que, pese a todo, nuestro presidente y sus colegas se hayan entendido y hayan lucubrado soluciones a nuestros problemas entre chuleta y chuleta (entre chop and chop, ésta es fácil).

Ahora en serio, ya he dicho que no me gusta hablar de Política. Realmente mi alusión al idioma va más por la Economía. Porque tengo la certeza de que estamos en el umbral de una etapa en la que España, ahora ya sí, va a tener que volcarse al exterior. Sigo bastante a los holandeses, no ya porque mi empresa se llame Tulipp y nos dediquemos a la subasta holandesa de inmuebles, sino porque creo que es de admirar su forma de entender el negocio internacional, siempre vendiendo fuera, con el inglés como una parte esencial de su armamento comercial. Ello ha redundado, sin duda, en que Holanda tenga un PIB per capita un 30% más alto que el de España, y no sé qué pasará con esa brecha según nos vaya aquí con el inmobiliario.

Y a propósito de almuerzos, hace unos años asistí a uno del foro entonces llamado “Asociación para el Plan Estratégico Barcelona 2000”. Objetivo de la reunión: atraer inversiones extranjeras a Cataluña. Gente muy interesante, presidentes de Seat, Puig, Freixenet y así, con autorizada visión de los negocios. Y todo en catalán. A mi lado se sentaban dos personas del Irish Marketing Board que no se enteraron de nada. Cuando reclamaron su falta de entendimiento, se les respondió, por uno de los presidentes citados, que “Holanda era uno de los países que recibía más inversión extranjera y en Holanda se hablaba holandés”. A lo que naturalmente los irlandeses comentaron que si ese almuerzo, y más con ese fin, hubiera ocurrido en Holanda, la discusión habría sido en inglés. ¿Serán aquellos polvos los que están trayendo estos lodos? No parece que en el tema idiomático entiendan en Cataluña su propio dicho, de que “la pela es la pela”, que no sé cómo se dice en holandés.

Conclusiones:


En cuanto a la cena de la Casa Blanca, no me siento capaz de opinar sobre qué va a salir de ello, pero la verdad, si me dan a elegir, ¡que me manden para acá unas chuletas y firmo!

Y en cuanto al idioma inglés, que es a lo que voy, para entendernos con nuestros colegas del mundo mundial, y no digamos para influir, hay que hablar, no sólo hablar, dominar, la lingua franca del siglo XXI. Y para entendernos con nuestros clientes internacionales, lo mismo. Y parte de nuestros problemas con la exportación insuficiente, parece una tontería, vienen de ahí. Y en el inmobiliario, que es mi tema, también. Yo creo que no salimos suficiente a vender fuera, no ya porque no queremos o podemos, sino porque, en cuanto a idioma, no sabemos. Ya lo he dicho antes, get on with it, guys!

En las Navidades de 1955, los Reyes Magos (que son los papás, ahora que no nos oyen los peques), me trajeron de regalo un tren eléctrico, alemán. Pero se ve que estos señores deben entender más de camellos que de trenes, porque no se les ocurrió idea más peregrina que dejarme una caja con locomotora y vagones y ¡sin vías! O sea que me trajeron la parte de RENFE pero no la de Adif. Naturalmente pillé un berrinche que todavía me acuerdo cincuenta años después y sólo se calmó la cosa cuando al día siguiente pudimos ir a la tienda, confesarme mi padre que el culpable era él y no los Reyes Magos y traerme a casa lo necesario para conseguir montar el material rodante en sus vías y que aquello funcionase.

 

Aún hoy conservo el tren, que he sabido resguardar de las hordas filiales y ello me obliga a confesar que tengo una particular debilidad por los trenes, de juguete y grandes. Lo que es una de las razones por lo que hace cuarenta años que sigo las noticias de CAFConstrucciones y Auxiliar de Ferrocarriles– (www.caf.net) con más interés que las de otras empresas. Y anteayer me topé con su nombre en el Herald Tribune, en un artículo a página casi completa sobre el retorno del tranvía a las ciudades americanas.

 

CAF, que es una empresa original de Beasain, en Guipúzcoa, que a su vez es un pueblito de 13.000 habitantes, es un líder mundial en la fabricación y mantenimiento de material ferroviario: locomotoras y vagones, tranvías, alta velocidad y todas las variantes de vehículos sobre ruedas de hierro, que se codea habitualmente en los contratos internacionales con gigantes como Siemens o Alstom, compitiendo con ellos por los proyectos “de tú a tú”.

