Hoy he tenido un breve paso por el quirófano para una pequeña operación en mi cuero no cabelludo. Gracias por preocuparse, pero afortunadamente he sobrevivido. A la intervención en sí, porque en la sala de espera he pasado un rato delicado. Porque me han hecho esperar media horita o algo más y yo, que ya saben que no puedo evitar leer cualquier cosa escrita que me pongan delante, me he encontrado con que el único material legible eran dos pilas de “revistas del corazón”, con diferentes grados de atraso y manoseo. Pero bueno, he hecho de tripas corazón, corazón, y le he metido mano sucesivamente al Semana, el Cuore, Intouch, Clara, Hoy Corazón, Mía y finalmente el Hola. La verdad es que según las hojeaba hasta les he ido cogiendo el gusto. Porque he podido ver, por ejemplo, una foto de las pulseras que lleva en el tobillo Carmen Martínez Bordiu, que a “Pe” le ha salido un grano en la barbilla, a Bisbal con su nuevo bebé o las tribulaciones de Borja y Blanca (Borja Thyssen, ya saben), porque por fin han vendido la casa de Ibiza por nueve millones de euros, pero no tienen claro que les llegue para comprar su nueva casa en Madrid (dudas entre La Moraleja y no sé qué otra urbanización muy segura donde serían vecinos de CR9). Porque el último pago de la herencia del barón es de tres millones quinientos mil y no les cuadran los números. Y que la baronesa está muy preocupada por ello, aunque su nuera le cae bastante gorda. Y bueno, así un montón más de cosas interesantes y divertidas sobre la realeza, la aristocracia, futbolistas, toreros, cantantes, actores y demás fauna del famoseo mediático. Pero que el contenido engancha… engancha. Y además lo bueno es que para cuando pasas a quirófano ya estás medio dormido, así que se ahorran la mitad de la anestesia.

Pero, ahora en serio, me ha dejado intrigado esto de las revistas del corazón. Así que al llegar a casa me he metido a investigar y la verdad es que mi intriga ha pasado a preocupación. He consultado los datos de la Oficina de Justificación de la Difusión –OJD- y me he encontrado con el enorme negocio que son estas revistas y la penetración que tienen en nuestra sociedad, que asusta un poco. OJD controla 25 revistas “femeninas”, que en tirada semanal equivalente (extrapolando la mensual a semanal), suman 4.575.000 ejemplares. Un negocio que, publicidad excluida, que no sé cuánto será, debe mover 400 ó 500 millones de euros al año. Y eso es mucha anestesia.

Lo bueno de esto es que la información es totalmente inocua y no pide ninguna reflexión, en lo que reside seguramente parte de su atractivo. Lo malo, que justifica unas diferencias sociales y ensalza a una serie de gente cuyo único denominador común es disfrutar de ciertos lujos, pero en ese proceso de reducir a un común denominador, incluye a gente que se gana el pan, o el chalet en la Moraleja, con la cabeza o con las botas, pero los pone al mismo nivel que otra gente cuyo único mérito es vestir de Prada. O salir en el Vogue.

La Casa Real debería preocupase cuando una revista de esta índole le dedica a la princesa Letizia un reportaje de 22 páginas en el que entre piropo y piropo y fotos de los lujos de que disfruta, informa que “de 77 días trascurridos, 34 ha tenido actos oficiales” –lo que a mí personalmente no me parece mucho trabajar- y que por ello “es razonable que alargue sus vacaciones, pasándolas en un país del Caribe que no hemos podido averiguar”.

Estas revistas han contribuido a crear en España una “estética del poder”, vecina de la vanidad más inane, llevando a muchos políticos a un estilo personal que mete en un mismo saco, en una misma foto, el color de los pañuelos y el mérito personal. Y eso puede pasar inadvertido en momentos de bonanza o de neutralidad, pero en momentos de crisis, cuando se nos pase la anestesia, hasta puede llegar a encender alguna mecha.

P.E. Por cierto, he salido contento del hospital, no por los puntos, pero sí por ver que Harrison Ford, un tío que se lo ha currado y me cae bien, comparte conmigo dos aficiones: las linternas Maglite y los puros Romeo y Julieta Churchill. La foto del Hola en su despacho delata que en eso también somos colegas. ¡Me ha reforzado para la convalecencia!

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