Suena bien, ¿eh? Bueno pues no se hagan ilusiones, porque se trata de una publicidad de 1972… Aquel año el Banco de Bilbao arrancó con el crédito al consumo, hasta entonces desconocido en España. El máximo del crédito eran 150.000 pesetas y nos comprometíamos a abonar el importe en 3 días. El marketing hizo de este producto un bombazo desde el primer momento.

Su campaña de promoción se debió programar un fin de semana, porque de lo que sí me acuerdo es que cuando llegamos a la oficina el lunes a las 8, ya teníamos cola en la puerta. Sin ni siquiera haber tomado café, nos cayó encima una montaña de trabajo. ¡Qué forma más tonta de empezar la semana! A mi me tocó poner orden en aquella cola y organizar al menos cómo se debían rellenar las solicitudes para intentar cumplir con lo de los 3 días. Acudí a mi jefe para que me dijera cómo tratar aquella invasión y me contestó en plan socarrón: “a todo el que lleve corbata dígale que sí”. Naturalmente se corrió la voz y todos los clientes se sentaban delante mío con corbata, que además sospecho era siempre la misma. Así que la verdad no tuve mucho problema en aprobar cientos de créditos ¡instantáneamente!

Me gustó el trabajo y me he pasado unos cuantos años concediendo o denegando, o mejor dicho ayudando a conceder o denegar, créditos, cada vez un poquito más grandes, desde las 150.000 pesetas del principio a los casi 100 millones de euros. Verte envuelto en unos centenares o millares de operaciones te obliga, sin querer, a formarte tu particular opinión sobre cómo prestar dinero y sobre cómo procurar que te lo devuelvan, que es la parte difícil.

Así que ahora no puedo evitar reflexionar sobre lo que ha sucedido en estos años en el sistema bancario español y qué hacer para salir del atasco en que estamos metidos.

Creo que los errores más serios han sido: 1) Se pasó a valorar más la garantía que la confianza: error cualitativo. 2) Se permitió que, no teniendo suficientes recursos de clientes en España para sostener el crecimiento de sus préstamos, los bancos se endeudaran fuera, en exceso: error cuantitativo. 3) En el crédito promotor se aplicó la regla de la corbata. ¡Nos dijeron que valía, pero para 150.000 pesetas, no para 150 millones de euros!: error… de bulto.

Los tres errores necesitan remedio:

En cuanto a la garantía y la confianza, desde mi humildad, colegas bancarios. La banca tiene que aprender a prestar mejor. Cuando un ordenador dice sí o no en base a un credit scoring o un certificado de tasación, se quedan fuera intangibles que ahora va a ser necesario valorar. Porque para apoyar a las pymes y a los nuevos negocios la decisión de prestar tiene que poner la garantía en segundo término –lo que no significa obviarla-. Y mucho me temo que las entidades todavía no tienen clara esta idea y que una gran parte de sus directores de oficina no están entrenados para ese tipo de análisis crediticio.

En cuanto al endeudamiento exterior, se trata del hueso más duro de roer. Mi predicción es que en los próximos años veremos reducirse el total de crédito aportado por la banca a la economía española, ya que no creo que seamos capaces de sustituir todos los vencimientos de deuda que tienen los bancos con nueva deuda. Y puesta a bajar volumen, parece lógico pensar que la banca va a ir reduciendo su exposición al sector inmobiliario, que es el que más liquidez le consume, sin remisión. De momento no veo salida. Y la banca no solamente hará esto por su propia cuenta, sino que además debería ser animada a re-estructurar su cartera destinando menos recursos a la vivienda y más al inmobiliario productivo (oficinas, industrial) y a la financiación de empresas y proyectos de otros sectores. Duro para el sector promotor residencial y para los que necesitan vivienda, pero imprescindible para la economía española. Lo primero es lo primero.

Y en cuanto a lo de los créditos muchi-millonarios, espero que la banca aprenderá la lección de que, entre dar a un señor con una bonita corbata un crédito de 10 millones de euros para comprar un solar que suena como que es un estupendo negocio, pero un único negocio, y dar cien créditos de 100.000 euros a cien empresarios que les planteen negocios sensatos, lo último es lo más razonable. Y de largo lo mejor para el país.

Hasta podría decirles que una corbata puede ser muy elegante, pero también sirve para ahorcarse, o si me pongo en plan Soprano, para que te ahorquen…

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