 

Ese cartelito de CAF que muchos vemos en nuestros vagones de metro o tren en España, también luce en vagones de metro o tren desde el Heathrow Express a Washington, Argel, Roma, México, Turquía, Brasil, Finlandia, Hungría y un sinfín de sitios más. Y para ello cuentan con fábricas e instalaciones en media docena de países.

 

Ahora que tanto se habla de que España tiene que cambiar su modelo económico, con la exportación como asignatura improrrogable, muchos deberían mirar a empresas como ésta en busca de inspiración y ejemplo: líderes en su sector, con una envidiable cartera de pedidos, creando empleo y competitivos a nivel internacional. España necesita, urgentemente, más empresas que hagan las cosas como esta gente. A ver si así vamos acabando con tanto berrinche doméstico porque crece el desempleo.

 

Exculpación anticipada: No conozco personalmente a ningún directivo ni empleado de esta empresa, ni soy, en este momento, accionista, ni tengo ninguna relación de negocio con la misma. Simplemente me complace oír y contar que les va bien. Y que los alemanes exportan trenes de juguete, pero nosotros exportamos de los de verdad. Bueno ellos también, pero da lo mismo, competimos en igualdad.

Supongo que muchos de los españoles de a pie nos estaremos preguntando qué podemos hacer ante una situación de crisis económica cada vez más real o cercana, cuando muchos de los términos incluidos en las explicaciones son difíciles de entender incluso para personas de cierta cultura económica financiera. Probablemente un muy elevado porcentaje de la población no sabe quiénes son esos “Hermanos Leman” que han quebrado al otro lado del Atlántico y no digamos si pedimos que expliquen en qué consiste un credit default swap.

Así que, en términos económicos o comerciales tal vez sea bueno utilizar algún ejemplo sencillo para orientarnos. Me acuerdo del “sillero de Aielo”, de cuando yo  trabajaba en una sucursal del Banco de Bilbao en Xátiva, en Valencia. Aielo de Malferit es un pueblo que me tocaba visitar en mi ruta comercial de cada semana en busca de nuevos clientes, y aquel hombre, que tenía una fabriquita de sillas de anea, de las de toda la vida, abrió una cuenta con nosotros. Por esa relación supe un poco de su ocupación, que no he olvidado en los más de treinta años trascurridos.

Tenía el sillero un pequeño local en el que trabajaba él mismo con otros dos operarios fabricando estructuras de sillas sin parar, a las que luego mujeres y chicos en sus propias casas en el pueblo les montaban un asiento de anea tejida. No tenía almacén. Recogía las sillas terminadas directamente de las casas del pueblo con un camioncito, pagaba la mano de obra y el viernes de cada semana se marchaba al sur de Francia con el mismo camioncito, a vender sus sillas. El domingo por la tarde regresaba y el lunes vuelta a empezar. Creo yo que en esta pequeña historia se esconden varias enseñanzas, que en mi condición de profesional del sector inmobiliario me parece útil trasponer al mismo.

Habrá que salir a vender. Simple. No nos van a venir a comprar. El sector residencial de costa, en particular, se ha acomodado dentro de una estructura productiva en la que se ha reservado la construcción pero ha cedido mayoritariamente la comercialización, normalmente a agentes extranjeros, que eran quienes nos traían a los clientes. Hemos perdido la costumbre de vender nosotros mismos. Habrá que salir a hacerlo.

Habrá que agruparse y que cada uno aporte lo que mejor sepa hacer, siempre pensando en la comercialización. Los españoles nos caracterizamos, lamentablemente, por la baja inclinación a asociarnos frente a retos comunes. La comercialización internacional está pidiendo a gritos una gran alianza para defender aspectos, como nuestra imagen internacional como país de acogida de turismo, que son imposibles de defender a nivel individual.

Habrá que trabajar más. Es duro, pero imprescindible. Cuando escucho a empresas y asociaciones pidiendo más ayuda del sector público para resolver sus problemas, no puedo evitar pensar que incluso cuando esas ayudas se produzcan no dejarán de ser, en castizo, “pan para hoy y hambre para mañana”. El verdadero reto del sector, a medio y largo plazo, no es la supervivencia financiera, sino recuperar para nuestros clientes el “Value for Money” anglosajón, para el que no encuentro un mejor término castellano y que no es una entelequia inasible.

Así que, como las casas no se pueden subir a un camión (bueno sí se puede pero sólo lo hacen los americanos con casas de madera y debe salir caro), para mi la lección integral del sillero de Aielo es que los promotores de producto costero (y los bancos o cajas que les financian), tienen mucho trabajo, que deben asociarse para atacar problemas comunes y que Europa, pese a todo, es quien únicamente puede resolver nuestra situación.

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