Sólo para urgencias, chicas

Cuando tenía 14 ó 15 años me pasaba yo las vacaciones de verano, más de tres meses, yendo a la playa todos los días. Bañador, chanclas y una toalla a rayas constituían todo mi equipo de supervivencia. Ni dinero, ni agua, ni nevera portátil, ni sombrilla, nada. Y por supuesto ni crema de protección solar factor 50, que desconocía yo entonces eso de los rayos ultravioleta y a lo más que llegaba mi protección era a ponerme un sombrero de paja.

Tardé treinta y tantos años en arrepentirme de mi ignorancia. Los varios dermatólogos, y dermatólogas, a los que he acudido, al tiempo que me rebanaban trocitos de piel de mi espalda o cuero (no) cabelludo, me hacían la misma pregunta con reiteración: ¿usted tomó mucho el sol de joven, verdad? La piel tiene “memoria” y es una de las muestras más visibles del poco cuidado por nuestro cuerpo del que buena parte de los humanos hacemos gala a lo largo de nuestra inconsciente vida. Sol (¡ay el moreno!), sal (¿un huevo frito sin sal?), tabaco (¡qué buenos los Romeo y Julieta Churchill!), azúcar (¡los donuts!), alcohol (shaken, not stirred), grasa (¡más chuletas y menos servilletas!) y bueno… así regularmente hasta que empezamos a oír unos ruiditos sospechosos en el motor.

Cada vez somos más viejos y viejas en España (5.827.561 >70 años en 2009, +23,24% desde el 2000), que hacemos un uso creciente de ungüentos, colutorios, y potingues varios que nuestro maltrecho cuerpo demanda adicionalmente a las pastillas, inyectables o jarabes medicamentosos (936 millones de recetas del SNS, de las que 659 millones a pensionistas, en 2009). Ya el 2008 superábamos en gasto sanitario a la UE (9% del PIB, frente al 8,4% de la UE-15). Ese concepto de gasto ha crecido un 64,67% entre 2000 y 2009, 42,66% si es en gasto per cápita, siempre en euros constantes.

No quiero seguir agobiándoles con cifras. Bueno… una más, hemos pasado de 14,7 a 20 recetas por persona/año entre 2000 y 2009. O sea que cada vez tomamos más medicinas, tal vez en lugar de llevar una vida más sana.

El volumen de nuestro gasto sanitario, cuando tan necesario es el ahorro, y el impacto social de los recortes de servicios que se están produciendo o se anuncian, exigen que nuestros gobernantes afronten esta cuestión con inteligencia, imaginación y sin pre-condiciones, desde el cheque-servicio de los suecos, hasta el aumento en la proporción de genéricos, la unificación de compras, la gestión de la farmacia hospitalaria o de la gestión informática de cada comunidad autónoma. A ver si se les ocurre algo mejor que, simplemente, no pagar.

P.S. Llevo algunas semanas sin escribir y tengo un poco oxidados los dedos. Pero ya no quería seguir sin salir a mar abierto, que al final me iba a hundir aquí, junto al muelle.

P.S.2. Sobre lo de la gestión informática de los servicios de salud de las comunidades autónomas: me he metido en las páginas web de cita previa de Andalucía, Murcia y la Comunidad Valenciana. No me hace falta mirar las 17 autonomías para saber que, obviamente, son cada una de su padre y de su madre. La verdad es que en esto de las autonomías clama al cielo que cada una haya inventado la rueda para servicios idénticos. Y así en todo.

P.S.3 He empezado a escribir pensando, como mucha gente, que las farmacias “se están forrando”. Pero la verdad es que me he leído el documento sobre el gasto farmacéutico de la Sra. Carmen Peña López, Presidenta del Consejo Superior de Colegios Farmacéuticos, y me he quedado bastante convencido de que el problema no está en las boticas.

P.S.4 Me tranquiliza que la Sra. Leire Pajín sea la responsable de solucionar esto.

Pero bueno, por si acaso, me voy a la piscina a hacer unos largos, a ver si me ahorro, nos ahorramos, unas recetas en el futuro.

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